Ya tenemos un personaje para la historia, o varios. Tenemos definido o pensada tanto la motivación como el deseo del mismo y ahora nos centramos en el conflicto que pueda tener.

Lo primero que nos puede venir a la cabeza es que ese malo muy malo que va a hacerle la vida imposible. Bien. Si, eso es, pero ¿por qué no puede ser una muralla kilométrica o un laberinto tortuoso o incluso, una fiesta anual en la que solo puede sobrevivir un representante de un distrito?

Hoy vamos a ver un poco sobre el Conflicto externo, ese antagonista con mil caras y que solemos ver solo una.

Choque de trenes

El personaje ha caído en una trampa y tiene el pié enredado entre las vías del tren. Escucha llegar un tren por la derecha y de repente, horrorizado, escucha otro por la izquierda…

Esto que se presenta en esta línea es una situación de tensión y un conflicto para nuestro personaje: o se libera de la trampa o queda muy malito cuando pase el tren por encima suyo. ¿Y por qué es un conflicto? porque la motivación de nuestro personaje es seguir con sus pesquisas, su deseo más inmediato es tener todas las partes de su cuerpo en su sitio y hay al menos un elemento que va en contra de ese deseo, el tren de su derecha. ¿Y el de su izquierda? ese es otro elemento a revisar más adelante o en otra entrada, quizás mejor en otra entrada.

En este ejemplo rápido hemos podido identificar los elementos de conforman ese triunvirato para crear dinamismo en la historia. Y el conflicto que vemos tiene un origen externo al personaje, es una máquina que se desplaza a toda velocidad. Este detalle es importante porque nos define el tipo de conflicto que es.

La importancia de conocer el tipo de conflicto

Cuando nos encontramos con este elemento en la novela, como lectores, nos ayuda a enfocar dónde está la fuente o fuentes de problemas con los que se va a enfrentar el personaje. Les podemos poner cara y así predisponernos de forma directa hacia uno u otro bando.

Como escribiente o escritor, presentar conflictos externos sirve para poner obstáculos visibles durante el recorrido de la historia y así poder darle diferentes resoluciones a los mismos, buscando avanzar tanto en lo que se cuenta como en la evolución del propio personajes. De esta forma, se puede considerar diferentes maneras de comprometerlo (o putearlo si tenemos mala baba) y decidir cómo sale de esa situación.

Por otro lado, podemos jugar con los conflictos externos y crear diferentes tipos de conflictos, unos más importantes que otros y de diferente naturaleza, como puede ser relacionados con decisiones de otros, elementos naturales, elementos arquitectónicos, faltas de habilidades, choque de intereses con otros personajes, desconocimiento de información, choque de culturas, cuestiones mágicas o de alta tecnología, burocracia y política.

Como podéis ver, hay muchos orígenes y se pueden utilizar de diferentes formas. Lo que hay que tener presente es que la presencia de un conflicto externo en la historia debe ser por algo, como consecuencia de algo y que sirva para algo. Eso de putear por putear, es cosa de Directores de juego sádicos y de escribientes sin ideas claras. Otra cosa es que como lector, te parezca que el autor se esté ensañando con un personaje demasiado y sin razón, hasta que se llega a un punto de la historia donde se da respuesta a todas esas putadillas, pero reconozco que eso es difícil de hacer, planificar y resolver.

 

Antagonista

De todo lo que hemos comentado hasta ahora, no ha aparecido esta palabra, antagonista. Según la RAE, es

 

    1     Que pugna contra la acción de algo o se opone a ella U. t. c. s.

4    Personaje que se opone a protagonista en el conflicto esencial de una obra de ficción.

Aquí tenemos dos acepciones para la palabra. En la primera se hace referencia a algo o alguien que está en oposición, en confrontación y en la cuarta se centran ya en otro personaje y lo circunscribe al conflicto esencia.

Por tanto, todo lo que antes he comentado entra dentro de la definición de Antagonista y el tren del principio es igual de antagonista que un personaje que no quiere que el protagonista gane una armadura mágica. Esto es, no es necesario centrar la idea en otro ser inteligente, puede ser un objeto, un accidente natural, e incluso un destino impuesto por un Dios.

La cuarta acepción es más restrictiva y quiere centrarlo en alguien que actúa activamente contra los deseos de nuestros personajes, que lo hace planeado y con consciencia de sus actos y además, que solo se centra en el conflicto esencial de la obra. Yo creo que esa es la idea tradicional de antagonista, que puede ser la primera que hemos tenido pero que no siempre ha de ser tan encorsetada. Ojo, si definida, pero no restrictiva. Si un antagonista que lucha en el conflicto o conflictos principales de la historia, se difunima y no queda claro quién es, puede hacer que el lector pierda esa referencia y llegue a no entender qué demonios está pasando y por qué ocurren las cosas.

 

Si queréis saber más sobre antagonistas y conflictos, estas dos entradas (aquí y aquí) pueden ayudaros mucho.