Sergio Somalo San Rodrigo

Etiqueta: Creación de personajes

Personajes: Conflicto interno

Si ya hemos hablado sobre los problemas externos a los que se puede enfrentar nuestro personaje, toca comentar los problemas internos que puede tener o se le pueden crear a raíz de lo que va ocurriendo durante la historia. En los personajes se forma un conflicto interno.

Es una parte de los problemas a los que se puede enfrentar un personaje y gran parte de las veces está directamente relacionado con sus deseos y motivaciones, por lo que no está nada de más trabajarlos, o por lo menos definirlos con brevedad, ¿Qué quiere mi personaje? ¿Que le mueve a hacer tal o cual cosa? ¿por qué decide hacer esto o no hacerlo? son preguntas guía interesantes.

Ya se ha comentado que para conseguir personajes más redondos, complejos, siempre interesa trabajar un poco la parte emotiva y psíquica del mismo. Dependiendo de la importancia del personaje, este trabajo será más o menos profundo pero siempre habrá algo. Cuando la historia se va desarrollando, los personajes se encuentran con los acontecimientos y reaccionarán a ellos.

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Personajes: Moral y Valores Aspectos importantes de la personalidad

Si tenemos un personaje al que le hemos hecho un retrato, sabemos cómo es su aspecto, habilidades y capacidades, también conocemos sus deseos y motivaciones, nos queda ahondar un poco en su psique, conocer la parte relacionada con su estructura mental, cultural y espiritual para seguir redondeándolo. Necesitamos conocer su moral y valores.

Esto puede ser, como todo lo relacionado con la construcción de mundos o creación de personajes, todo lo profundo o somero que uno quiera o necesite. No es necesario conocer el credo y lista de valores del figurante que pasa con el paraguas luminoso tras Rick Deckard mientras este se alimenta en el puesto de comida rápida.

Pero si puede ser interesante conocerlo del grupo de personajes que van a interaccionar, del protagonista, de algunos secundarios, del antagonista (si es que es un personaje).

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Personajes: Deseo Algo necesario para ser creibles

 

Todos queremos algo, todos tenemos un deseo, dos o infinitos y nos movemos de una forma u otra para poder satisfacerlos. Algunos son tan sencillos como comer algo en un momento determinado (bueno, vale, se suele llamar antojo, pero es lo mismo) pero otros pueden ser tan complicados como ser un escritor que una las virtudes de …….. (póngase el autor que más se desee) y los personajes de una novela también tienen deseo.

Y esas sensaciones, esas ideas motivadoras, son un motor importante para nuestra vida. Un parte importante de las acciones que llevamos a cabo, de las decisiones y de las elecciones están motivadas, influenciadas o desencadenadas por nuestros deseos. Entonces ¿por qué no tener en cuenta el deseo para nuestros personajes?

Motivación y deseo ¿van de la mano o se encuentran esporádicamente?

Para que un lector se quede en el libro que tiene entre sus manos, para conseguir que siga pasando páginas, hay que cuidar varios aspectos. Entre ellos la creación de los personajes principales. Ya he ido comentando anteriormente aspectos y el deseo de los personajes entronca con sus motivaciones y las obligaciones.

Como ya he dicho en la entrada que te he añadido antes, las motivaciones empujan a la acción al personaje y una motivación se forma por la interacción de varios factores, entre ellos el deseo.

Y es que puede ser uno de los factores más determinantes a la hora de crear una necesidad y conseguir motivar a alguien. Por eso es muy interesante, diría necesario, tener presente los deseos del personaje, al menos los relacionados con las motivaciones que le empujen en la historia.

Con tener un deseo definido es muy posible que sea suficiente para nuestros personajes . Por ejemplo, si tenemos un personaje que es un administrativo gris que no están nada contento con su trabajo, queda patente que un deseo creíble es “cambiar de trabajo”, incluso puede ser simplemente un «salir de aquí, da igual a donde.”

Con esta idea, ya nos queda claro cómo puede actuar nuestro administrativo si encuentra una oferta de trabajo que entra escrita en un papel viejo, arrugado, con tinta marronácea y letra caligrafiada, por debajo de su puerta después de llegar a casa de un gris y aburrido día en la oficina.

Tipos de deseos

Los deseos pueden ser muy variados, aunque realmente se pueden clasificar en dos tipos, deseos conscientes y deseos inconscientes.

Los deseos conscientes son todos aquellos que tenemos presentes en nuestra mente y somos conscientes de su presencia, así como de su acción sobre nuestras decisiones. Si pasa algo acorde con esos deseos, normalmente actuamos en consecuencia a ello y nos alineamos con ese plan de acción.

En los personajes, los deseos conscientes son aquellos que son dichos o insinuados claramente por la narración y además son los que ayudan al lector a prever cómo reaccionará frente a problemas y conflictos que choquen de forma directa contra dichos deseos. Este tipo de deseos son creadores importantes de motivaciones.

Es fácil actuar contra un deseo consciente, siempre que valoremos las consecuencias de seguir ese deseo, por ejemplo, en un diabético de tipo II goloso, el deseo de comer un donut de chocolate recién hecho, es muy fuerte pero las consecuencias son graves, por lo que puede actuar contra dicho deseo, con esfuerzo, pero puede.

Además es muy fácil justificar decisiones tomadas acorde con estos deseos, ya que muchas veces son decisiones que se alinean con las motivaciones, por lo que todo va correcto.

Toma uno de aquí, que seguro te sirve para tu personaje

 

Deseos ocultos

Pero ¿qué pasa cuando nosotros nos encontramos haciendo algo que visto desde fuera no es coherente con lo que se espera? ¿Qué pasa cuando un personaje hace algo completamente inesperado, no relacionado con las motivaciones del mismo y sin explicación alguna?

En el caso de nosotros, es algo bastante complicado de explicar, porque hay miles de variantes y de información que nos llega en todo momento, por lo que no se puede dar una explicación rápida de por qué tal o cual persona, tan normal, ha decidido romper con todo el mundo y marcharse a Turruncún de abajo a vivir como un ermitaño.

Incluso esa misma persona puede que no tenga ni idea de por qué, pero seguro hay algo oculto que ha actuado en un momento determinado.

En cuanto a los personajes, es más fácil de explicar (creo yo), o el escritor ha metido la gamba mientras escribía o existe un deseo oculto fuerte que no conoce el personaje y provoca que tome esas decisiones aparentemente sin razón. Un post sobre este tema en Centauro de Orión, habla sobre ellos y es muy interesante.

Bien, pero yo, como autor, ¿cómo se qué mis personajes tienen algún deseo? La primera forma que se me ocurre, si no han sido presentados en la ficha de personaje, es intentar ver qué motivaciones presenta dicho personaje en la historia y a partir de dichas motivaciones escarbar un poco para poder ver qué deseos pueden justificarlas.

Por ejemplo, yo tengo a Caius Malabarner, un piloto espacial freelance, con bastantes deudas, asentado en la región, acomodado al trabajo y cansado de realizar siempre las mismas rutas de transporte en el subsector Andrómeda, su motivación para trabajar en este subsector es la libertad que daba ser el patrón de una nave.

En su última entrega de mercancía le ofrecieron llevar a un pasajero. El destino, un planeta casi fuera del subsector y que no está dentro de las rutas ni principales, ni secundarias. El dinero que le ofrecen por el transporte no llega ni a cubrir los gastos del viaje pero el acepta casi sin pensárselo. ¿Por qué?.

Veamos un poco lo que tenemos aquí, algo creado a vuelapluma. Caius es un piloto con ganas de ser su propio jefe, que es bueno pilotando naves, también tenemos a un Caius cansado de la rutina aunque asentado en un lugar donde conoce los riesgos, las rutas. Caius es un personaje que tiene todo hecho pero una insatisfacción y parece creciente.

El hecho de estar aburrido ya implica un deseo claro de cambio, por lo que sería ya razón suficiente para embarcarse en esa aventura, de viajar a lo oscuro del subsector. Pero debe haber algo más para marcharse sabiendo que no le va a sacar rentabilidad suficiente al viajero y no se puede decir que esté holgado de dinero.

Aquí,las razones de su decisión pueden que sean muchas y diferentes. Sin conocer más de su historia previa, no podemos saber si hay algún deseo oculto que él mismo desconoce, el que haya sido quién le ha empujado a tomar la decisión.

Personajes: Motivación y Obligación ¿Van unidos o pueden ser conceptos complementarios?

En la construcción de personajes para nuestras novelas hay muchos aspectos a tener presentes para crearlos, como comenta Javier Miró en este vídeo y en este. Es cierto que necesitamos saber bastante de ellos, trabajarlos, conocerlos, jugar con ellos y una cosa que no debemos perder de vista es el qué hacen en la historia, cómo contribuyen a la trama y sobre todo, por qué están donde están. De estas tres preguntas, la tercera hace referencia a las razones que existen para que ellos avancen a lo largo de la historia, es decir nos pregunta por la motivación que puedan tener estos personajes.

¿Qué es una motivación?

Según la RAE, un lugar que debo visitar con más frecuencia de lo que lo hago, motivación, en su tercera acepción es:

Conjunto de factores internos o externos que determinan en parte las acciones de una persona.

Otros factores que se unen a la motivación pueden ser creencias externas e internas, el miedo, la cultura en la que se vive y la personalidad.

Esa acepción de la palabra nos habla de “factores”, elementos que interaccionan entre ellos para provocar algo. ¿Qué puede actuar como factores de la motivación? Se me ocurren los siguientes: deseo, interés, curiosidad, envidia, excitación, adicción, moral, seguro que hay muchos más. Todos ellos son causas que pueden presentarse en algún momento determinado o estar presentes de forma continuada hasta conseguir el objetivo.

En las personas es complicado saber cuales son sus motivaciones, una forma de intuirlas es haciendo la pregunta “¿qué es lo que quiero?” y de cara a nuestros personajes “¿qué es lo que quiere o necesita este personaje?”. Obviamente, esos intereses tienen que estar alineados con realidades del mismo, es decir, que sean creíbles y antes de hacer la pregunta, se ha tenido que crear unos rasgos psicológicos.

Por ejemplo, estamos trabajando en unos personajes y uno de ellos va a viajar mucho, la pregunta que nace tras este pensamiento es ¿por qué viaja?. Una respuesta rápida y fácil es “tiene curiosidad por lo que hay más allá del coñacvino, el río que hace de frontera”. Aquí identificamos un deseo, del personaje y una cualidad, quiere saber qué hay más allá y además es curioso. La motivación para viajar es esa curiosidad.

Si la respuesta fuese, “quiere dejar de llamar la atención”, queda bastante difuso, necesitaríamos saber por qué no quiere llamar la atención y qué le hace pensar que fuera de su región hay algo o alguien que puede ayudarle, pero la motivación existe. No es tan clara como el ejemplo anterior pero ahí está.

¿En qué cristaliza una motivación?

Después de conocer la motivación existente, lo siguiente que aparece, casi de forma simultánea a la respuesta anterior es cómo conseguirlo, objetivos que se plasman y que se convierten en guías.

De cara a la escritura, no creo que sea necesario crear un plan de objetivos, tareas y demás para nuestros personajes, pero si creo necesario tener en mente o plasmarlo en la ficha de personaje, tanto la motivación, la naturaleza de dicha motivación y el objetivo. De este modo, queda claro cómo va a moverse por la trama.

 

Obligaciones, la suma o la resta a las motivaciones.

Muchas veces, por lo menos me pasa a mi, confundo obligaciones con motivaciones. Se parecen mucho porque dentro de nosotros sentimos lo mismo con ambas, actuamos para conseguir algo, llegar a algún sitio. Pero el origen no es el mismo porque con la motivación, el pensamiento es lo que quiero hacer y con la obligación el pensamiento es lo que tengo que hacer, sutil ¿no?.

La definición según la RAE de obligación es:

Vínculo que sujeta a hacer o abstenerse de hacer algo, establecido por precepto de ley, por voluntario otorgamiento o por derivación directa de cierto actos.

Es decir, un acto que nos influencia de forma directa para modificar nuestros objetivos. Una parte de la definición puede entroncar con la motivación y es cuando actuamos de forma voluntaria, es decir, cuando algo lo tomamos como obligación. Aquí la motivación tiene un extra, que es una obligación nacida de la misma, es cuando decimos que quiero y tengo que hacer algo. En este caso la obligación suma fuerzas con nuestra motivación.

Por lo demás, una obligación cae impuesta y no tiene por qué satisfacer o ayuda a nuestras motivaciones. Es más, estas obligaciones tienen el poder de cambiar nuestras preferencias a la hora de tomar y realizar objetivos. Si al personaje que quiere ir de viaje, le imponen la obligación de quedarse como jefe de guarnición en el puente que cruza el río, ya tiene servida la frustración, molestia y posiblemente enfado porque no puede cumplir el objetivo de saciar su curiosidad, además por culpa de alguien que ha decidido por el qué tiene que hacer. Aquí resta y bastante.

Por tanto, los personajes necesitan tener claras sus motivaciones, qué cosas quieren y los escritores deben vestir esas motivaciones con cuanta más información mejor, plasmar y definir factores que contribuyen a esa motivación, más rasgos psicológicos definidos.

De esta forma, en la planificación, o cuando ya se escribe (si se es brújula), cuando se den los puntos de giro que fuercen al personaje en cuanto a la consecución de lo que quiere, el escritor tendrá más claro cómo reaccionará a esos contratiempos, sabrá si influyen de forma directa sobre sus objetivos, o solo es algo tangencial y que no genera demasiado conflicto.

Aliados para avanzar

Las motivaciones, las obligaciones y los deseos son grandes aliados nuestros para poder dar profundidad, tanto a nuestros personajes como a la historia. Os propongo un ejercicio: tomad una obra, la que estéis leyendo por ejemplo, elegid a un personaje (si hay más de uno) y tras los cuatro primeros capítulos de lectura, intentad descubrir las motivaciones que tiene. Cuando terminéis la lectura, ¿habíais acertado en ellas? ¿Habéis errado el tiro? ¿Han cambiado?. Yo lo voy a hacer con Seizo, de “El guerrero a la sombra del cerezo”, aunque llevo ya casi medio libro y supongo que por Twitter os contaré cómo me ha salido el ejercicio.

Personajes, aptitudes físicas y habilidades

En una novela, cuando la leemos, tarde o temprano nos encontramos al personaje haciendo algo manual, físico, conceptual, no solo vemos sus anhelos e intereses y como lectores, según avanza la historia podemos intuir que es competente en tal o cual cosa, que se le da bien hacer algo en concreto, que tiene habilidad con la espada o conduciendo pero poco más y es suficiente realmente para nosotros, porque con sus capacidades físicas presentadas en el escrito, la historia avanza y es coherente. En mi caso, que estoy aprendiendo este noble arte de juntar palabras de forma coherente y que no aburra, he encontrado muchas guías para ayudarme como autor en la creación de personajes y todas ellas inciden en algo muy importante, que es la psique del personaje, sus motivaciones y su forma de ser y afrontar los problemas. Realmente es algo importante conocerlo, sin la motivación de personaje, no puede generarse conflicto, que es lo que mueve la historia, pero me ha surgido una pregunta y es la siguiente ¿necesita un personaje tener sus habilidades definidas?

Por ejemplo, Juan es un hombre de mediana edad, con dos hijos y una mujer que le adoran, es generoso con los conocidos y atento, servicial con sus superiores en el trabajo. Tiene el deseo profundo de crear una nueva empresa que desbanque en la que trabaja actualmente porque la odia con todas su fuerzas.

Aquí tenemos un personaje principal delineado, presentando su situación social, sus rasgos psicológicos más fuertes y su deseo profundo pero, no sabemos si sabe cocinar, o si tiene un piquito de oro y persuade como el que más, o conduce de pena. No sabemos nada de sus habilidades físicas y las aptitudes físicas también suman. Se puede pensar ¿para qué cuernos necesito saber si es un manitas cocinando si nunca va a estar en la cocina porque es machista y cree que la mujer es la que tiene que hacer la comida? Y es cierto, si se ha planteado la novela de forma que no va a pisar la cocina, no es necesario pero, es cierto que, muchas veces nuestras habilidades físicas nos ayudan a evaluar el trabajo de otros porque tenemos algo con lo que compararlo y si por ejemplo, Juan no sabe ni freír un huevo, no es posible que sea capaz de valorar el plato que tiene delante en un restaurante mientras habla con un posible inversor. En el diálogo no se podrá hacer referencia por su parte a la complejidad del mismo, pero sí se puede utilizar esa falta de conocimiento para que el inversor, por ejemplo un hombre muy gustoso de la cocina, se de cuenta que tiene a un paleto culinario delante, cosa que puede dificultar la relación de Juan con dicho inversor.

Las habilidades del personaje son importantes

Es cierto que cuando se aborda la escritura y se ha definido profundamente tanto la psique como la motivación del personaje, muchas de sus habilidades o falta de habilidades, aparecen de forma indirecta en la mente del autor, pero otras muchas no se tienen presentes hasta que se necesita echar mano de esa misma en una escena y dependiendo de cómo vaya la escena, del final planificado para ella o incluso de lo que esté pidiendo el texto en ese momento, nuestro personaje recibe el conocimiento o la habilidad necesaria para conseguir el resultado esperado, vamos como si de repente se cogiese un chip con esa habilidad creada en sus circuitos integrados, se le metiese en la cabeza y como dice Neo en Matrix, ya se Kun Fu.

Es una solución muy válida y socorrida, que tampoco necesita justificación externa a la situación generada normalmente, pero ¿por qué no tener definido de antemano todas esas habilidades?

A ver, no nos echemos las manos a la cabeza tras leer la pregunta anterior, no me refiero tener definidas claramente todas las habilidades existentes e imaginables, no, más bien me refiero a unas habilidades y conocimientos generales, necesarios tanto para la historia como para el día a día de nuestro personaje, si Juan es un directivo medio con una EGB normalita y una carrera de Administrativo sin terminar, estamos ya dando idea de las cualidades metales y conocimientos que tiene, no nos hace falta decir que no sabe nada de física cuántica computacional.

Personajes principales, secundarios, figurantes

Como todo en esto de la creación, hay que poner niveles. Con esto se quiere decir que si para el relato, escrito o novela tenemos perfilados tres personajes principales, en estos tres sería interesante ahondar en sus habilidades, aspecto físico y capacidades, definir su educación según la ambientación que estemos trabajando, habilidades principales, peculiaridades, aficiones. Una forma rápida de crear un paquete de habilidades y valorarlas es pensar en la profesión del personaje, identificar las habilidades más importantes para desarrollar la profesión y valorarlas según la idea que tenemos de lo profesional que dicho personaje es. Por ejemplo, Juan es un directivo medio, por lo que consideramos que su profesión es ejecutivo y las habilidades que la definirían pueden ser: Idioma Inglés (u otro), Escribir, Ordenadores, Conducir, Oratoria, Persuadir, Charlatanería e Investigar. Ya tenemos una cantidad importante de habilidades y al definirlo como un profesional medio, podemos entender que no destaca mucho pero que no es demasiado malo, con lo que podemos darle un valor a estas habilidades, por ejemplo podemos valorarlas como malo, normal o bueno, decidiendo que en persuadir y ordenador es malo, en conducir e investigar es bueno y en el resto es normal.

A partir de aquí se puede aumentar el catálogo de habilidades que conoce tirando de lo que hace durante el tiempo libre, gustos y deportes pero ya tenemos una cantidad importante de capacidades definidas de Juan con solo plantear la educación y su profesión.

Con personajes secundarios, realmente no es necesario invertir tanto tiempo si se mantienen en ese papel, pero nunca está de mas un par de pinceladas y en este caso si que ya serían más orientadas a lo que hace dicho personaje en la escena o escenas donde aparezca pero siempre es bueno apuntar las decisiones que se tomen en este aspecto por si decide revelarse como un principal y después hay que trabajarlo, para evitar incoherencias y volverse loco o loca buscando por todo el texto estos detalles. Por último, con los figurantes, aquí si que podemos “ponerles los chips que necesitemos” cuando sea necesario.

A veces los personajes son esto

Profesiones

Antes se ha comentado que dando una profesión definida al personaje, ya le asignamos una cantidad determinada de habilidades, todas ellas asociadas al desempeño de dicha profesión y dando un valor al personaje como profesional, estamos valorando sus capacidades. Pero es cierto que no todos tenemos en mente las mismas habilidades o importancia de ellas para ejercer una profesión, por lo que si puede ser de interés es hacer una pequeña lista de las habilidades necesarias y el nivel de las mismas para que en la ambientación trabajada, al personaje se le reconozca como tal o cual profesional. Esto es como el worldbuilding, porque se hayan definido doce habilidades para la profesión de leñador, no es necesario presentarlas todas en el texto, igual en toda la novela solo se necesita decir que es un muy buen leñador o que Juan es un ejecutivo del montón, pero esa definición de las habilidades puede ayudar al desarrollo del personaje con detalle, en algún momento puede venir bien para dar color a una escena o incluso como punto de apoyo para un giro argumental.

Formas de definir habilidades

Pensando en esto, mi experiencia como rolero me da toquecitos para que mire hacia la zona de la biblioteca donde tengo varios juegos de rol. En mi caso, creo que crear una ficha de personaje de rol para el o los personajes principales es un paso interesante y a esta ficha de rol, se le añade la ficha de personaje motivacional o de novela.

Para hacerlo hay muchos sistemas y formas, se me ocurren diferentes sistemas de rol para conseguirlo pero creo que se puede esbozar uno para este momento.

Todo personaje en el rol está definido por características y habilidades, hay juegos que eliminan las características y otros las engloban dentro de la habilidades, pero para este caso creo que puede ser interesante diferenciarlo.

Características

Las características pueden ser desde tres a hasta un montón y tienen en común que siempre hacen referencia al Cuerpo del personajes (fuerza, constitución, agilidad, vigor…), Mente (inteligencia, razón, memoria, sabiduría…) y Psique (voluntad, carisma). Propongo quedarnos con estas tres genéricas y darles un valor. Si tenemos clarísimo como va a ser nuestro personaje, damos el valor que queremos, por ejemplo de 1 a 6, siendo 1 el menor y 6 algo casi sobrehumano. Pero si no lo tenemos tan claro o es un secundario que creamos durante la marcha, podemos dejarlo al azar, es decir, todos tenemos un dado de seis caras del parchís en casa, utilizadlo. Si creemos necesario ahondar en las características, por ejemplo queremos que sea carismático, pues se puede considerar esto como un rasgo de Psique, una característica a tener en cuenta.

De esta forma ya tenemos una cantidad importante del personaje dibujado y estos valores nos pueden ayudar a evaluar las habilidades del mismo.

La Educación y cultura.

Aquí decidimos qué educación ha tenido, por lo que podemos identificar los conocimientos y habilidades. En un mundo medieval creado, un personaje puede tener la educación disponible para un aldemano, por lo que sabrá sobre su región y poco más. También sabrá correr, trepar, saltar, dependiendo del mundo y si hay río, puede saber nadar o no y si sus padres son agricultores, tendrá una formación inicial sobre estaciones del año, clima, identificación de plantas. Todo eso lo habrá mamado de sus padres y lo sabrá si o si, otra cosa es que sea bueno o malo al aplicar esos conocimientos pero las bases las tendrá.

Profesión

Ahora la profesión, decidimos qué profesión va a tener, que no significa que en la novela o relato desarrolle esa profesión, por ejemplo podemos crear un personaje porquero que en todo el relato esté de viaje y aventuras, y creamos una pequeña lista. Cierto es que una vez creada, esa lista la podremos utilizar en otros relatos, de cualquier índole con pequeños retoques según la ambientación. A esas habilidades se les puede dar valor, aconsejo hacerlo. Puede ser como con las características, de 1 a 6 o con un dado, pero yo creo que en este caso puede ayudar mucho más dar un valor de 1 a 100, así se puede ser más concreto y saber con el número si el personaje es un aprendiz (01 – 20) o un maestro (90 – 100) en esa habilidad .

Aficiones

Este es un detalle que puede ser importante porque de los deportes y aficiones que uno tiene también desarrolla habilidades, por ejemplo, en nuestra actualidad, nadie sabe esgrima, a no ser que seas un actor de acción o practiques el deporte de la esgrima. Por eso, de este apartado, se puede completar al personaje con habilidades que podamos creer interesantes o necesarias para la historia y sin sacarlas de la chistera.

Con la valoración de todos estos rasgos, yo me inclino por los números porque me es más fácil, pero se pueden valorar igual de bien con adjetivos, desde pésimo hasta maestro. Particularmente he tomado la decisión de crearlos mediante una mezcla de sistemas, BRP y FATE.

Bueno, espero que sea de interés y utilidad, en este campo y apoyándonos el los juegos de rol se pueden hacer muchas cosas, por lo que si hay interés, puedo desarrollar este artículo presentando más formas de crear personajes.

Un saludo a todas y todos.