Un sillón frente al hogar

Sergio Somalo San Rodrigo

Etiqueta: Escritura

Personajes: Conflicto externo

Ya tenemos un personaje para la historia, o varios. Tenemos definido o pensada tanto la motivación como el deseo del mismo y ahora nos centramos en el conflicto que pueda tener.

Lo primero que nos puede venir a la cabeza es que ese malo muy malo que va a hacerle la vida imposible. Bien. Si, eso es, pero ¿por qué no puede ser una muralla kilométrica o un laberinto tortuoso o incluso, una fiesta anual en la que solo puede sobrevivir un representante de un distrito?

Hoy vamos a ver un poco sobre el Conflicto externo, ese antagonista con mil caras y que solemos ver solo una.

Choque de trenes

El personaje ha caído en una trampa y tiene el pié enredado entre las vías del tren. Escucha llegar un tren por la derecha y de repente, horrorizado, escucha otro por la izquierda…

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Un año de blog

En un par de días, este blog creado para hablar de literatura y libros en sus entradas, va a cumplir un año de existencia.

Lo primero que quiero decir es que el año 2019 ha tenido varios eventos importantes y un par de ellos podía haber pesado para dejar de actualizarlo, pero por otro lado mis ganas de escribir, de aprender sobre la escritura, de mejorar y de tener un sitio donde poder expresarme, han hecho de contrapeso como para mantenerme.

Y estoy contento.

Ahora bien, toca intentar ver un poco qué ha sido este primer año. Al ser el primero, no habrá con qué comparar pero igual puedo empezar a ver tanto lo que gusta a la poca audiencia y lo que habría que pensar en no repetir o comprobar en otro momento si de verdad no convence.

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Relato: Inicios duros

El siguiente relato es el resultado de unir dos más cortos que fueron escritos como dos tareas del curso de Iniciación a la literatura fantástica de Escuela de Escritores. Ambos inicialmente debían ser de quinientas palabras y ese límite fue respetado en la tarea. En esta entrada los he unido y modificado, intentando seguir los consejos dados y añadiendo un poco más, ya que el límite de palabras no es necesario. Espero que os guste.

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Personajes: Deseo Algo necesario para ser creibles

 

Todos queremos algo, todos tenemos un deseo, dos o infinitos y nos movemos de una forma u otra para poder satisfacerlos. Algunos son tan sencillos como comer algo en un momento determinado (bueno, vale, se suele llamar antojo, pero es lo mismo) pero otros pueden ser tan complicados como ser un escritor que una las virtudes de …….. (póngase el autor que más se desee) y los personajes de una novela también tienen deseo.

Y esas sensaciones, esas ideas motivadoras, son un motor importante para nuestra vida. Un parte importante de las acciones que llevamos a cabo, de las decisiones y de las elecciones están motivadas, influenciadas o desencadenadas por nuestros deseos. Entonces ¿por qué no tener en cuenta el deseo para nuestros personajes?

Motivación y deseo ¿van de la mano o se encuentran esporádicamente?

Para que un lector se quede en el libro que tiene entre sus manos, para conseguir que siga pasando páginas, hay que cuidar varios aspectos. Entre ellos la creación de los personajes principales. Ya he ido comentando anteriormente aspectos y el deseo de los personajes entronca con sus motivaciones y las obligaciones.

Como ya he dicho en la entrada que te he añadido antes, las motivaciones empujan a la acción al personaje y una motivación se forma por la interacción de varios factores, entre ellos el deseo.

Y es que puede ser uno de los factores más determinantes a la hora de crear una necesidad y conseguir motivar a alguien. Por eso es muy interesante, diría necesario, tener presente los deseos del personaje, al menos los relacionados con las motivaciones que le empujen en la historia.

Con tener un deseo definido es muy posible que sea suficiente para nuestros personajes . Por ejemplo, si tenemos un personaje que es un administrativo gris que no están nada contento con su trabajo, queda patente que un deseo creíble es “cambiar de trabajo”, incluso puede ser simplemente un «salir de aquí, da igual a donde.”

Con esta idea, ya nos queda claro cómo puede actuar nuestro administrativo si encuentra una oferta de trabajo que entra escrita en un papel viejo, arrugado, con tinta marronácea y letra caligrafiada, por debajo de su puerta después de llegar a casa de un gris y aburrido día en la oficina.

Tipos de deseos

Los deseos pueden ser muy variados, aunque realmente se pueden clasificar en dos tipos, deseos conscientes y deseos inconscientes.

Los deseos conscientes son todos aquellos que tenemos presentes en nuestra mente y somos conscientes de su presencia, así como de su acción sobre nuestras decisiones. Si pasa algo acorde con esos deseos, normalmente actuamos en consecuencia a ello y nos alineamos con ese plan de acción.

En los personajes, los deseos conscientes son aquellos que son dichos o insinuados claramente por la narración y además son los que ayudan al lector a prever cómo reaccionará frente a problemas y conflictos que choquen de forma directa contra dichos deseos. Este tipo de deseos son creadores importantes de motivaciones.

Es fácil actuar contra un deseo consciente, siempre que valoremos las consecuencias de seguir ese deseo, por ejemplo, en un diabético de tipo II goloso, el deseo de comer un donut de chocolate recién hecho, es muy fuerte pero las consecuencias son graves, por lo que puede actuar contra dicho deseo, con esfuerzo, pero puede.

Además es muy fácil justificar decisiones tomadas acorde con estos deseos, ya que muchas veces son decisiones que se alinean con las motivaciones, por lo que todo va correcto.

Toma uno de aquí, que seguro te sirve para tu personaje

 

Deseos ocultos

Pero ¿qué pasa cuando nosotros nos encontramos haciendo algo que visto desde fuera no es coherente con lo que se espera? ¿Qué pasa cuando un personaje hace algo completamente inesperado, no relacionado con las motivaciones del mismo y sin explicación alguna?

En el caso de nosotros, es algo bastante complicado de explicar, porque hay miles de variantes y de información que nos llega en todo momento, por lo que no se puede dar una explicación rápida de por qué tal o cual persona, tan normal, ha decidido romper con todo el mundo y marcharse a Turruncún de abajo a vivir como un ermitaño.

Incluso esa misma persona puede que no tenga ni idea de por qué, pero seguro hay algo oculto que ha actuado en un momento determinado.

En cuanto a los personajes, es más fácil de explicar (creo yo), o el escritor ha metido la gamba mientras escribía o existe un deseo oculto fuerte que no conoce el personaje y provoca que tome esas decisiones aparentemente sin razón. Un post sobre este tema en Centauro de Orión, habla sobre ellos y es muy interesante.

Bien, pero yo, como autor, ¿cómo se qué mis personajes tienen algún deseo? La primera forma que se me ocurre, si no han sido presentados en la ficha de personaje, es intentar ver qué motivaciones presenta dicho personaje en la historia y a partir de dichas motivaciones escarbar un poco para poder ver qué deseos pueden justificarlas.

Por ejemplo, yo tengo a Caius Malabarner, un piloto espacial freelance, con bastantes deudas, asentado en la región, acomodado al trabajo y cansado de realizar siempre las mismas rutas de transporte en el subsector Andrómeda, su motivación para trabajar en este subsector es la libertad que daba ser el patrón de una nave.

En su última entrega de mercancía le ofrecieron llevar a un pasajero. El destino, un planeta casi fuera del subsector y que no está dentro de las rutas ni principales, ni secundarias. El dinero que le ofrecen por el transporte no llega ni a cubrir los gastos del viaje pero el acepta casi sin pensárselo. ¿Por qué?.

Veamos un poco lo que tenemos aquí, algo creado a vuelapluma. Caius es un piloto con ganas de ser su propio jefe, que es bueno pilotando naves, también tenemos a un Caius cansado de la rutina aunque asentado en un lugar donde conoce los riesgos, las rutas. Caius es un personaje que tiene todo hecho pero una insatisfacción y parece creciente.

El hecho de estar aburrido ya implica un deseo claro de cambio, por lo que sería ya razón suficiente para embarcarse en esa aventura, de viajar a lo oscuro del subsector. Pero debe haber algo más para marcharse sabiendo que no le va a sacar rentabilidad suficiente al viajero y no se puede decir que esté holgado de dinero.

Aquí,las razones de su decisión pueden que sean muchas y diferentes. Sin conocer más de su historia previa, no podemos saber si hay algún deseo oculto que él mismo desconoce, el que haya sido quién le ha empujado a tomar la decisión.

Relato corto Corre pajarito, corre.

Seguía con cuidado a la mujer que tenía delante. No quería ser brusco por lo que se deslizaba con cuidado o empujaba despacio para abrirse paso. Los transeúntes al ver su cuera de ante y el tahalí con el florete, símbolos inequívocos de la guardia de la ciudad le ayudaban a desplazarse de ese modo. «Más vale que ese pajarito no se me escape».

  Los olores a orines, el chapoteo y la humedad que traspasaba la suela de la bota de cordobán le ponía la piel de gallina. Miraba con cuidado entre los transeúntes. La luz resbalando en los cristales de las tiendas y en los charcos, provocaba que entrecerrase los ojos. Un dolor leve nació e sus sienes, como si el pañuelo anudado apretara más que esta mañana. El fieltro húmedo pesaba, las alas del chambergo caían a ambos lados.

El golpeteo de la funda del florete contra el muslo le recordaba que debía tener cuidado porque podía engancharse con algún faldón de los tenderos o peor aún, cruzarse con otra arma y provocar un duelo no deseado.

  El rumor de pasos, golpe de cascos y roce de ruedas con el empedrado le impedía saber si su objetivo aligeraba el paso o corría, por lo que buscó un hueco entre la gente que tenía delante intentando observar a su presa mientras se mordía el labio inferior. Aguzando el oído, notó como el ritmo de la calle cambiaba levemente. Hacia su izquierda. Dio un respingo y corrió hacia donde había escuchado el deslizar de pies, el roce de una capa corta de cuero con la esquina y el leve chasquido del borde al viento.

  Sus pasos resonaron en esa calle generando un eco húmedo, sordo, corto. El dolor descendió a la nuca y los músculos del cuello se le tensaron. Un latigazo gélido recorrió media espalda pero miraba atentamente al frente. Olisqueó un momento. El orín no estaba, la menta mezclada con jabón le llegaba junto con roces suaves de ropas colgadas.

  A varios metros la silueta que ya se había aprendido se insinuó entre las sábanas, como un artista tras el telón. Y desapareció. Corrió agarrando el pulido pomo del arma y apartó con la mano libre el falso telón. La fuerza provocó un chasquido, un rasgar y quedó envuelto en una blancura mentolada. Cuando consiguió quitarse la sábana de encima pudo ver a una anciana sentada en un taburete, la capa de la joven frente a sus pies.

—Hijo —con voz temblorosa le interpeló. —¿Qué busca un joven guardia por este arrabal? —En su mirada se dibujaba la sonrisa que no aparecía en su rostro mientras jugaba con un lapislázuli de su colgante.

—¿Ha visto pasar una joven, pequeña, de pelo rubio, con esta capa? —dijo mientras pateaba la tela oscura del suelo.

—Estos ojos viejos no mantienen la luz como antes, pero mis orejas no me engañan. —apuntilló mientras señalaba hacia su derecha, hacia una puerta entreabierta de una bajera. Salió corriendo mientras maldecía.

Su primer día en la guardia no fue en absoluto como había deseado y que se le escapase esa ladronzuela le dolió más en el orgullo que en la pierna rota con la que terminó por no mirar donde pisaba cerca del puerto.

Mapas y dibujos, ¿herramientas de escritura?

En el poco tiempo que llevo escribiendo, para mi por ahora, me he dado cuenta que muchas veces solo con la idea no llego a enterarme de donde estoy. Eso ha provocado que me ponga a esbozar mapas y dibujos de lugares para ubicarme.

Imaginación y composición de lugar

No se muy bien cómo trabajarán otras personas, si con su imaginación es suficiente o buscan imágenes y lugares en fotos. Yo necesito sacar los lugares a un papel para poder enterarme de dónde se ubican los personajes, las posibles escenas e incluso, para poder mejorar las descripciones de las mismas.

No soy muy bueno para las medidas de longitud y las distancias, por lo que se me hace difícil ponderar, por ejemplo, cómo de alto es un edificio, cuanto puede ocupar una iglesia o incluso la superficie de un campo de fútbol. Eso hace que no me sienta seguro con la descripción de las ubicaciones, por lo que recurrir a mapas y dibujos es algo que se presenta casi necesario.

Además me viene muy bien para fijar zonas del escenario que puedan ser importantes para el relato y que se mantengan «inalterables», es decir, que si he localizado la panadería a dos casas de la iglesia y en esa panadería tengo pensado que haya un asesinato, al localizarla con precisión, disminuyo las posibilidades de que esté bailando por todo el pueblo y que siempre haya la misma distancia.

Procastinar trabajando

El hecho de que necesite esas «ayudas», hace que invierta bastante tiempo con dibujos y bocetos. Pero no solo con eso, sino que me dedico a andar por la red, por lugares pocos sospechosos de generar problemas de productividad, como puede ser Pinterest ( este tablero mío o este otro) o el propio google maps, por lo que puedo estar mucho tiempo buceando por la red de redes.

Eso hace que se pueda plantear la pregunta ¿hacer mapas y planos puede ser una forma de escaquearse de lo que toca hacer, que es escribir?

A esto hay una entrada en el blog de Centauros de Orión, que se titula «Dibujar mapas también es escribir«, que plantea qué implica hacer estos esquemas al autor. Yo estoy bastante de acuerdo porque realmente lo veo más como una herramienta, como he comentado antes pero tiene un gran riesgo, que es perderse en la profundidad de campo o de detalle.

El esbozo de un mapa (un poco desenfocada la foto) de una región donde quería localizar un relato…

Detalles, detalles, ¿hasta dónde?

Este apartado lo he titulado con dos palabras contradictorias y ¿por qué?, sencillo, porque este tipo de trabajo tiene un reverso oscuro que te puede atrapar engañándote de una forma muy sibilina y es haciéndote creer a ti mismo que todo lo que dibujes, plasmes en el papel, es necesario. ¡ERROR! no es necesario todo, una parte si, el resto PUEDE ser útil. Recalco la palabra «puede» porque es una posibilidad, porque quiero dar a entender que no siempre servirá par algo más que el gusto de ver un mapa con todos los arbolitos dibujados o con todos los picos de una pequeña cordillera con un nombre o con todos los listones del suelo de la taberna delineados.

Yo soy amigo del detalle en estas cosas, me da seguridad tener todo bien atado, hasta para los planos que preparo para partidas de rol, pero soy consciente que hay partes del pueblo en el que estoy trabajando, por ejemplo, que me basta con saber que es una herrería y no necesito saber el árbol genealógico de los dueños de la misma, por muy tentador que sea esa coletilla que aparece en la mente… «por si acaso…». NO, es necesario saber dónde parar.

Una manera de ayudarnos a parar es crear una lista de los elementos indispensables en el plano o dibujo, los que son necesarios si o si, luego de los importantes, que suelen ser elementos cercanos o complementarios a los necesarios y por último, los útiles. Después comenzar a trabajar con esas listas en ese orden. Así se puede reducir esa vocecita que siempre nos empuja a poner más y más.

Herramientas útiles pero no imprescindibles

A mi me encantan estos dibujos y como he comentado antes, se me hacen necesarios pero entiendo y considero que, en realidad, solo son una herramienta más de la que podemos echar mano en cualquier momento. Por ello no es necesario obcecarse en tener que dibujarlo todo, a veces con tener una foto de un paisaje sacada con nuestra cámara o por internet, sobra y además así disminuimos el tiempo invertido en esto para poder ponerlo en otra parte como puede ser planificación o escritura.

Por tanto, considerar los mapas y dibujos como tal, aunque para mi tienen un extra y es que pueden servir como acicate para crear más historia u otras historias. No descartéis el poder de la imaginación junto con la potente pregunta ¿Y si…? mientras miras un mapa, plano o dibujo.

Las ideas puede saltar desde ese lugar a tu mente, a veces hasta de forma inconsciente y después de un tiempo, esa idea crece y te lleva de nuevo al dibujo.

Y vosotros, ¿abusáis de los dibujos, mapas, esquemas? ¿tiráis más de internet? ¿o quizás pensáis que eso de garabatear en un papel no es escribir?