Siguiendo en el curso de Iniciación a la Literatura fantástica de Escuela de Escritores e impartido por los integrantes del blog Centauros más allá de Orión, esta vez nos propusieron crear un relato donde se dejase entrever un apocalipsis. Yo, después de leer la tarea, me dije «mola, tengo una idea que queda genial» y me puse a escribirla.


Se encontraron en el lugar acordado y fecha predefinida. Para ser invierno, en ese bosque de cedros libaneses, hacía demasiado calor. El resonar de la última trompeta estaba aún en el aire.

—Bien, mi parte de la Tarea está hecha. —Efreth sacudió las manos como si se quitase un polvo inexistente.

—Lo cierto es que mi parte no ha sido nada agradable —contestó Urkuat mientras se acercaba y estiraba las alas.

—¡Pero qué cojones más gordos tienes, hermana! —Puso los ojos en blanco.— ¿Cómo puedes decir que no es agradable abrir las portezuelas para que el dragón salga a dar un paseo?

—¿Qué dices de dragón? —replicó Urkuat casi sin mirarle— Nada de cabezas escamosas y reptilianas, he tenido que bajar a una de las mazmorras más oscuras de Medina para poder sacarla de su letargo.

Ambas devas se miraron unos segundos. El viento arreció y movió sus cabellos largos y plateados.

—Urkuat, hermanita, o no te he entendido bien o has dicho que has ido a Medina ¿Cierto?

—Si, eso he dicho, Medina

El rostro de Efreth comenzó a perder los rasgos humanos que había mantenido hasta el momento. Comenzó a mostrar su verdadera naturaleza, cosa que le ocurría cuando se enfadaba.

—¡CAPULLA! ¡Los jinetes están en el jodido Mediterráneo, justo en frente de la costa de Ascalón!

—¡No me chilles!— Un gesto de asombro y culpabilidad apareció en el rostro de Urkuat.— Todas podemos cometer errores, jolines. Hasta El lo ha dicho.

—Se refería a los humanos, incluso los ángeles y demonios pueden permitirse ese lujo. Nosotras, las creaciones directas del Demiurgo, NO.

Silencio.

—Pero El nos dijo que debíamos activar el plan I el 20 del 02 de 2020, según el calendario gregoriano humano.

La expresión de estupor que se dibujó en la cara de Efreth consiguió arrancar una sonrisa a Urkuat, aún con toda la tensión del momento. El restallar de la mano de Efreth contra su propio rostro cortó de raíz la sonrisa de su hermana.

—La hemos jodido hermanita. Pero bien que la hemos liado. Era el plan C el que había que ejecutar. ¿Y ahora cómo nos presentamos ante el y le explicamos lo ocurrido? —el tono sarcástico  que Efreth estaba utilizando rayaba el ridículo.— ¿Con qué puñetera cara vamos y le decimos «Papi, que la hemos cagado»?

—No creo que sea necesario, ya lo sabrá, con eso de ser totipotente, infalible y ubicuo, consigue enterarse de  absolutamente todo. Lo que no se es cómo no se vuelve loco con tanta cosa en la cabeza.— Un estremecimiento recorrió sus alas semipegadas al cuerpo.—Lo único, como no tiene permitido bajar aquí en persona, pues… nos quedamos y listo.

—Eso no es solución. Algo tenemos que hacer y pronto.

—Espera. Si has seguido los pasos al pie de la letra, —reflexionó Urkuat— los sellos son poco eficientes sin la Bestia de siete cabezas. Por otro lado, Al-Dabah, si su contrapunto, es la mar de destructiva.

—Ya lo tengo.— Le cortó Efreth. Hablaba con resignación pero sin dudar.— Formateo completo.

—¿Qué?

—Nada, desencadenamos un Ragnarök y todo se va a tomar por culo. Así hacemos una limpia completa y El puede empezar de cero otra vez.

—No le va a gustar nada. Nada de nada, hermana.

Y comenzaron a pasear por el idílico bosque.


Tras su escritura, revisé las condiciones del ejercicio y con asombro descubrí un «detallito» que se me escapó la primera vez que lo leí y era que los personajes principales del relato no se conocían hasta el momento del mismo. Y yo, en la línea uno dejo clarinete que no es así. Además una de las gracias del texto es que se conozcan. Así que, tuve que escribir otro relato y este, el que os presento ahora, es el que he presentado como tarea:


La luz se filtró a través de las nubes oscuras creando juegos de luces y sombras en el bosque. Esa zona era una transición entre hayas y robles hacia encinas y pinos. La temperatura bajaba drásticamente.

Alberto forzó el paso hasta llegar al claro que intuyó desde el interior del bosque. Al salir, la luz le deslumbró un momento y cuando ya pudo enfocar, vio que había una mujer. Estaba sentada en un tocón solitario.

—¡Eh! ¡Oiga, ¿Está bien?— acertó a decir entre bocanada y bocanada. El ascenso por la ladera había sido duro y más para alguien nada acostumbrado al ejercicio.

Ella se volvió y le miró, pero parecía ausente.

—Perdone, pero, ¿se encuentra bien? ¿tiene alguna herida?— Se preocupó Alberto mientas se acercaba con cautela. La mujer pareció reaccionar.

—No, no, me encuentro bien. Cansada y aturdida, pero bien.

—¿Cómo ha llegado hasta aquí? — «¡Qué pregunta mas tonta!» Se recriminó nada mas hacerla.

—Realmente no lo se. Al poco de comenzar todo dejé la ciudad. No sabía lo que pasaba pero las noticias…— Su voz se rompió por unos instantes, parecía que no iba a seguir hablando, la mirada volvía a estar perdida. Sacudió la cabeza.

—Horrible, no quise mirar hacia atrás, escuchaba un rugido lejano y todo mi cuerpo me decía que huyera.

Alberto se atrevió a acercarse un poco más.

—Yo estaba en la oficina. No podemos tener las noticias puestas pero siempre tengo una ventana del navegador con la SER. Cuando vi las imágenes de esas olas gigantescas comiéndose la costa, busqué la forma de salir de esa cárcel de metal y cristal.

Silencio y de repente la mujer comienza a sollozar. Olas de tristeza hicieron que su cuerpo temblase y enterró el rostro entre sus manos.

—¡Dejé a Perla sola en casa!. Del terror que tenía ni me atreví a acercarme para cogerla.

Alberto no sabía si acercarse a consolarla o quedarse dónde estaba. Optó por lo segundo.

—¿Y su familia está bien? ¿sabe algo de ella? Yo llamé a mi hermano para que se pasase por casa de mis padres y se los llevase lo más lejos posible.

Ella paró de llorar y le miró directamente. Las lágrimas habían corrido todo el maquillaje, su cara parecía un verdadero cuadro y el rictus de asco que se dibujó en ella, no ayudó a disminuir la sensación de ruina que daba la imagen.

—Tengo un padre y un hermano. Espero que se pudran y las olas se los lleven.

No supo que decir, se quedó en frente de ella unos segundos, aturdido por las palabras escuchadas y al final, se dejó caer en el césped del claro. Las nubes comenzaba a ser más espesas.

—Aún con la radio a toda potencia y corriendo como una descosida con el coche, el rumor de las aguas arrastrando todo a su paso me perseguía, se había metido en mi cabeza y solo podía pensar en huir a la zona más alta.

—Yo pude ver un resplandor fuerte en el cielo y luego, algo me empujó. No me tiró al suelo como en las pelis, pero si me hizo trastabillar y —continuó bajando la voz— me ratificó de que algo no estaba bien, que había que huir.

Se quedaron un buen rato allí, mirando al suelo. La temperatura estaba bajando y el sonido de un trueno no muy lejano fue lo que les sacó de su ensimismamiento oscuro. Fue Alberto el que propuso el siguiente paso.

—Deberíamos buscar un lugar donde evitar la tormenta.

—Como si fueras Bears Grylls ese, el último superviviente —dijo la mujer con desdén—. Perdón, no quería molestarte más de lo que ya he hecho. Tienes razón, busquemos algo donde podamos dormir secas.

—Sigamos hacia arriba —sentenció como si no hubiese oído nada—. Cuanto más alto, más frio pero más posibilidad de poder ver qué hay a nuestro alrededor.

Los dos comenzaron el ascenso. Ella decidió romper los tacones de los zapatos para poder andar lo más plano posible.

Tardaron poco en llegar a la cima. Lo que vieron, des descorazonó completamente. El valle estaba inundado y ahora el pico y sus alrededores se habían convertido en una pequeña isla.


Bueno, de los dos ¿cual os gusta más?