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Categoría: Escritura

El Tema del texto La cuestión profunda del escrito

Nos parezca extraño o no, cuando leemos un libro, relato, cuento, novela, vemos qué historia nos cuenta el autor, si escarbamos un poquito (a veces no es necesario), descubrimos la trama y el argumento y si está bien escrita, somos expuestos al tema del texto pero sin darnos cuenta de forma directa.

El tema y yo

He de reconocer que hasta hace bien poco, más o menos el tiempo que llevo formándome para escribir mejor, a parte de lo que estudié en BUP y COU, que veo que solo memoricé para pasar Lengua y Literatura, cuando leía un libro solo buscaba una cosa: entretenimiento, evasión. No me paraba a mirar más allá de la historia que me contaban, cómo terminaba y si me gustaba.

Pensaba «libro leído, me ha gustado. A ver qué leo ahora», y ya está. Nada más. Eso de intentar identificar cómo está escrito, la trama, subtramas, sistemas de magia o sociedades utilizadas, no pasaban por mi mente, solo un «El Silmarillion mola, ¿por qué se quejan tanto?».

Así que ni os cuento eso de descifrar el tema que el autor me presentaba en esa obra. Ahora, que considero que necesito aprender más, es cuando me pregunto ¿pero qué tema hay aquí? ¿Me he enterado de algún tema alguna vez?

Con todo esto so quiero decir que si esperáis encontrar en este artículo una forma de identificar temas en un escrito, no sigáis leyendo, que no lo va a haber. Más bien quiero presentaros una pequeña reflexión sobre lo que yo entiendo a día de hoy sobre el tema de una obra y poco más. Seguro que con más tiempo, experiencia y bagaje, podré completar esta entrada de blog.

Las aguas del fondo

El tema literario de una obra es la idea subyacente a toda ella, es el concepto último que impregna todo el texto y que es lo que el autor quiere presentarnos.

Yo lo quiero ver como el agua que hay al fondo de un pozo. Esa agua, está ahí, baje o no el cubo, se limpien las paredes de vegetación o no e imprime de una sensación de frescor todo lo que hay.

Cuando te acercas a el, sabes que está allí porque puedes olerla, sentirla, escucharla si cae algún guijarro y no es necesario que la toques y la veas para asegurarte de que está. Así es un tema bien presentado, algo que engloba todo lo que se lee.

¿Hay un tema solo en el escrito?

Por lo que he leído de la cuestión, ya que la experiencia la tengo que realizar, no siempre hay un tema solo, sino que es posible que haya varios. Es verdad que si hay varios, tienen que tener algo el común y seguro que realmente habrá uno con más peso que el resto, un tema directriz por llamarlo de alguna forma.

Tipos de temas

Hay una cantidad ingente de temas, tantos como puedas imaginarte tu. Pero también he de decir que no hay nada nuevo bajo el sol, que son los temas que conmueven a la especie humana desde que es una especie sintiente e inteligente y con un lenguaje.

Por lo que no creo que podamos esperar novedad alguna en esto cuando cojamos el siguiente libro.

Estos se pueden expresar en forma de una palabra, amor, odio, miedo, envidia, dolor… o en una frase corta, amor al prójimo, odio entre iguales, miedo a lo desconocido, envidia de poder, dolor ajeno… e incluso con una frase un poco más elaborada, pero corta. Si un tema de una obra lo expresas en un párrafo tan largo como el que estás leyendo, o no es el tema o no sabes como resumirlo.

¿Es necesario identificar el tema?

No creo que sea necesario determinar el tema de un texto si eres un lector que buscas entretenimiento. Yo me he pasado más de veinte años sin hacerlo, los libros me han gustado y han realizado su función. PEEERO si eres curioso o si quieres saber más de la obra que tienes entre manos, siempre es interesante y a veces necesario determinar el tema o lo temas que TU como lector has detectado en el libro.

Porque esta es otra de las cuestiones interesantes, que el autor haya sido consciente de plasmar un tema y considerarlo principal o importante y algunos lectores no lo consideren así, tomando otro tema como principal.

Para concluir, os dejo aquí dos enlaces a dos artículos donde también abordan esta cuestión.

Mapas y dibujos, ¿herramientas de escritura?

En el poco tiempo que llevo escribiendo, para mi por ahora, me he dado cuenta que muchas veces solo con la idea no llego a enterarme de donde estoy. Eso ha provocado que me ponga a esbozar mapas y dibujos de lugares para ubicarme.

Imaginación y composición de lugar

No se muy bien cómo trabajarán otras personas, si con su imaginación es suficiente o buscan imágenes y lugares en fotos. Yo necesito sacar los lugares a un papel para poder enterarme de dónde se ubican los personajes, las posibles escenas e incluso, para poder mejorar las descripciones de las mismas.

No soy muy bueno para las medidas de longitud y las distancias, por lo que se me hace difícil ponderar, por ejemplo, cómo de alto es un edificio, cuanto puede ocupar una iglesia o incluso la superficie de un campo de fútbol. Eso hace que no me sienta seguro con la descripción de las ubicaciones, por lo que recurrir a mapas y dibujos es algo que se presenta casi necesario.

Además me viene muy bien para fijar zonas del escenario que puedan ser importantes para el relato y que se mantengan «inalterables», es decir, que si he localizado la panadería a dos casas de la iglesia y en esa panadería tengo pensado que haya un asesinato, al localizarla con precisión, disminuyo las posibilidades de que esté bailando por todo el pueblo y que siempre haya la misma distancia.

Procastinar trabajando

El hecho de que necesite esas «ayudas», hace que invierta bastante tiempo con dibujos y bocetos. Pero no solo con eso, sino que me dedico a andar por la red, por lugares pocos sospechosos de generar problemas de productividad, como puede ser Pinterest ( este tablero mío o este otro) o el propio google maps, por lo que puedo estar mucho tiempo buceando por la red de redes.

Eso hace que se pueda plantear la pregunta ¿hacer mapas y planos puede ser una forma de escaquearse de lo que toca hacer, que es escribir?

A esto hay una entrada en el blog de Centauros de Orión, que se titula «Dibujar mapas también es escribir«, que plantea qué implica hacer estos esquemas al autor. Yo estoy bastante de acuerdo porque realmente lo veo más como una herramienta, como he comentado antes pero tiene un gran riesgo, que es perderse en la profundidad de campo o de detalle.

El esbozo de un mapa (un poco desenfocada la foto) de una región donde quería localizar un relato…

Detalles, detalles, ¿hasta dónde?

Este apartado lo he titulado con dos palabras contradictorias y ¿por qué?, sencillo, porque este tipo de trabajo tiene un reverso oscuro que te puede atrapar engañándote de una forma muy sibilina y es haciéndote creer a ti mismo que todo lo que dibujes, plasmes en el papel, es necesario. ¡ERROR! no es necesario todo, una parte si, el resto PUEDE ser útil. Recalco la palabra «puede» porque es una posibilidad, porque quiero dar a entender que no siempre servirá par algo más que el gusto de ver un mapa con todos los arbolitos dibujados o con todos los picos de una pequeña cordillera con un nombre o con todos los listones del suelo de la taberna delineados.

Yo soy amigo del detalle en estas cosas, me da seguridad tener todo bien atado, hasta para los planos que preparo para partidas de rol, pero soy consciente que hay partes del pueblo en el que estoy trabajando, por ejemplo, que me basta con saber que es una herrería y no necesito saber el árbol genealógico de los dueños de la misma, por muy tentador que sea esa coletilla que aparece en la mente… «por si acaso…». NO, es necesario saber dónde parar.

Una manera de ayudarnos a parar es crear una lista de los elementos indispensables en el plano o dibujo, los que son necesarios si o si, luego de los importantes, que suelen ser elementos cercanos o complementarios a los necesarios y por último, los útiles. Después comenzar a trabajar con esas listas en ese orden. Así se puede reducir esa vocecita que siempre nos empuja a poner más y más.

Herramientas útiles pero no imprescindibles

A mi me encantan estos dibujos y como he comentado antes, se me hacen necesarios pero entiendo y considero que, en realidad, solo son una herramienta más de la que podemos echar mano en cualquier momento. Por ello no es necesario obcecarse en tener que dibujarlo todo, a veces con tener una foto de un paisaje sacada con nuestra cámara o por internet, sobra y además así disminuimos el tiempo invertido en esto para poder ponerlo en otra parte como puede ser planificación o escritura.

Por tanto, considerar los mapas y dibujos como tal, aunque para mi tienen un extra y es que pueden servir como acicate para crear más historia u otras historias. No descartéis el poder de la imaginación junto con la potente pregunta ¿Y si…? mientras miras un mapa, plano o dibujo.

Las ideas puede saltar desde ese lugar a tu mente, a veces hasta de forma inconsciente y después de un tiempo, esa idea crece y te lleva de nuevo al dibujo.

Y vosotros, ¿abusáis de los dibujos, mapas, esquemas? ¿tiráis más de internet? ¿o quizás pensáis que eso de garabatear en un papel no es escribir?

NaNoWriMo o como competir contra uno mismo

Estamos cerca de una fecha interesante en general, entraremos en el mes de noviembre, donde estamos a un mes de fiestas, en la recta final del año y el mes donde las personas que escriben, tienen la oportunidad de estresarse un poquito más si ya no lo están porque comienza el NaNoWriMo y la consecución de objetivos.

¿Qué es eso de NaNoWriMo?

Es la forma corta de decir National Novel Writing Month, un evento creado en los EEUU en el que se busca que los participantes escriban una novela en un mes. La página oficial de esto, que además es una organización (creo que sin ánimo de lucro), es esta https://nanowrimo.org/.

Es algo que conozco desde el 2012 y que según voy entrando un poco más en el mundo de los escritores, es un evento plenamente conocido y del que se habla bastante. Aquí os pongo tanto una serie de vídeos interesantes y cortitos de Javier Miró, como unos enlaces a diferentes páginas y blogs donde dan algún tipo de consejo para afrontar esto:

Objetivo NaNoWriMo

Autorquía

Sinjania, Dos recomendaciones para preparar el NaNoWriMo

Nueve consejos para superar el NaNoWriMo

Café del Escritor, Consejos para sobrevivir al NaNoWriMo con éxito

Hay muchas más, así que si estáis interesados, rebuscad un poco por internet que seguro encontráis mas.

¿He participado?

Pues si, varias veces con resultados desastrosos excepto uno, el del 2017, que conseguí una cantidad interesante de palabras. No llegué a objetivo pero me quedé en una parte de la historia que me gustó y proseguí, ya sin la tensión de terminar en una fecha, hasta terminar la historia que tenía en mi cabeza.

El resto de intentos fueron fracasos estrepitosos, pero que me han servido a conocerme un poco más como escritor, a ver que soy muy brújula pero por dos razones: la primera por mi experiencia preparando aventuras para partidas de rol y la segunda porque hasta la fecha, no he sabido organizarme ni planificarme mis trabajos.

La primera razón es porque casi nunca he preparado al detalle ninguna aventura que sea comprada porque soy bastante vago y lo más importante, mis jugadores son verdaderos expertos en hacer lo que uno no ha previsto y eso obliga a improvisar historia sobre la marcha.

¿Qué pienso sobre el evento?

Que es interesante, divertido y creo que hasta necesario para cualquiera que quiera escribir. Y me atrevo a decirlo porque es una forma de probarse uno, es como una olimpiada o unos mundiales de atletismo, hasta que el atleta no corre en este tipo de eventos, no sabe realemente de lo que es capaz de hacer o hasta donde puede llegar y quizás más importante, los fallos y errores que se pueden tener.

¿Y tiene premio?

¿Que si tiene premio? ¿no es suficiente premio para uno saber que puede terminar un borrador en treinta y un días? ¿completo? Creo que ese es un muy buen premio, no es el final del camino si es que quieres publicar pero si es una satisfacción saber que uno puede hacer eso. Yo todavía no lo he conseguido, pero seguro que un año de esto lo hago, fijo… o no, por eso el NaNoWriMo y la consecución de objetivos es algo que debe premiarse.

Otro premio son todas las ideas que quedan registradas, con el seguimiento de las palabras escritas. No se queda el borrador escrito, eso lo tienes que tener en tu ordenador, pero si has rellenado el resumen inicial plantando la idea, es una forma de tener algunas ideas guardadas y hasta dónde han llegado.

Finalmente solo quiero animar a conocer la iniciativa y a que os unáis a ella, yo este año no la voy a realizar porque este noviembre para mi va a ser un mes muy agitado y con cambios personales, así que lo dejo para el año que viene. Y me fastidia, porque estaba esperando esta fecha desde el año pasado.

Personajes: Motivación y Obligación ¿Van unidos o pueden ser conceptos complementarios?

En la construcción de personajes para nuestras novelas hay muchos aspectos a tener presentes para crearlos, como comenta Javier Miró en este vídeo y en este. Es cierto que necesitamos saber bastante de ellos, trabajarlos, conocerlos, jugar con ellos y una cosa que no debemos perder de vista es el qué hacen en la historia, cómo contribuyen a la trama y sobre todo, por qué están donde están. De estas tres preguntas, la tercera hace referencia a las razones que existen para que ellos avancen a lo largo de la historia, es decir nos pregunta por la motivación que puedan tener estos personajes.

¿Qué es una motivación?

Según la RAE, un lugar que debo visitar con más frecuencia de lo que lo hago, motivación, en su tercera acepción es:

Conjunto de factores internos o externos que determinan en parte las acciones de una persona.

Otros factores que se unen a la motivación pueden ser creencias externas e internas, el miedo, la cultura en la que se vive y la personalidad.

Esa acepción de la palabra nos habla de “factores”, elementos que interaccionan entre ellos para provocar algo. ¿Qué puede actuar como factores de la motivación? Se me ocurren los siguientes: deseo, interés, curiosidad, envidia, excitación, adicción, moral, seguro que hay muchos más. Todos ellos son causas que pueden presentarse en algún momento determinado o estar presentes de forma continuada hasta conseguir el objetivo.

En las personas es complicado saber cuales son sus motivaciones, una forma de intuirlas es haciendo la pregunta “¿qué es lo que quiero?” y de cara a nuestros personajes “¿qué es lo que quiere o necesita este personaje?”. Obviamente, esos intereses tienen que estar alineados con realidades del mismo, es decir, que sean creíbles y antes de hacer la pregunta, se ha tenido que crear unos rasgos psicológicos.

Por ejemplo, estamos trabajando en unos personajes y uno de ellos va a viajar mucho, la pregunta que nace tras este pensamiento es ¿por qué viaja?. Una respuesta rápida y fácil es “tiene curiosidad por lo que hay más allá del coñacvino, el río que hace de frontera”. Aquí identificamos un deseo, del personaje y una cualidad, quiere saber qué hay más allá y además es curioso. La motivación para viajar es esa curiosidad.

Si la respuesta fuese, “quiere dejar de llamar la atención”, queda bastante difuso, necesitaríamos saber por qué no quiere llamar la atención y qué le hace pensar que fuera de su región hay algo o alguien que puede ayudarle, pero la motivación existe. No es tan clara como el ejemplo anterior pero ahí está.

¿En qué cristaliza una motivación?

Después de conocer la motivación existente, lo siguiente que aparece, casi de forma simultánea a la respuesta anterior es cómo conseguirlo, objetivos que se plasman y que se convierten en guías.

De cara a la escritura, no creo que sea necesario crear un plan de objetivos, tareas y demás para nuestros personajes, pero si creo necesario tener en mente o plasmarlo en la ficha de personaje, tanto la motivación, la naturaleza de dicha motivación y el objetivo. De este modo, queda claro cómo va a moverse por la trama.

 

Obligaciones, la suma o la resta a las motivaciones.

Muchas veces, por lo menos me pasa a mi, confundo obligaciones con motivaciones. Se parecen mucho porque dentro de nosotros sentimos lo mismo con ambas, actuamos para conseguir algo, llegar a algún sitio. Pero el origen no es el mismo porque con la motivación, el pensamiento es lo que quiero hacer y con la obligación el pensamiento es lo que tengo que hacer, sutil ¿no?.

La definición según la RAE de obligación es:

Vínculo que sujeta a hacer o abstenerse de hacer algo, establecido por precepto de ley, por voluntario otorgamiento o por derivación directa de cierto actos.

Es decir, un acto que nos influencia de forma directa para modificar nuestros objetivos. Una parte de la definición puede entroncar con la motivación y es cuando actuamos de forma voluntaria, es decir, cuando algo lo tomamos como obligación. Aquí la motivación tiene un extra, que es una obligación nacida de la misma, es cuando decimos que quiero y tengo que hacer algo. En este caso la obligación suma fuerzas con nuestra motivación.

Por lo demás, una obligación cae impuesta y no tiene por qué satisfacer o ayuda a nuestras motivaciones. Es más, estas obligaciones tienen el poder de cambiar nuestras preferencias a la hora de tomar y realizar objetivos. Si al personaje que quiere ir de viaje, le imponen la obligación de quedarse como jefe de guarnición en el puente que cruza el río, ya tiene servida la frustración, molestia y posiblemente enfado porque no puede cumplir el objetivo de saciar su curiosidad, además por culpa de alguien que ha decidido por el qué tiene que hacer. Aquí resta y bastante.

Por tanto, los personajes necesitan tener claras sus motivaciones, qué cosas quieren y los escritores deben vestir esas motivaciones con cuanta más información mejor, plasmar y definir factores que contribuyen a esa motivación, más rasgos psicológicos definidos.

De esta forma, en la planificación, o cuando ya se escribe (si se es brújula), cuando se den los puntos de giro que fuercen al personaje en cuanto a la consecución de lo que quiere, el escritor tendrá más claro cómo reaccionará a esos contratiempos, sabrá si influyen de forma directa sobre sus objetivos, o solo es algo tangencial y que no genera demasiado conflicto.

Aliados para avanzar

Las motivaciones, las obligaciones y los deseos son grandes aliados nuestros para poder dar profundidad, tanto a nuestros personajes como a la historia. Os propongo un ejercicio: tomad una obra, la que estéis leyendo por ejemplo, elegid a un personaje (si hay más de uno) y tras los cuatro primeros capítulos de lectura, intentad descubrir las motivaciones que tiene. Cuando terminéis la lectura, ¿habíais acertado en ellas? ¿Habéis errado el tiro? ¿Han cambiado?. Yo lo voy a hacer con Seizo, de “El guerrero a la sombra del cerezo”, aunque llevo ya casi medio libro y supongo que por Twitter os contaré cómo me ha salido el ejercicio.

¿Vino o Cerveza? dudas de un constructor de mundos

Comenzamos en nuevo curso con una entrada mixta, donde intentaré explicar una duda que me ha surgido con referencia a las bebidas alcohólicas y la importancia que puedan tener este tipo de detalles en la creación de mundos.

En medio del verano he terminado los cursos de Escuela de Escritores en los que estaba embarcado, véase: Pensar tu novela, Pensar tu novela histórica y Psicología del Personaje. En dos de ellos han surgido ideas que tienen base para poder desarrollar (algunos diría que son ideas con chicha), estando una de ellas está directamente relacionada con un objetivo que tengo a corto-medio plazo que consiste en escribir una novela corta histórica.

Origen de la duda

Me encontraba escribiendo la misma escena con tres tipos de narradores diferentes para intentar decidir qué narrador le viene mejor a la historia (ejercicio propuesto en el curso de Pensar tu novela histórica), cuando me entró una duda: ¿qué bebían en las tabernas, vino o cerveza?. De forma instintiva elegí vino, puse una nota tipo “revisa esto” y seguí con el experimento. La escena se localiza en Palestina alrededor de 1145, en los reinos cruzados de Outremer con un protagonista occidental, nacionalidad todavía no determinada.

La cuestión es que la duda se había acantonado en esa parte del cerebro desde donde se acantonan los pensamientos, dudas, ideas y es complicado sacarlas a no ser que te centres en su resolución, por lo que al final decidí prestarle la atención que me demandaba.

He empezado rebuscando información en los libros de historia que tengo como consulta referente pero éstos poco hablan de bebidas, se centran más en si Fulanito gobernó Turruncón o Menganito se lo cepilló porque no le gustaba su barba, por lo que de poco me han servido para este menester, pero algo si que he sacado y ha sido una relación de los cultivos de la región, sabiendo de esta forma que tanto la uva como la cebada, trigo, manzanas y otros frutales estaban presentes. La materia prima estaba en la zona.

A esta imagen le falta una mano apareciendo por la parte superior derecha

Ramificación de dudas

Esto me llevó a otra pregunta ¿qué bebían las clases nobles? ¿vino, cerveza? ¿y el resto? Estas nuevas incógnitas me desviaban un poco de la búsqueda inicial, pero tenía su interés. Prosiguiendo, el vino es un producto de fermentación… espera, otra duda ¿y las bebidas tipo whisky, las de destilación? En esa época ya se conocía el proceso destilatorio, ¿no podrían estar presentes de alguna forma? Pues no, el proceso de destilación alcohólica para conseguir un resultado refinado y de consumo masivo más allá de preparados especiales y concretos realizados a modo de medicinas, se dio más tarde. Bien, ya hemos aclarado algo.

Volvemos al vino. Es un producto de la fermentación del mosto de uva, su conocimiento es desde hace mucho tiempo, se data en la Edad del Bronce. Esto implica que para 1145, la producción de vino en casi cualquier lado es conocida y realizada. La siguiente pregunta es ¿y quién lo tomaba? ¿todo el mundo? ¿solo unos pocos? A esto la respuesta que encontré me ha parecido curiosa y además interesante. La uva recogida sufría varios prensados y los diferentes mostos, de mayor calidad a menor calidad, se reservaban para las diferentes clases sociales, de forma que el primer mosto era para los vinos de la nobleza y el resto de mostos, para las demás clases sociales, llegando a servirse casi vinagres en tascas de mala muerte y para la gente más pobre.

Otro detalle es la forma en la que se preparaba el vino, una vez fermentado. Para las clases altas, ese mosto fermentado era servido mezclado con agua o diferentes especias como pimienta, jengibre, clavo, cardamomo, nuez moscada, azúcar, así como caliente o frío. Para las clases medias y bajas, lo normal era tomarlo con agua, bajando así el grado alcohólico y haciéndolo más suave, menos seco. Las especias, dependiendo de la capacidad adquisitiva de la taberna o de la familia, alguna especia podía añadir pero poco la verdad. El tema de aguar el vino era común y normal, por lo que las quejas no serían por no tener agua, sino por aguarlo tanto que casi no sabría a vino, cosa es que, en más de una tasca ocurriría. La consecuencia de demasiada agua en el vino era que el personal no se emborrachaba, pero eso no gustaba y por tanto, el tabernero que abusaba del agua en su vino, no era bien visto.

Por el otro lado, había casas nobles que llegaban a tomar el vino sin ni una gota de agua, por lo que consideraban al vino como una bebida seca y era un signo de riqueza, amén de las especias que pudiesen añadir.

Agua, rica agua…

Un detalle a tener presente es el agua. El uso y disfrute del agua para beber en esas épocas no era como ahora, que casi no nos preocupamos del estado de la misma. El agua, si no era de manantiales o de pozos, donde ya se ha dado un proceso de filtrado, es un elemento muy peligroso para la salud. En 1145 una colitis que actualmente tratamos con unos yogures y un fortasec, te llevaba al hoyo casi seguro, por lo que el uso de agua era controlado y debía ser agua hervida o de pozo. También es verdad que el grado de alcohol del vino puede ayudar a reducir la carga bacteriana y las tripas de la época también eran más robustas que las actuales. Pero era un factor a tener presente y otro detalle que he leído a raíz de la búsqueda de bebidas fermentadas, es que el vino solía ser común en zonas con relativa urbanización, las bebidas fermentadas más comunes en regiones de campesinos aisladas o donde no podría llegar una barrica de vino medianamente sana, era la sidra.

Bien, por lo leído e investigado me había hecho una idea, me encontraba satisfecho, hasta que noto un toque en el hombre (mental, realmente) y al prestar atención a esa llamada, una idea con cara de pocos amigos me dice ¿y qué pasa conmigo, majo? ¿qué pasa con la cerveza?. Ups, cierto.

El zumo de cebada

Cervezaaaa……

La cerveza, fermentado de cebada o trigo, bebida de las abadías y del norte y centro de Europa, bebida muy pero que muy popular entre germanos, normandos, ingleses, daneses, vikingos de los nortes… vamos, la bebida del norte. Después de leer un poco sobre el origen de la misma, la forma de producirla, su almacenaje, su forma de beberla, me he quedado con dos detalles que son muy importantes. El primero es que la cerveza artesana, es decir la cerveza que se hacía en esa época y actualmente se denomina artesana, era un precioso caldo de cultivo para hongos y bacterias sin no se cuidaba bien y el otro detalle, que en la actualidad a la cerveza conercial se le aplica un proceso productivo llamado pasteurización. De esta forma se elimina todo tipo de vida en el caldo y éste queda estéril.

En 1145 no había pasteurización que valga, por lo que la caducidad de la cerveza era mucho mayor que la del vino y me imagino (porque no lo he investigado) cercana a la de la sidra. Además todavía no estaba normalizado el uso del lúpulo como aditamento para equilibrar su sabor. ¿Y todo esto que significa? Que es una bebida muy centrada en una región de la tierra donde hay una serie de condiciones climáticas y culturales que la hacían prevalecer frente al vino, además de su caducidad. Por lo que en Palestina, beber cerveza, o es producida en alguna región donde habría norteños viviendo, como por ejemplo en el principado de Antioquía, o era muy difícil, por no decir casi imposible que estuviese en cualquier tasca del reino.

Llegados a este punto, ya estaba satisfecho, tenía la respuesta para la escena y realmente, para toda la novela… en cuanto a esto. Ya iba a dar carpetazo al tema cuando, como no, una cuestión me asaltó con nocturnidad y alevosía. Todo muy bonito, pero, ¿no te has dado cuenta que es una región principalmente musulmana?

Y vaya que si. Creo que es bien sabido que las sagradas escrituras musulmanas dejan clarinete que beber vino y jugar a juegos de azar son dos acciones consideradas como pecado, por lo que un buen musulmán debe abstenerse de eso. No voy a entrar en si era algo seguido con rigurosidad o no, pero lo cierto es que los gobernantes musulmanes, entre sus súbditos, debían evitar esas acciones. Que hubiese vino en las familias judías y negocios judíos o cristianos de la zona, seguro, pero antes de la llegada de los occidentales, dudo que fuese una bebida muy fácil de encontrar en cualquier posada. Así pues, si la acción de la novela se mueve fuera de las fronteras cristianas o fuera de poblados cristianos, tengo que cuidar un poco lo que beben los personajes.

Y ahora toca los comentarios sobre wolrdbuilding

Después de todo esto. ¿Y qué tiene que ver con la creación de mundos?

Según he avanzado en esta pequeña investigación para la novela histórica, me he dado cuenta que muchas veces en las historias fantásticas ponemos este tipo de bebidas a mano de nuestros personajes de forma un tanto despreocupada, o por lo menos tengo esa sensación. Pero, ¿alguna vez nos hemos parado a pensar cómo y dónde se produce ese vino o cerveza de nuestro mundo imaginario? ¿tiene capacidades de conservación más allá de las normales? ¿realmente es un producto de importación? ¿perecedero? ¿es un producto que tomarían de forma habitual en esa cultura? ¿es un producto exclusivo de alguna clase social o casta? ¿es utilizado en ritos religiosos? ¿hay reglas, leyes, normas o directrices religiosas que lo fomentan o lo prohíben?

Unas cuantas pregunas que pueden enriquecer un poco más nuestros mundos, aunque sea solo con detalles y con cuestiones que al final solo conocemos nosotros como demiurgos.

Estructura interna de los párrafos

Creo que ya he comentado varias veces que estoy en proceso de aprendizaje. Es cierto que todo el mundo, durante toda su vida lo está, sea consciente o no, pero más bien me refiero a «tener la intención de aprender algo nuevo«.

Escribir, o mejor dicho, juntar letras para formar palabras lo aprendemos en el colegio y realmente es indispensable, junto con leer, para nuestro día a día. Después ya es cada uno el que decide si con eso tiene suficiente para desenvolverse o no. En mi caso, hasta hace poco tiempo era así, con no cometer demasiadas faltas de ortografía y crear frases no muy complicadas que consiguiesen expresar ideas y que fuesen fácilmente comprensibles, bastaba. Pero en el momento que mi curiosidad, ingenuidad y quizás, ¿por qué no? locura me empujó un poco más allá, comencé a percatarme que necesitaba algo más.

Texto escrito, algo más que frases e ideas

En el instituto (yo soy de esa época) nos explicaban la estructura de un texto, además de las diferentes formas de construir frases, unir conceptos y crear estructuras. Nos hacían realizar análisis sintácticos de frases e incluso de pequeños párrafos, además de enseñarnos a identificar la estructura del mismo. Creo que es algo que tengo que recordar. ¿Y por qué? la razón está en los apuntes que me ha dado Jaime Miranda tras entregar mi primera tarea del curso que actualmente estoy realizando en Escuela de Escritores.

Entregué con las indicaciones y requerimientos propuestos para el ejercicio. Bueno, eso creía. La sorpresa que me llevé al ver los comentarios fue que gran parte de ellos se centraba en la estructura de las frases y párrafos. Me los fue marcando y es que tenía toda la razón del mundo. Otra cosa que me llamó la atención es la tendencia a crear rimas dentro de la prosa.

Os presento un párrafo del texto, de no mas de quinientas palabras:

«En su habitación parecía que existía una línea que la partía por la mitad, la zona donde se encontraba la cama, el armario y su baúl, parecía una leonera. Estaba todo desordenado, revuelto. Había ropas por todos lados, unas encima de otras, sin orden ni concierto. Solo existía una pequeña zona, en la mesilla al lado de la cama, junto al candil, donde la anarquía no reinaba a sus anchas. Era una pequeña caja, rectangular, no muy alta, con varios cilindros de lana apretada y forrados de terciopelo negro, donde se encontraba una nada desdeñable colección de anillos, bien ordenados y limpios

En cursiva y negrita está la terminación del pretérito imperfecto de varios verbos. Si hubiese buscado crear una prosa poética por alguna razón, lo había conseguido casi sin pensarlo porque recuerdo que esta parte del texto lo escribí del tirón. Pero esa no era la finalidad del párrafo, sino intentar enseñar cómo se encontraba la habitación de la protagonista, sin más pretensiones.

Otro error que hay, y este se ve en todo el texto, consiste en repetir de varias formas un mismo concepto, repitiendo (valga la redundancia) una misma palabra varias veces, e incluso escondida cambiándole la forma. Y es ORDEN. En el párrafo se puede ver tres veces dicha palabra en diferentes formas y en todo el texto, aparece seis veces en solo dos párrafos, es decir, hay otro párrafo con tres órdenes por ahí danzando.

Si cambiamos un poco la cosa…

Esta información me genera dos reflexiones, la primera es que «¡lo que me queda por aprender!, listillo» y la otra «con leer un par de veces no es suficiente y sobre todo QUE ALGUIEN EXTERNO TE REVISE LOS ESCRITOS«. Esto segundo es la confirmación en carnes que los correctores de estilo SON necesarios, además de aprender estilo, claro está.

Bien, ahora vamos a intentar mejorar el texto a ver qué conseguimos:

«En su habitación parecía que existiera una frontera. La zona donde se encontraba la cama, el armario y su baúl, aparentaba ser una guarida de felinos, una leonera. Estaba todo por todos los lados. Uno podía encontrarse prendas tanto en el suelo como en la cama, unas encima de otras, sin orden ni concierto. Solo una pequeña zona se libraba del lamentable estado, en la mesilla al lado de la cama, junto al candil. En ese oasis de pulcritud había una pequeña caja, rectangular, no muy alta, con varios cilindros de lana apretada y forrados de terciopelo negro, donde se encontraba una nada desdeñable colección de anillos, bien ordenados y limpios.»

En subrayado he presentado los cambios que me parecen que eliminan o mitigan los errores del párrafo inicial.

De esta forma creo que se consigue una lectura que no te de la sensación de tener un soniquete en la cabeza, algo que por leve que sea, puede distraer al lector de la lectura y de lo que se quiere contar.

Revisar nunca está de más

Y para terminar, decir que es necesario revisar lo que escribimos. Es cierto que no siempre se puede tener a alguien externo a uno dispuesto a que te revise y mire todo lo que escribas, por lo que se hace necesario e imperativo formarse. Y con esto, cierro el círculo creado en esta entrada.

Espero que os guste y os parezca útil, también me gustaría saber si con el segundo párrafo he conseguido mejorar o hay cosas todavía pendientes de cambiar.

Muchas gracias y un saludo.

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