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Categoría: Personajes

Personajes: Conflicto interno

Si ya hemos hablado sobre los problemas externos a los que se puede enfrentar nuestro personaje, toca comentar los problemas internos que puede tener o se le pueden crear a raíz de lo que va ocurriendo durante la historia. En los personajes se forma un conflicto interno.

Es una parte de los problemas a los que se puede enfrentar un personaje y gran parte de las veces está directamente relacionado con sus deseos y motivaciones, por lo que no está nada de más trabajarlos, o por lo menos definirlos con brevedad, ¿Qué quiere mi personaje? ¿Que le mueve a hacer tal o cual cosa? ¿por qué decide hacer esto o no hacerlo? son preguntas guía interesantes.

Ya se ha comentado que para conseguir personajes más redondos, complejos, siempre interesa trabajar un poco la parte emotiva y psíquica del mismo. Dependiendo de la importancia del personaje, este trabajo será más o menos profundo pero siempre habrá algo. Cuando la historia se va desarrollando, los personajes se encuentran con los acontecimientos y reaccionarán a ellos.

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Personajes: Moral y Valores Aspectos importantes de la personalidad

Si tenemos un personaje al que le hemos hecho un retrato, sabemos cómo es su aspecto, habilidades y capacidades, también conocemos sus deseos y motivaciones, nos queda ahondar un poco en su psique, conocer la parte relacionada con su estructura mental, cultural y espiritual para seguir redondeándolo. Necesitamos conocer su moral y valores.

Esto puede ser, como todo lo relacionado con la construcción de mundos o creación de personajes, todo lo profundo o somero que uno quiera o necesite. No es necesario conocer el credo y lista de valores del figurante que pasa con el paraguas luminoso tras Rick Deckard mientras este se alimenta en el puesto de comida rápida.

Pero si puede ser interesante conocerlo del grupo de personajes que van a interaccionar, del protagonista, de algunos secundarios, del antagonista (si es que es un personaje).

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Personajes: Conflicto externo

Ya tenemos un personaje para la historia, o varios. Tenemos definido o pensada tanto la motivación como el deseo del mismo y ahora nos centramos en el conflicto que pueda tener.

Lo primero que nos puede venir a la cabeza es que ese malo muy malo que va a hacerle la vida imposible. Bien. Si, eso es, pero ¿por qué no puede ser una muralla kilométrica o un laberinto tortuoso o incluso, una fiesta anual en la que solo puede sobrevivir un representante de un distrito?

Hoy vamos a ver un poco sobre el Conflicto externo, ese antagonista con mil caras y que solemos ver solo una.

Choque de trenes

El personaje ha caído en una trampa y tiene el pié enredado entre las vías del tren. Escucha llegar un tren por la derecha y de repente, horrorizado, escucha otro por la izquierda…

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Personajes: Conflicto Cuando las cosas se tuercen

Si ya tenemos definido a nuestro personaje principal, también hemos pensado en su historia, sus motivaciones y deseos, tenemos una parte hecha. Ahora toca encontrar una horma para ese zapato, toca definir para ese personaje el conflicto que le empujará.

¿Qué es el conflicto?

Cuando escuchamos esa palabra, normalmente lo primero que nos viene a la mente es una lucha. Es una confrontación entre dos o más partes que chocan, y esa primera idea es correcta, pero también lleva dentro dos conceptos más, el de tensión, apuro y el de contradicción.

Estas tres ideas nos encontramos en la RAE si buscamos esta palabra, aunque tiene alguna acepción más, todo esto nos lleva a sentir que se crea algo que se opone de una forma u otra. Esta oposición es el motor casi perfecto, por si solo para hacer que una historia tenga interés.

Cuando comenzamos una historia, siempre tenemos que ser conscientes de que tienen que pasar cosas en ella.

Si no hay eventos que generen cambio en el protagonista, si no hay elementos que interactúen de forma intensa con el personaje principal, la cosa tiene toda la pinta de ser «un poco aburrida».

Entonces es cuando hay que recordar que el conflicto tiene que aparecer, tiene que dar señales de vida para generar cambio, interés y transformación.

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Personajes: Deseo Algo necesario para ser creibles

 

Todos queremos algo, todos tenemos un deseo, dos o infinitos y nos movemos de una forma u otra para poder satisfacerlos. Algunos son tan sencillos como comer algo en un momento determinado (bueno, vale, se suele llamar antojo, pero es lo mismo) pero otros pueden ser tan complicados como ser un escritor que una las virtudes de …….. (póngase el autor que más se desee) y los personajes de una novela también tienen deseo.

Y esas sensaciones, esas ideas motivadoras, son un motor importante para nuestra vida. Un parte importante de las acciones que llevamos a cabo, de las decisiones y de las elecciones están motivadas, influenciadas o desencadenadas por nuestros deseos. Entonces ¿por qué no tener en cuenta el deseo para nuestros personajes?

Motivación y deseo ¿van de la mano o se encuentran esporádicamente?

Para que un lector se quede en el libro que tiene entre sus manos, para conseguir que siga pasando páginas, hay que cuidar varios aspectos. Entre ellos la creación de los personajes principales. Ya he ido comentando anteriormente aspectos y el deseo de los personajes entronca con sus motivaciones y las obligaciones.

Como ya he dicho en la entrada que te he añadido antes, las motivaciones empujan a la acción al personaje y una motivación se forma por la interacción de varios factores, entre ellos el deseo.

Y es que puede ser uno de los factores más determinantes a la hora de crear una necesidad y conseguir motivar a alguien. Por eso es muy interesante, diría necesario, tener presente los deseos del personaje, al menos los relacionados con las motivaciones que le empujen en la historia.

Con tener un deseo definido es muy posible que sea suficiente para nuestros personajes . Por ejemplo, si tenemos un personaje que es un administrativo gris que no están nada contento con su trabajo, queda patente que un deseo creíble es “cambiar de trabajo”, incluso puede ser simplemente un «salir de aquí, da igual a donde.”

Con esta idea, ya nos queda claro cómo puede actuar nuestro administrativo si encuentra una oferta de trabajo que entra escrita en un papel viejo, arrugado, con tinta marronácea y letra caligrafiada, por debajo de su puerta después de llegar a casa de un gris y aburrido día en la oficina.

Tipos de deseos

Los deseos pueden ser muy variados, aunque realmente se pueden clasificar en dos tipos, deseos conscientes y deseos inconscientes.

Los deseos conscientes son todos aquellos que tenemos presentes en nuestra mente y somos conscientes de su presencia, así como de su acción sobre nuestras decisiones. Si pasa algo acorde con esos deseos, normalmente actuamos en consecuencia a ello y nos alineamos con ese plan de acción.

En los personajes, los deseos conscientes son aquellos que son dichos o insinuados claramente por la narración y además son los que ayudan al lector a prever cómo reaccionará frente a problemas y conflictos que choquen de forma directa contra dichos deseos. Este tipo de deseos son creadores importantes de motivaciones.

Es fácil actuar contra un deseo consciente, siempre que valoremos las consecuencias de seguir ese deseo, por ejemplo, en un diabético de tipo II goloso, el deseo de comer un donut de chocolate recién hecho, es muy fuerte pero las consecuencias son graves, por lo que puede actuar contra dicho deseo, con esfuerzo, pero puede.

Además es muy fácil justificar decisiones tomadas acorde con estos deseos, ya que muchas veces son decisiones que se alinean con las motivaciones, por lo que todo va correcto.

Toma uno de aquí, que seguro te sirve para tu personaje

 

Deseos ocultos

Pero ¿qué pasa cuando nosotros nos encontramos haciendo algo que visto desde fuera no es coherente con lo que se espera? ¿Qué pasa cuando un personaje hace algo completamente inesperado, no relacionado con las motivaciones del mismo y sin explicación alguna?

En el caso de nosotros, es algo bastante complicado de explicar, porque hay miles de variantes y de información que nos llega en todo momento, por lo que no se puede dar una explicación rápida de por qué tal o cual persona, tan normal, ha decidido romper con todo el mundo y marcharse a Turruncún de abajo a vivir como un ermitaño.

Incluso esa misma persona puede que no tenga ni idea de por qué, pero seguro hay algo oculto que ha actuado en un momento determinado.

En cuanto a los personajes, es más fácil de explicar (creo yo), o el escritor ha metido la gamba mientras escribía o existe un deseo oculto fuerte que no conoce el personaje y provoca que tome esas decisiones aparentemente sin razón. Un post sobre este tema en Centauro de Orión, habla sobre ellos y es muy interesante.

Bien, pero yo, como autor, ¿cómo se qué mis personajes tienen algún deseo? La primera forma que se me ocurre, si no han sido presentados en la ficha de personaje, es intentar ver qué motivaciones presenta dicho personaje en la historia y a partir de dichas motivaciones escarbar un poco para poder ver qué deseos pueden justificarlas.

Por ejemplo, yo tengo a Caius Malabarner, un piloto espacial freelance, con bastantes deudas, asentado en la región, acomodado al trabajo y cansado de realizar siempre las mismas rutas de transporte en el subsector Andrómeda, su motivación para trabajar en este subsector es la libertad que daba ser el patrón de una nave.

En su última entrega de mercancía le ofrecieron llevar a un pasajero. El destino, un planeta casi fuera del subsector y que no está dentro de las rutas ni principales, ni secundarias. El dinero que le ofrecen por el transporte no llega ni a cubrir los gastos del viaje pero el acepta casi sin pensárselo. ¿Por qué?.

Veamos un poco lo que tenemos aquí, algo creado a vuelapluma. Caius es un piloto con ganas de ser su propio jefe, que es bueno pilotando naves, también tenemos a un Caius cansado de la rutina aunque asentado en un lugar donde conoce los riesgos, las rutas. Caius es un personaje que tiene todo hecho pero una insatisfacción y parece creciente.

El hecho de estar aburrido ya implica un deseo claro de cambio, por lo que sería ya razón suficiente para embarcarse en esa aventura, de viajar a lo oscuro del subsector. Pero debe haber algo más para marcharse sabiendo que no le va a sacar rentabilidad suficiente al viajero y no se puede decir que esté holgado de dinero.

Aquí,las razones de su decisión pueden que sean muchas y diferentes. Sin conocer más de su historia previa, no podemos saber si hay algún deseo oculto que él mismo desconoce, el que haya sido quién le ha empujado a tomar la decisión.

Personajes: el compañero

 

Los personajes principales de las novelas que leemos no suelen estar solos hay otros personajes que interaccionan con ellos de forma que se va contando una historia, unas veces de aliados, otras veces como fuentes de información o conflictos y muchas cono antagonistas o como malos malosos.

Si seguimos un poco los arquetipos de Campbell, encontramos varios papeles de personajes que interaccionan con nuestro personaje, incluso el mismo encarna uno de ellos, pero hay un papel de un personaje secundario que no es frecuente, ni imprescindible para contar historias pero que aparece muchas veces y ese es el compañero.

El que acompaña

Este personaje secundario es un elemento que interacciona con el protagonista y con la historia, buscando su resolución pero intentando de forma activa que esa resolución sea favorable para el protagonista, y de paso, para el también.

Es por ello que muchas veces sean los que hagan el trabajo sucio, o tomen el papel de guardaespaldas del protagonista e incluso de protector a ultranza del mismo, porque las motivaciones de ambos suelen estar alineadas, por gusto y obligación, pero ambos recorren el mismo camino.

Por ser un secundario que va junto con el protagonista, éste no tiene por qué pensar igual que el otro, ni siquiera comulgar con todas sus ideas, solo con que exista un vínculo fuerte que «obligue» al compañero a acompañar es suficiente. Lo fácil es pensar en que ambos piensan igual, siguen los mismos preceptos e ideas pero eso puede que le reste color a la historia, incluso puede que le quite color o «salsilla» y si no, recordad la película de 1991, Robin Hood, príncipe de los ladrones.

El compi es el árabe… ¿o es al revés?

 

Herramienta para contar historias

Y es que, la presencia de ese compañero puede ser explotada por parte del escritor de muchas formas, puede ser el contrapunto del personaje y tener que colaborar por supervivencia o bien común (Luke y Han en «La guerra de las galaxias»). En este caso, el compañero puede ser útil para cuestionar algunas de las acciones o ideas de nuestro personaje y así generar algún tipo de sombra o capacidad de discusión sobre un tema que pueda ser de interés, también puede servir para presentar dos formas de actuar frente a un mismo problema.

Luego tenemos al compañero por excelencia de nuestra literatura, el entrañable, paciente, práctico y campechano Sancho, que actuaba casi como una niñera con Alonso, siempre le daba su punto de vista, hablaba con los pies en la tierra e intentaba, con maniobras inocentes y francas, proteger a su señor del él mismo.

Luego le tocó soñar a el con un puesto de poder en la península, pero eso quizás toca más otra cuestión que comentaré un poco más adelante, que es cuando el compañero toma las riendas de la historia.

Otro compañero que nos podemos encontrar, es el fiel acompañante, salvador y «segundón». En esta categoría me viene a la mente dos personajes: Moonglum y Samsagaz Gamyi.

El primero es un hombrecillo pelirrojo que se une al antiéroe, plomizo y cenizo de Elric. Dentro de la saga de Elric de Melniboné, Moonglum es también un arquetipo, si Elric es la encarnación del Campeón Eterno en el plano de los Reinos Jóvenes, Moonglum es la encarnación del Compañero Eterno.

En este caso, Moonglum sigue al albino a cualquier lado sin rechistar, hace de compañero de armas y solo apostilla comentarios como si fuera un subordinado. Es cierto que según avanzan las novelas, va tomando consciencia de su papel, así como de los límites que tenía y realmente fue el compañero perfecto hasta el final.

San, el amigo inseparable de Frodo, el compañero de juergas, aventuras, desventuras y anhelos, es otro tipo de compañero, parecido a Moonglum en cuanto a que es un seguidor, pero en este caso, es un compañero proactivo y no pepito grillo como Sancho. A muchos lectores le han parecido Sam un bodrio, o que hay una relación homosexual con Frodo, yo no creo eso. Yo creo que Sam es un personaje pilar para toda la historia y sin el, la parte del anillo queda muy coja.

Otro compañero, es Sazed, el guardaespaldas de Vin en Imperio final. En este caso, me atrevo a decir que Sazed en un compañero heredado, es decir, que actuó como compañero de Kelsier y llegado el momento, paso a ser el compañero de Vin. Este hombre se hace cargo del entrenamiento de la joven pero también actúa como vigilante, acompañante, mentor y entrenador. Aquí el compañero parece desligado emocionalmente del que sigue, parece más bien realizar una actividad por una obligación superior. Es otra forma de presentar a este tipo de personajes. Realmente no es así y se puede ver más vinculación al final.

¿Intercambio de papeles?

Todos estos compañeros son personajes secundarios que están para enfilar, matizar e incluso modular la acción de la historia y ayudar de algún modo al personaje para conseguir sus objetivos.

Como cualquier personaje con trayecto en la historia, este compañero va cambiando, igual que el protagonista y puede ocurrir que en algún momento de la historia, por las circunstancias o el devenir, se intercambien los papeles de forma que el compañero se transforme en el protagonista, como por ejemplo pasa con Sancho y la ínsula Barataria. Y esto puede ser muy enriquecedor para la historia y el protagonista inicial.

Este intercambio puede ser temporal, lo lógico es que sea temporal pero puede darse que el compañero ascendido a protagonista requiera de más parte de historia, entonces lo correcto, desde mi punto de vista, es que se den dos protagonistas principales. No creo que un lector acepte un cambio de protagonista a mitad o casi al final del libro, sin más.

Esto es una buena excusa para crear historias cortas o incluso otras novelas relacionadas, dando más presencia a estos secundarios que crecen.

Bueno, para terminar esta entrada, un tanto tardía…

¿Qué personajes podríais identificar como Compañeros en las novelas que estáis leyendo?

 

Personajes: Motivación y Obligación ¿Van unidos o pueden ser conceptos complementarios?

En la construcción de personajes para nuestras novelas hay muchos aspectos a tener presentes para crearlos, como comenta Javier Miró en este vídeo y en este. Es cierto que necesitamos saber bastante de ellos, trabajarlos, conocerlos, jugar con ellos y una cosa que no debemos perder de vista es el qué hacen en la historia, cómo contribuyen a la trama y sobre todo, por qué están donde están. De estas tres preguntas, la tercera hace referencia a las razones que existen para que ellos avancen a lo largo de la historia, es decir nos pregunta por la motivación que puedan tener estos personajes.

¿Qué es una motivación?

Según la RAE, un lugar que debo visitar con más frecuencia de lo que lo hago, motivación, en su tercera acepción es:

Conjunto de factores internos o externos que determinan en parte las acciones de una persona.

Otros factores que se unen a la motivación pueden ser creencias externas e internas, el miedo, la cultura en la que se vive y la personalidad.

Esa acepción de la palabra nos habla de “factores”, elementos que interaccionan entre ellos para provocar algo. ¿Qué puede actuar como factores de la motivación? Se me ocurren los siguientes: deseo, interés, curiosidad, envidia, excitación, adicción, moral, seguro que hay muchos más. Todos ellos son causas que pueden presentarse en algún momento determinado o estar presentes de forma continuada hasta conseguir el objetivo.

En las personas es complicado saber cuales son sus motivaciones, una forma de intuirlas es haciendo la pregunta “¿qué es lo que quiero?” y de cara a nuestros personajes “¿qué es lo que quiere o necesita este personaje?”. Obviamente, esos intereses tienen que estar alineados con realidades del mismo, es decir, que sean creíbles y antes de hacer la pregunta, se ha tenido que crear unos rasgos psicológicos.

Por ejemplo, estamos trabajando en unos personajes y uno de ellos va a viajar mucho, la pregunta que nace tras este pensamiento es ¿por qué viaja?. Una respuesta rápida y fácil es “tiene curiosidad por lo que hay más allá del coñacvino, el río que hace de frontera”. Aquí identificamos un deseo, del personaje y una cualidad, quiere saber qué hay más allá y además es curioso. La motivación para viajar es esa curiosidad.

Si la respuesta fuese, “quiere dejar de llamar la atención”, queda bastante difuso, necesitaríamos saber por qué no quiere llamar la atención y qué le hace pensar que fuera de su región hay algo o alguien que puede ayudarle, pero la motivación existe. No es tan clara como el ejemplo anterior pero ahí está.

¿En qué cristaliza una motivación?

Después de conocer la motivación existente, lo siguiente que aparece, casi de forma simultánea a la respuesta anterior es cómo conseguirlo, objetivos que se plasman y que se convierten en guías.

De cara a la escritura, no creo que sea necesario crear un plan de objetivos, tareas y demás para nuestros personajes, pero si creo necesario tener en mente o plasmarlo en la ficha de personaje, tanto la motivación, la naturaleza de dicha motivación y el objetivo. De este modo, queda claro cómo va a moverse por la trama.

 

Obligaciones, la suma o la resta a las motivaciones.

Muchas veces, por lo menos me pasa a mi, confundo obligaciones con motivaciones. Se parecen mucho porque dentro de nosotros sentimos lo mismo con ambas, actuamos para conseguir algo, llegar a algún sitio. Pero el origen no es el mismo porque con la motivación, el pensamiento es lo que quiero hacer y con la obligación el pensamiento es lo que tengo que hacer, sutil ¿no?.

La definición según la RAE de obligación es:

Vínculo que sujeta a hacer o abstenerse de hacer algo, establecido por precepto de ley, por voluntario otorgamiento o por derivación directa de cierto actos.

Es decir, un acto que nos influencia de forma directa para modificar nuestros objetivos. Una parte de la definición puede entroncar con la motivación y es cuando actuamos de forma voluntaria, es decir, cuando algo lo tomamos como obligación. Aquí la motivación tiene un extra, que es una obligación nacida de la misma, es cuando decimos que quiero y tengo que hacer algo. En este caso la obligación suma fuerzas con nuestra motivación.

Por lo demás, una obligación cae impuesta y no tiene por qué satisfacer o ayuda a nuestras motivaciones. Es más, estas obligaciones tienen el poder de cambiar nuestras preferencias a la hora de tomar y realizar objetivos. Si al personaje que quiere ir de viaje, le imponen la obligación de quedarse como jefe de guarnición en el puente que cruza el río, ya tiene servida la frustración, molestia y posiblemente enfado porque no puede cumplir el objetivo de saciar su curiosidad, además por culpa de alguien que ha decidido por el qué tiene que hacer. Aquí resta y bastante.

Por tanto, los personajes necesitan tener claras sus motivaciones, qué cosas quieren y los escritores deben vestir esas motivaciones con cuanta más información mejor, plasmar y definir factores que contribuyen a esa motivación, más rasgos psicológicos definidos.

De esta forma, en la planificación, o cuando ya se escribe (si se es brújula), cuando se den los puntos de giro que fuercen al personaje en cuanto a la consecución de lo que quiere, el escritor tendrá más claro cómo reaccionará a esos contratiempos, sabrá si influyen de forma directa sobre sus objetivos, o solo es algo tangencial y que no genera demasiado conflicto.

Aliados para avanzar

Las motivaciones, las obligaciones y los deseos son grandes aliados nuestros para poder dar profundidad, tanto a nuestros personajes como a la historia. Os propongo un ejercicio: tomad una obra, la que estéis leyendo por ejemplo, elegid a un personaje (si hay más de uno) y tras los cuatro primeros capítulos de lectura, intentad descubrir las motivaciones que tiene. Cuando terminéis la lectura, ¿habíais acertado en ellas? ¿Habéis errado el tiro? ¿Han cambiado?. Yo lo voy a hacer con Seizo, de “El guerrero a la sombra del cerezo”, aunque llevo ya casi medio libro y supongo que por Twitter os contaré cómo me ha salido el ejercicio.

Evolución del Personaje, ¿él o su entorno?

Ayer estuve hablando con mi pareja sobre los personajes, si algunos son planos, otros redondos, en fin, lo que normalmente se habla de ellos. Esta conversación vino a cuento de que ella no aguantaba más y ha comenzado a ver en HBO la octava temporada de Juego de Tronos. Yo, cabezota que soy, me niego hasta que no lea la saga entera de Canción de Hielo y Fuego, lo cual es un problema ya que el señor Martin, no la ha terminado.

El caso es que estuvimos hablando sobre la evolución de varios personajes, ella desde el punto de vista de la serie, yo desde lo que se y recuerdo de lo leído. La discusión rondaba sobre si tal o cual personaje había cambiado mucho desde el inicio hasta el final, que si Sansa sufre un gran cambio, Arya también pero Jon Nieve no, seguía con los mismos rasgos que tenía cuando nos lo presentó Eddard antes de perder… bueno, eso, como era en el primer libro.

Yo no estaba ni estoy muy de acuerdo con el caso de Jon Nieve (recordado que Festín de cuervos y siguiente no he leído) ya que solo la estancia con los Pueblos libres del otro lado del muro si que ha hecho mella en su personalidad, otra cosa es que sus rasgos definitorios sean tan fuertes que tienda a actuar del mismo modo casi todo el tiempo, pero él ha cambiado, enfrenta los retos de forma diferente y los ideales del inicio los pierde rápidamente.

Esta conversación me recordó que en el blog Nada empieza nunca de Oscar Iborra, se hace una reflexión sobre este tema (leedlo aquí, que mola) partiendo del recurrente tema del Viaje del Héroe, de Joseph Campbell (o Monomito) donde se hace hincapié en la necesidad de que el personaje debe cambiar tras las experiencias vividas y planteando un supuesto, que el personaje principal no cambie. Para ello se sirve de «Lo que el viento se llevó» para presentar a un personaje que, desde su punto de vista, no cambia y es nada mas ni nada menos que la señorita Scarlett O’Hara y durante su entrada comenta:

¿puedes imaginar a Scarlett O’Hara como personaje de una historia de fantasía, viviendo un viaje del héroe? ¿Qué saldría de ahí?

La transformación del personaje: ¿condición indispensable?

Personajes monotema

Y tras leer esa pregunta, rápidamente me vino este personaje a la cabeza:

Cersei Lannister, para mi y hasta donde he leído (y spoilers que no he conseguido esquivar) me parece un personaje nada plano, con muchas aristas, sobre todo en el plano psicológico y monotemático, quizás más claro que Jon Nieve. Esta mujer, todo amor hacia sus hijos y devoción hacia el apellido Lannister, se ve atrapada en el juego, en una verdadera marea de necesidades, obligaciones y lealtades, gracias a su padre y a sus hermanos. Ella desde el principio es una mujer que DEBE ser fuerte pero no entrometerse en los asuntos de los hombres, DEBE defender el honor de la casa Lannister a toda costa y obedecer a la imagen central de la casa, su padre y en todo momento sufre y decide lo que sea por mantener a sus hijos vivos, que no libres de las obligaciones que se piensa que tienen. Porque otra cosa que no esconde es un gran apetito de poder.

Pero al final, ¿cambia o no cambia?

Aquí he de apuntar algo que también comenta Oscar y es que realmente, Cersei en el fondo no cambia, muda de máscaras (posible cambiante de Campbell) para mantener sus objetivos en todo momento, proteger y mantener, pero todo a su alrededor va cambiando. Ella se esfuerza porque esos cambios no afecten a su entorno, con tesón lo hace, pero afectan.

Es cierto que tengo que seguir leyendo para poder corroborar esta idea o retractarme, pero me viene al pelo para ahondar en esa idea, que los camios que se dan alrededor del «personaje monotema» al final hacen que uno tenga sensación de que ese personaje haya evolucionado, cuando realmente no es así.

Otra cuestión que considero en la posible no evolución a lo largo de la novela es que las convicciones del personaje sean tan fuertes y estén tan arraigadas, que aunque haya partes de su personalidad que hayan podido modificarse, el fondo, el centro de la motivación del dicho personaje, se mantenga intacto y en momentos críticos, sea realmente esos rasgos los que aparezcan y se impongan. Como he comentado antes, eso es lo que veo en Jon Nieve.

En resumen, que hasta que no termine de leer la saga no sabré si mis intuiciones son ciertas pero lo que si es verdad que parece ser que no es necesario que el personaje realmente cambie para tener una sensación de evolución del mismo, si el entorno donde se encuentra cambia, nos ayuda a percibir el movimiento si que haya.

Personajes, aptitudes físicas y habilidades

En una novela, cuando la leemos, tarde o temprano nos encontramos al personaje haciendo algo manual, físico, conceptual, no solo vemos sus anhelos e intereses y como lectores, según avanza la historia podemos intuir que es competente en tal o cual cosa, que se le da bien hacer algo en concreto, que tiene habilidad con la espada o conduciendo pero poco más y es suficiente realmente para nosotros, porque con sus capacidades físicas presentadas en el escrito, la historia avanza y es coherente. En mi caso, que estoy aprendiendo este noble arte de juntar palabras de forma coherente y que no aburra, he encontrado muchas guías para ayudarme como autor en la creación de personajes y todas ellas inciden en algo muy importante, que es la psique del personaje, sus motivaciones y su forma de ser y afrontar los problemas. Realmente es algo importante conocerlo, sin la motivación de personaje, no puede generarse conflicto, que es lo que mueve la historia, pero me ha surgido una pregunta y es la siguiente ¿necesita un personaje tener sus habilidades definidas?

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