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Personajes: Motivación y Obligación

En la construcción de personajes para nuestras novelas hay muchos aspectos a tener presentes para crearlos, como comenta Javier Miró en este vídeo y en este. Es cierto que necesitamos saber bastante de ellos, trabajarlos, conocerlos, jugar con ellos y una cosa que no debemos perder de vista es el qué hacen en la historia, cómo contribuyen a la trama y, sobre todo, por qué están donde están.

De estas tres preguntas, la tercera hace referencia a las razones que existen para que ellos avancen a lo largo de la historia, es decir nos pregunta por las motivaciones que puedan tener estos personajes.

¿Qué es una motivación?

Según la RAE, un lugar que debo visitar con más frecuencia de lo que lo hago, motivación, en su tercera acepción es:

Conjunto de factores internos o externos que determinan en parte las acciones de una persona.

Otros factores que se unen a la motivación pueden ser creencias externas e internas, el miedo, la cultura en la que se vive y la personalidad.

Esa acepción de la palabra nos habla de “factores”, elementos que interaccionan entre ellos para provocar algo. ¿Qué puede actuar como factores de la motivación? Se me ocurren los siguientes: deseo, interés, curiosidad, envidia, excitación, adicción, moral, seguro que hay muchos más. Todos ellos son causas que pueden presentarse en algún momento determinado o estar presentes de forma continuada hasta conseguir el objetivo.

En las personas es complicado saber cuales son sus motivaciones, una forma de intuirlas es haciendo la pregunta “¿qué es lo que quiero?” y de cara a nuestros personajes “¿qué es lo que quiere o necesita este personaje?”. Obviamente, esos intereses tienen que estar alineados con realidades del mismo, es decir, que sean creíbles y antes de hacer la pregunta, se ha tenido que crear unos rasgos psicológicos.

Por ejemplo, estamos trabajando en un personaje que va a viajar mucho, la pregunta que nace tras este pensamiento es ¿por qué viaja?. Una respuesta rápida y fácil es “tiene curiosidad por lo que hay más allá del coñacvino, el río que hace de frontera”. Aquí identificamos un deseo, del personaje y una cualidad, quiere saber qué hay más allá y además es curioso. La motivación para viajar es esa curiosidad.

Si la respuesta fuese, “quiere dejar de llamar la atención”, queda bastante difuso, necesitaríamos saber por qué no quiere llamar la atención y qué le hace pensar que fuera de su región hay algo o alguien que puede ayudarle, pero la motivación existe. No es tan clara como el ejemplo anterior pero ahí está.

¿En qué cristaliza una motivación?

Después de conocer la motivación existente, lo siguiente que aparece, casi de forma simultánea a la respuesta anterior es cómo conseguirlo, objetivos que se plasman y que se convierten en guías.

De cara a la escritura, no creo que sea necesario crear un plan de objetivos, tareas y demás para nuestro personaje, pero si creo necesario tener en mente o plasmarlo en la ficha de personaje, tanto la motivación, la naturaleza de dicha motivación y el objetivo. De este modo, queda claro cómo va a moverse por la trama.

Obligaciones, la suma o la resta a las motivaciones.

Muchas veces, por lo menos me pasa a mi, confundo obligaciones con motivaciones. Se parecen mucho porque dentro de nosotros sentimos lo mismo con ambas, actuamos para conseguir algo, llegar a algún sitio. Pero el origen no es el mismo porque con la motivación, el pensamiento es lo que quiero hacer y con la obligación el pensamiento es lo que tengo que hacer, sutil ¿no?.

La definición según la RAE de obligación es:

Vínculo que sujeta a hacer o abstenerse de hacer algo, establecido por precepto de ley, por voluntario otorgamiento o por derivación directa de cierto actos.

Es decir, un acto que nos influencia de forma directa para modificar nuestros objetivos. Una parte de la definición puede entroncar con la motivación y es cuando actuamos de forma voluntaria, es decir, cuando algo lo tomamos como obligación. Aquí la motivación tiene un extra, que es una obligación nacida de la misma, es cuando decimos que quiero y tengo que hacer algo. En este caso la obligación suma fuerzas con nuestra motivación.

Por lo demás, una obligación cae impuesta y no tiene por qué satisfacer o ayuda a nuestras motivaciones. Es más, estas obligaciones tienen el poder de cambiar nuestras preferencias a la hora de tomar y realizar objetivos. Si al personaje que quiere ir de viaje, le imponen la obligación de quedarse como jefe de guarnición en el puente que cruza el río, ya tiene servida la frustración, molestia y posiblemente enfado porque no puede cumplir el objetivo de saciar su curiosidad, además por culpa de alguien que ha decidido por el qué tiene que hacer. Aquí resta y bastante.

Por tanto, los personajes necesitan tener claras sus motivaciones, qué cosas quieren y los escritores deben vestir esas motivaciones con cuanta más información mejor, plasmar y definir factores que contribuyen a esa motivación, más rasgos psicológicos definidos. De esta forma, en la planificación, o cuando ya se escribe (si se es brújula), cuando se den los puntos de giro que fuercen al personaje en cuanto a la consecución de lo que quiere, el escritor tendrá más claro cómo reaccionará a esos contratiempos, sabrá si influyen de forma directa sobre sus objetivos, o solo es algo tangencial y que no genera demasiado conflicto.

Las motivaciones, las obligaciones y los deseos son grandes aliados nuestros para poder dar profundidad, tanto a nuestros personajes como a la historia. Os propongo un ejercicio: tomad una obra, la que estéis leyendo por ejemplo, elegid a un personaje (si hay más de uno) y tras los cuatro primeros capítulos de lectura, intentad descubrir las motivaciones que tiene. Cuando terminéis la lectura, ¿habíais acertado en ellas? ¿Habéis errado el tiro? ¿Han cambiado?. Yo lo voy a hacer con Seizo, de “El guerrero a la sombra del cerezo”, aunque llevo ya casi medio libro y supongo que por Twitter os contaré cómo me ha salido el ejercicio.

Publicado enEscrituraPersonajes

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