Ya hemos visto que la superficie de la tierra y del planeta que estemos creando tiene una estructura dinámica a la que se le puede atribuir la presencia de elevaciones en la corteza y hemos conocido un poco cómo funciona esa dinámica. Ahora vamos un pasito más adelante, explicamos cómo se forman esos montes realmente y luego qué les pasa a lo largo del tiempo, vemos un poco de orografía y geomorfólogia.

Tenemos que conocer y asumir que la Tierra lleva aquí mucho tiempo, dando lugar a muchos y múltiples cambios. Estos cambios son tanto de localización de los continentes como de sus formas, así como la presencia de unos mares y océanos que luego desaparecen. Todo esto significa muchos choques y roces de placas, con lo que conlleva, es decir, que en cada era se han ido formando elementos elevados que con el tiempo han ido evolucionando, envejeciendo para dar paso a otros elementos, otros paisajes.

Algo que me ha costado darme cuenta es que el mapa del mundo que conocemos y vemos en todos los lados, es una instantánea del tiempo geológico, es decir, es una foto de un momento determinado y que almacena en ella la historia anterior en forma de cordilleras, montes, océanos, mares y otros elementos. Si intentamos explicar la presencia de algunos montes con la distribución de las placas tectónicas actuales, no podemos y eso nos lleva a confusión. Un ejemplo claro de esto en España es la cordillera Cantábrica, una estructura lineal que sigue la costa norte de la península Ibérica, ¿Cómo se ha formado? no hay ningún borde destructivo ahí ahora.

¿Las habrá formado el viento y el agua?, pues no, son estructuras anteriores a la actualidad. El Himalaya si que lo podemos explicar ahora, pero otras no. Por eso, teniendo presente esta idea, podremos ubicar mejor las montañas en nuestro mundo, y quizás con un poco más de libertad.

Pliegues y fallas, la base de las montañas.

Podemos hacer un experimento, en una mesa plana, ponemos un papel, un folio. Después apoyamos las manos en los extremos del mismo y a la vez que presionamos contra la mesa, las deslizamos en la misma dirección pero sentido contrario. De este modo lo que conseguimos es que el papel, si no hemos hecho despacio, vemos como ese papel plano se abomba, se eleva y crea un pliegue de papel. Eso es lo que ocurre en primera instancia cuando dos placas tectónicas chocan, presiona una contra la otra y esa fuerza provoca por un lado la subducción comentada en la entrad anterior y por otro lado, en la parte más dúctil, menos resistente, comienzan a formarse pliegues.

Esquema sencillo de formación de montañas

Si hacemos el experimento con el mismo folio, pero en vez de mover las manos en la misma dirección, si las movemos en direcciones paralelas y sentidos contrarios, también generamos pliegues, más pequeños y además desplazados. Esto es lo que ocurre en los bordes neutros, también se dan pliegues.

Todos estos plieges, elevaciones dan como resultado las montañas que vemos, pero hay que tener presente otra cosa, que es la resistencia de los materiales que están sufriendo esas presiones brutales. No son papel, por lo que llegan un momento en el que no soportan más presión y dejan de «doblarse» para romperse. Entonces tenemos una falla y un desplazamiento de tierra por el plano que se forma al romperse el terreno.

Entonces, podemos decir que todas las montañas y demás elementos son consecuencia de pliegues y roturas de la corteza.  Esos elementos que podemos encontrar se llaman elementos orogénicos.

Elementos orgénicos

La unidad es el monte, montaña, pico o toro. Estos son varios de los nombres que se dan en España a un elemento elevado en el paisaje y que se distingue a distancia.

Corte donde se presentan fallas y diferentes cadenas montañosas. Obtenido de «Geomorfología. Principios, Métodos y Aplicaciones», Editorial Rueda

A partir de aquí podemos «construir» varias agrupaciones. La primer es la sierra, que es una línea de montes que vista desde lejos, parecen los picos de una sierra de ebanistería. Si aumentamos la complejidad añadiendo varias sierras, ordenadas en una misma dirección, existiendo varios segmentos, más o menos largos, de sierras alienadas, tenemos una cordillera.  En el caso de tener varias sierras, pero esta vez no estar alineadas, sino más o menos espaciadas a lo largo de una línea, o algunas líneas, lo que se forma es una serranía.  Y ya, si las sierras están más desordenadas, en diferentes sentidos pero formando un grupo compacto, lo que tenemos es un macizo.

Ejemplos en la península Ibérica,  hay un pico llamado San Lorenzo que se encuentra en la Sierra de la Demanda, que se localiza dentro de la Cordillera Ibérica.  Por otro lado, tenemos el Macizo Galaico, lo único que no he encontrado es una Serranía.

 

Moldeado de los elementos orogénicos

Como se a apuntado en la introducción, todo lo que vemos lleva mucho tiempo ahí, a la intemperie y en nuestro mundo ficticio, también. ¿Y que le pasa a un contenedor de vidrio verde o a un coche rojo cuando se tira tres o cuatro años en la calle? pues que se ve cómo pierde el color y como se vuelve más frágil.

Pues eso mismo pasa con las montañas, que el agua, temperatura, viento y determinadas actividades biológicas, las «atacan» desgastándolas y moldeandolas de formas muy distintas. Tanto como que no es lo mismo el relieve que se forma en la zona de Gales como el que se encuentra en los montes de Atlas en África. Ahí entra en juego los diferentes climas.

Aún así, los cambios que generan son de erosión en su gran mayoría, haciendo que las montañas sean menos escarpadas, menos altas y las depresiones naturales se llenen de los sedimentos haciendo que éstas sean más altas y menos deprimidas.

Hay muchas formas de erosionar, y en ellas intervienen factores que ya hemos comentado como vientos y lluvias. Otros elementos son los ríos y glaciares. Que iremos viendo, aunque en principio me centre en su formación y estructura.

Interés en creación de mundos

¿Y todo esto es necesario para mi historia? pues, como he comentado muchas veces, no. No es obligatorio pensarlo, ni mucho menos hacerse una evolución geológica de un territorio o paisaje, ni mover todos los contientenes para ver cómo se han ido formando todas las montañas.

No es necesario, ni siquiera a una escala de creación nivel continente, pero si es útil. De esta forma se pueden identificar dónde han podido formarse, o necesitamos que se hayan formado, qué elementos orogénicos tenemos, si son montes, sierras, cordilleras. Pensando un poco ya en el paisaje, responder a la pregunta de la edad de unas montañas te da pistas de su posible altura, sus formas pero también cómo es el terreno a su alrededor, si es escarpado, o si hay llanuras ricas en sedimentos amplias y altas, si esas planicies llegan hasta la costa o no, si los valles que se forman son profundos.

También es importante conocer la localización aproximada o exacta de estos elementos, para poder pensar por dónde discurrirán rios, arroyos, si se forman deltas al final del río, dónde habrá posiblidad de localizar villas, pueblos, aldeas, ciudades, cuales pueden ser zonas de pasto, de trabajo de tierra, las comunicaciones entre zonas naturales, ya que una cordillera o una serranía puede ser una buena frontera natural entre dos regiones.

Como podéis ver, creo que planteando el lugar de las montañas, comenzamos a ver cómo puede ser el territorio donde ubicamos nuestra historia.