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Estructura interna de los párrafos

Creo que ya he comentado varias veces que estoy en proceso de aprendizaje. Es cierto que todo el mundo, durante toda su vida lo está, sea consciente o no, pero más bien me refiero a «tener la intención de aprender algo nuevo«.

Escribir, o mejor dicho, juntar letras para formar palabras lo aprendemos en el colegio y realmente es indispensable, junto con leer, para nuestro día a día. Después ya es cada uno el que decide si con eso tiene suficiente para desenvolverse o no. En mi caso, hasta hace poco tiempo era así, con no cometer demasiadas faltas de ortografía y crear frases no muy complicadas que consiguiesen expresar ideas y que fuesen fácilmente comprensibles, bastaba. Pero en el momento que mi curiosidad, ingenuidad y quizás, ¿por qué no? locura me empujó un poco más allá, comencé a percatarme que necesitaba algo más.

Texto escrito, algo más que frases e ideas

En el instituto (yo soy de esa época) nos explicaban la estructura de un texto, además de las diferentes formas de construir frases, unir conceptos y crear estructuras. Nos hacían realizar análisis sintácticos de frases e incluso de pequeños párrafos, además de enseñarnos a identificar la estructura del mismo. Creo que es algo que tengo que recordar. ¿Y por qué? la razón está en los apuntes que me ha dado Jaime Miranda tras entregar mi primera tarea del curso que actualmente estoy realizando en Escuela de Escritores.

Entregué con las indicaciones y requerimientos propuestos para el ejercicio. Bueno, eso creía. La sorpresa que me llevé al ver los comentarios fue que gran parte de ellos se centraba en la estructura de las frases y párrafos. Me los fue marcando y es que tenía toda la razón del mundo. Otra cosa que me llamó la atención es la tendencia a crear rimas dentro de la prosa.

Os presento un párrafo del texto, de no mas de quinientas palabras:

«En su habitación parecía que existía una línea que la partía por la mitad, la zona donde se encontraba la cama, el armario y su baúl, parecía una leonera. Estaba todo desordenado, revuelto. Había ropas por todos lados, unas encima de otras, sin orden ni concierto. Solo existía una pequeña zona, en la mesilla al lado de la cama, junto al candil, donde la anarquía no reinaba a sus anchas. Era una pequeña caja, rectangular, no muy alta, con varios cilindros de lana apretada y forrados de terciopelo negro, donde se encontraba una nada desdeñable colección de anillos, bien ordenados y limpios

En cursiva y negrita está la terminación del pretérito imperfecto de varios verbos. Si hubiese buscado crear una prosa poética por alguna razón, lo había conseguido casi sin pensarlo porque recuerdo que esta parte del texto lo escribí del tirón. Pero esa no era la finalidad del párrafo, sino intentar enseñar cómo se encontraba la habitación de la protagonista, sin más pretensiones.

Otro error que hay, y este se ve en todo el texto, consiste en repetir de varias formas un mismo concepto, repitiendo (valga la redundancia) una misma palabra varias veces, e incluso escondida cambiándole la forma. Y es ORDEN. En el párrafo se puede ver tres veces dicha palabra en diferentes formas y en todo el texto, aparece seis veces en solo dos párrafos, es decir, hay otro párrafo con tres órdenes por ahí danzando.

Si cambiamos un poco la cosa…

Esta información me genera dos reflexiones, la primera es que «¡lo que me queda por aprender!, listillo» y la otra «con leer un par de veces no es suficiente y sobre todo QUE ALGUIEN EXTERNO TE REVISE LOS ESCRITOS«. Esto segundo es la confirmación en carnes que los correctores de estilo SON necesarios, además de aprender estilo, claro está.

Bien, ahora vamos a intentar mejorar el texto a ver qué conseguimos:

«En su habitación parecía que existiera una frontera. La zona donde se encontraba la cama, el armario y su baúl, aparentaba ser una guarida de felinos, una leonera. Estaba todo por todos los lados. Uno podía encontrarse prendas tanto en el suelo como en la cama, unas encima de otras, sin orden ni concierto. Solo una pequeña zona se libraba del lamentable estado, en la mesilla al lado de la cama, junto al candil. En ese oasis de pulcritud había una pequeña caja, rectangular, no muy alta, con varios cilindros de lana apretada y forrados de terciopelo negro, donde se encontraba una nada desdeñable colección de anillos, bien ordenados y limpios.»

En subrayado he presentado los cambios que me parecen que eliminan o mitigan los errores del párrafo inicial.

De esta forma creo que se consigue una lectura que no te de la sensación de tener un soniquete en la cabeza, algo que por leve que sea, puede distraer al lector de la lectura y de lo que se quiere contar.

Revisar nunca está de más

Y para terminar, decir que es necesario revisar lo que escribimos. Es cierto que no siempre se puede tener a alguien externo a uno dispuesto a que te revise y mire todo lo que escribas, por lo que se hace necesario e imperativo formarse. Y con esto, cierro el círculo creado en esta entrada.

Espero que os guste y os parezca útil, también me gustaría saber si con el segundo párrafo he conseguido mejorar o hay cosas todavía pendientes de cambiar.

Muchas gracias y un saludo.

Publicado elEscrituraReflexiones

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