Avanzamos en esta guía de creación de mundos y en este caso vamos a centrarnos en algo muy importante en un mundo habitado, los climas que se generan a partir de todos los elementos que ya hemos tratado.

Hasta el momento hemos visto tanto la atmósfera, su composición, el movimiento de los gases en ella, las estrellas a las que orbita el planeta y le aportan luz, radiación y calor. Hemos visto la presencia de agua y con ello, la existencia de agua evaporada y la existencia de corrientes oceánicas. Por otro lado hemos visto la presencia de tierra emergida, sus movimientos y las consecuencias de los mismos en forma de cordilleras, volcanes y modelación del terreno.

Pues bien, si en un lugar concreto de ese mundo, comenzamos a fijarnos en el tiempo que inciden los rayos solares, en el tipo de corrientes que rondan las costas, en la presencia o no de cadenas montañosas y cómo de altas son, además de la circulación predominante del viento, tenemos como resultado un patrón más o menos continuo de precipitaciones y temperaturas a lo largo del año, es decir, tenemos el clima de la región.

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