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Mes: noviembre 2019

Relato: Hambre

Esta entrada la saco en miércoles porque dentro de la planificación caótica de entradas para el blog, había asignado este día de la semana para relatos.

He comenzado el curso de Literatura Fantástica I de la Escuela de Escritores y en la tarea de la semana pasada presentaron un supuesto y tras leerlo y pensarlo, me salió el siguiente relato:

«Allí estaba, entre la oscuridad, agazapado. Esperar no era lo suyo, pero sin patas, piernas o alas, poco podía hacer para moverse. Llevaba más de doscientos años donde se encontraba en estos momentos y aun estando aburrido del lugar, no era de los peores. Tenía hambre, pero esa hambre era profunda, pesada, insaciable. Pasaba el tiempo regodeándose en ella, no tenía otra cosa mejor que hacer, aparte de ubicarse con su imaginación en una mansión de un gran terrateniente adinerado, en una urna de cristal fino con una luz tenue y a la vista de todos.

La biblioteca del templo estaba seca, bien acondicionada y con polvo. La puerta se abrió torpemente por su falta de uso, los goznes secos no ayudaban al intruso. El acólito entró despacio e intentó cerrar la puerta de la forma más silenciosa posible, tenía hambre de conocimiento y esa noche esquivó todas las dificultades hasta llegar a su meta. Encendió un candil y con excitación contenida comenzó a moverse entre los largos estantes llenos de libros. No era la primera vez que se colaba a hurtadillas en ese lugar pero tampoco lo conseguía con la frecuencia que su mente le instaba. La última vez, antes de tener que marcharse, había encontrado un libro que le cautivó. No sabía por qué, pero la forma del lomo, el color de la piel y las letras doradas que estaban en el mismo le llamaban y hoy quería leerlo, deseaba una aventura. No tardó en localizarlo. Lo tomó y se acercó a una de las dos mesas dispuestas para consultas. Con un deseo casi desbordante abrió el libro.

Notó como era movido, por fin una presa. Las manos fuertes, algo sudadas y de piel suave le recordaban a un humano joven. Esos eran los más jugosos, Con intranquilidad notó como era posado en una mesa y sintió volar sus páginas. Había sido abierto y despertado de su letargo. Tuvo que controlarse para no devorar esa mente joven en un santiamén o cometer algún error que hiciese que su presa se fuese. Se introdujo despacio en sus recuerdos y comenzó a beberlos poco a poco, a saborearlos y a mezclarlos. Según los iba creando nuevas páginas de historias al final de las ya presentes, iba borrando los recuerdos de la mente. Tras un rato no se pudo aguantar, su hambre era descomunal y comenzó a sorber con fuerza recuerdos cercanos, sentimientos, sensaciones, a captar los miedos más ancestrales y personales del pobre desdichado, a robarle los recuerdos de la tierna infancia y los placeres imaginados, o no tan imaginados, con la celadora jovencita e inocente.

Cuando terminó, se cuidó de darle solo una orden efímera en esa mente completamente vacía y que solo sabía comer, dormir y defecar. Que le devolviese a una estantería.

El acólito, o mejor dicho, la carcasa de huesos, músculos, piel y vísceras en lo que se había convertido, dejó el libro en un estante y después, babeando, simplemente se quedó mirando a la puerta.»

Después de que los compañeros opinen y los profesores valoren y comenten, he decidido intentar aplicar las sugerencias y volverlo a escribir. El resultado ha sido el siguiente:

» Allí estaba, entre la oscuridad, agazapado. Esperar no era lo suyo, pero sin patas, piernas o alas, poco podía hacer para moverse. Llevaba más de doscientos años donde se encontraba en estos momentos y aun estando aburrido del lugar, no era de los peores. Tenía hambre, pero esa hambre era profunda, pesada, insaciable. Pasaba el tiempo regodeándose en ella, no tenía otra cosa mejor que hacer, aparte de ubicarse con su imaginación en una mansión de un gran terrateniente adinerado, en una urna de cristal fino con una luz tenue y a la vista de todos.

La biblioteca del templo estaba seca, bien acondicionada y con polvo. El roce de la puerta con el suelo, en los goznes puso le puso en alerta. No podía ver pero si había conseguido expandir su consciencia de forma que fuese capaz de notar cambios de temperatura, presión y ondas sonoras. Tenía claro que entraba alguien.

Tardó un tiempo hasta que notó como el aire cercano se iba calentando. Alguien se acercaba con una fuente de calor y era momento de preparar sus habilidades intrusivas. Había llegado a conocer muchas formas de sondear pero la más eficiente hasta ahora era un ataque directo. Esperó a notar el calor de la vela cerca de su lomo. Había aprendido algunos trucos para acercar más a sus presas y retenerlas el tiempo suficiente como para poder sondear. Fue enturbiando las letras que había en el lomo, opacándolas, envejeciéndolas para que el incauto tuviese que estar más tiempo mirando para descifrarlas.

Parece que el truco volvió a funcionar porque la fuente de calor se quedó parada y notaba cómo aumentaba según se le acercaba. En ese momento lanzó un zarcillo invisible hacia la zona de la luz, donde deberían estar los ojos, nariz o frente de la presa. Notó como acertaba y se introdujo con rapidez en la consciencia superficial y empezó a rebuscar.

Captó la imagen que tenía el hombre de si mismo, también descubrió su juventud y su curiosidad, casi tan fuerte como su hambre. Reconoció un anhelo y con rapidez, aclaró las letras del lomo y apareció un título, “La sabía de dríade para enamorar.”

Notó como unas manos sudorosas, fuertes y juveniles lo tomaban con fuerza. El tirón que sintió y la sensación de ingravidez al ser transportado le hizo apretar un poco más en el subconsciente del acólito, le había dado tiempo a leer en sus recuerdos tempranos. Leyó un rápido pensamiento de incomodidad, de presión y tuvo que controlar su propia ansia o esta jugosa presa se le podía escapar.

Cuando se sintió sobre una mesa, tumbado y sus hojas comenzaron a voltearse, supo que ya lo tenía. Ahora tocaba empezar a alimentarse despacio, de los sueños y recuerdos agradables para servírselos en forma de historias eróticas. Después de unos pocos minutos, notó como sus hojas se movían con más rapidez y los pensamientos del acólito se diluían porque se estaba concentrando en lo que él le estaba sirviendo. La tentación era muy fuerte, demasiado, empezaba a cansarse de controlar su ansia, su hambre.

Tiró fuerte de los recuerdos, devoró sensaciones y borró pensamientos. Se abalanzó sobre los miedos. Los masticó, paladeó. Engulló los anhelos. Vio cómo dentro de su mente, cada vez más espaciosa, se formaba una nube negra de miedo, comprensión y desesperanza que le deleitó. Lo más suculento para el final.

Cuando terminó, seguía con hambre pero no dolía. Antes de soltarlo, lo utilizó como una marioneta poniendo la imagen de cómo debía dejar el libro en la estantería que está en frente de la puerta.

Después, mientras descansaba en su nueva posición, pudo notar el ruido del cuerpo al caer.»

La diferencia radica básicamente en el narrador utilizado. En el primero he realizado un salto de punto de vista y además un cambio de narrador, de forma que hay un salto importante y brusco entre el primer párrafo y el segundo. En el segundo relato, se ha reescrito manteniendo el punto de vista del libro.

A mi me gustan los dos, quizás más el segundo tras entender que el salto brusco no ayuda a la comprensión del relato ¿y a vosotros?

El nombre del viento

Un título poético y un tanto enigmático que, reconozco, compré hace bastante por error. Si iba buscando otro, La sombra del viento de Zafón y me colé. Se quedó en la estantería.

A principios del año me propuse leer mas y centrarme en la fantasía, por lo que miré mis estanterías y revisé un poco en internet qué autores eran punteros en estos momentos porque realmente no sabía por dónde estaba el mundillo. Descubrí que tenía a todos, así que comencé a leer por Sanderson, solo un libro, luego pasar a Rothfuss y después a Abecrombie porque Martin ya me había fumado tres libros de Canción de Hielo y Fuego. Y así fue, leí Imperio final y tuve que tirar de mi fuerza de voluntad para no seguir con los siguientes libros de Nacidos de la bruma, pasé a El nombre del viento y cuando lo terminé, me faltó tiempo para ir a la librería y comprarme El temor de un hombre sabio y La música del silencio, aún con la advertencia expresa del propio autor con respecto a este último.

Este libro también está incluido dentro de mis 30 en 12.

El libro

El libro que me he bebido, porque no se puede decir de otra forma y últimamente me está pasando con varios, es la decimosexta edición de bolsillo de tapa blanda, de enero de 2015.

Autor: Patrick Rothfuss
Traductora: Gemma Rovira Ortega
Editorial: Penguin Random House, en Debolsillo
Edición: Tapa blanda, 876 páginas.

La historia de un hombre de pelo rojo como el fuego y que aprendió a tocar el laúd viendo a su padre tocar. La historia de un jóven edena ruh avispado que con sus agudos ojos y afilada mente quería aprender todo lo posible, incluso la magia de las palabras.

Un chaval que tuvo la desgracia de tener unos padres inteligentes, curiosos y sin miedo que querían saber más sobre el pasado que el resto de la gente. Esa curiosidad fue lo que le obligó a conocer una dura realidad: la lucha por la supervivencia.

Kote es un hombre que vive y regenta una humilde taberna en un un pequeño pueblo, con un compañero joven llamado Bast, que más bien es un discípulo, y que quiere estar alejado de todos y todo.

Un día llega un viajero a la taberna de la que es dueño Kote y tras unas breve palabras, algo ocurre. Ese viajero no es uno cualquiera sino que es un Cronista, Deevan Loches, que busca recoger todas las historias en volúmenes para que no se pierdan y ha seguido unas pistas buscando a Kvothe, un hombre muy famoso por sus jestas y sus fechorías. Está seguro que ese tabernero pelirrojo que tiene delante es la persona que está buscando y está muy deseoso de conocer su historia, porque hay mucha leyenda alrededor de su persona, cosa a destacar de alguien que todavía sigue vivo.

La historia

Realmente estamos frente a un libro que es la primera parte de la biografía de un personaje, Kvothe, que es contada por el mismo. La historia se puede dividir en tres partes, su vida como artista ambulante con sus padres, sus penurias en la ciudad llamada Tarvean y su vida en la Universidad después de conseguir salir de los tugurios de esa gran urbe. La llegada a la ciudad es traumática y lo sucedido es el detonante para que el joven quiera ir a la Universidad, desea dos cosas: Conocimiento y Venganza.

Aunque la historia transcurre en estas tres fases, la más importante se da desde que entra en la Universidad. Allí se socializa y consigue la amistad con tres chicos, consigue recuperar el gusto por la música y un laud, consigue convencer a los profesores para aprender la disciplina más compleja de la magia que se da y también, como no, se granjea una cantidad interesante de enemigos.

Pero también hay otra historia, que es la «actual», lo que ocurre en la taberna mientras cuenta a Cronista su vida. Algo que no se ha de perder de vista.

Worldbuilding

La creación de esta parte del mundo que ha hecho Rothfuss es simplemente brutal, se ve en pequeños detalles que ha cuidado las culturas, las etnias, las costumbres, los idiomas, la economía, la sociedad y la magia. Tanto es así, que hay una universidad donde se dan asignaturas para aprender a realizar diferentes tipos de magias y cualquiera con dinero o talento puede optar a ellas. También ha trabajado la sociedad y algo que solo había visto antes, los mitos y leyendas que hay en las culturas, algo antes visto solo por mi parte en Tolkien.

La historia va fluyendo con todos estos detalles alrededor y la forma en la que está escrita, parece como si el lector estuviese en esa taberna escuchando la historia del propio protagonista y los saltos entre historia y tiempo real son bruscos pero muy fáciles de llevar, algo muy complicado de hacer. Incluso habla de una época donde hay luces de gas en la ciudad, algo que implica una serie de conocimientos y técnicas avanzadas que no se encuadran en la Edad media.

Personajes

Hay varios personajes interesantes dentro de la historia, desde el propio Ben, un arcanista que introdujo al joven Kvothe en la magia, Cronista un hombre demasiado interesado en el pasado de Kvote, el discípulo Bast, un chaval con un secreto interesante, como personajes del pasado del Kvothe como son los amigos de la Universidad, algunos de sus profesores y Auri y Denna, dos mujeres.

Todos ellos definidos con pocas cualidades pero que se identifican rápidamente por parte del lector, no tiene necesidad de hacerse notas o apuntes mentales. Los nombres también son diferentes y parecen tener una lógica interna.

La narración de su propia historia

Aquí quiero comentar un detalle que he visto tratado en otras entradas y hablando con personas que han leído el libro. El personaje de Kvothe parece perfecto j*****mente perfecto. Eso no suele gustar a los lectores. Yo lo que intuyo es que no es perfecto en absoluto, lo que tenemos delante es su historia, contada por sí mismo a un pequeño grupo de escuchantes y narrada por un trilero redomado, un actor que le encanta actuar, incluso hacia si mismo.

En resumen, una delicia de libro que hay que leer y estoy seguro que cuando lea la segunda parte, tomaré más notas que con esta, que ha sido toda una sorpresa para mi y la reseña será más completa.

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