Relato corto Corre pajarito, corre.

Seguía con cuidado a la mujer que tenía delante. No quería ser brusco por lo que se deslizaba con cuidado o empujaba despacio para abrirse paso. Los transeúntes al ver su cuera de ante y el tahalí con el florete, símbolos inequívocos de la guardia de la ciudad le ayudaban a desplazarse de ese modo. «Más vale que ese pajarito no se me escape».

  Los olores a orines, el chapoteo y la humedad que traspasaba la suela de la bota de cordobán le ponía la piel de gallina. Miraba con cuidado entre los transeúntes. La luz resbalando en los cristales de las tiendas y en los charcos, provocaba que entrecerrase los ojos. Un dolor leve nació e sus sienes, como si el pañuelo anudado apretara más que esta mañana. El fieltro húmedo pesaba, las alas del chambergo caían a ambos lados.

El golpeteo de la funda del florete contra el muslo le recordaba que debía tener cuidado porque podía engancharse con algún faldón de los tenderos o peor aún, cruzarse con otra arma y provocar un duelo no deseado.

  El rumor de pasos, golpe de cascos y roce de ruedas con el empedrado le impedía saber si su objetivo aligeraba el paso o corría, por lo que buscó un hueco entre la gente que tenía delante intentando observar a su presa mientras se mordía el labio inferior. Aguzando el oído, notó como el ritmo de la calle cambiaba levemente. Hacia su izquierda. Dio un respingo y corrió hacia donde había escuchado el deslizar de pies, el roce de una capa corta de cuero con la esquina y el leve chasquido del borde al viento.

  Sus pasos resonaron en esa calle generando un eco húmedo, sordo, corto. El dolor descendió a la nuca y los músculos del cuello se le tensaron. Un latigazo gélido recorrió media espalda pero miraba atentamente al frente. Olisqueó un momento. El orín no estaba, la menta mezclada con jabón le llegaba junto con roces suaves de ropas colgadas.

  A varios metros la silueta que ya se había aprendido se insinuó entre las sábanas, como un artista tras el telón. Y desapareció. Corrió agarrando el pulido pomo del arma y apartó con la mano libre el falso telón. La fuerza provocó un chasquido, un rasgar y quedó envuelto en una blancura mentolada. Cuando consiguió quitarse la sábana de encima pudo ver a una anciana sentada en un taburete, la capa de la joven frente a sus pies.

—Hijo —con voz temblorosa le interpeló. —¿Qué busca un joven guardia por este arrabal? —En su mirada se dibujaba la sonrisa que no aparecía en su rostro mientras jugaba con un lapislázuli de su colgante.

—¿Ha visto pasar una joven, pequeña, de pelo rubio, con esta capa? —dijo mientras pateaba la tela oscura del suelo.

—Estos ojos viejos no mantienen la luz como antes, pero mis orejas no me engañan. —apuntilló mientras señalaba hacia su derecha, hacia una puerta entreabierta de una bajera. Salió corriendo mientras maldecía.

Su primer día en la guardia no fue en absoluto como había deseado y que se le escapase esa ladronzuela le dolió más en el orgullo que en la pierna rota con la que terminó por no mirar donde pisaba cerca del puerto.

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Tema: Baskerville 2 por Anders Noren.

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