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Segundo relato del taller

Este es el segundo relato del Taller de Escritores. Tras la propuesta, la imagen y la situación se formó rápidamente en mi cabeza, algo que normalmente no ocurre. Un detalle que me pareció divertido fue el hecho de presentarlo en la España de la Edad Media pero con su magia y su pompa. Así que me puse a mirar un poco la historia de la región en la que vivo y encontré que se podía haber dado sin problemas en uno de los muchos enfrentamientos de frontera entre el Reino de Navarra y sus vecinos, en este caso Castilla.

La muralla

Había comenzado la cuarta oleada contra las murallas de la ciudad de Viana. Los defensores estaban recuperándose todavía del último ataque cuando volvieron a escuchar las trompetas, los gritos, el silbar de flechas y rugir de rocas. Los fatigados geomantes vianeses no podían destruir todas las piedras que se lanzaban, sus fuerzas se habían desgastado a lo largo de los otros tres interminables asaltos. Las escalas volvían a posarse sobre la muralla y eran derribadas por los defensores. Garfios con cuerdas eran lanzados a la parte superior de la muralla buscando un buen asidero. La torre de asalto, esta vez sí se puso en movimiento.

Grupos de infantes castellanos guiados por un caballero, se acercaban corriendo hacia la base de la muralla para poder ascender por escalas y cuerdas. Corrían cubriéndose con escudos para evitar las flechas defensoras aunque los grupos cercanos a la torre de asedio eran cubiertos por rachas de fuertes vientos lanzadas por el cailomante de la torre.

Un disparo de catapulta certero barrió de un golpe al cailomante defensor de esa sección de la muralla.

Una escala consiguió asentarse y los que subían por ella no fueron lanzados al vacío. Eldon era el primero en subir y con un empujón de aire pudo despachar al soldado que había visto la escala. Puso pie en la muralla y lanzó dos golpes descendente a derecha e izquierda para acabar con sendos enemigos y abrir hueco. Sus compañeros empezaron a aparecer detrás de el. Uno se encaró a los enemigos de la izquierda, otro y él se encararon con el grupo que venía por la derecha. Con un golpe con la parte roma del hacha pudo noquear al miliciano y su camarada ensartó a su oponente con la espada.

El casco de metal de su compañero comenzó a arrugarse a una velocidad pasmosa, con la cabeza del pobre soldado dentro. Aún en el caos ruidoso donde Eldon se encontraba, pudo percibir claramente el sonido de los huesos al romperse y carne desgarrarse. Con un pensamiento rápido, despertó todo su metal, así tendría una oportunidad frente al geomante que se acercaba. Se encaró y con un golpe de brazo lanzó una potente bocanada de aire contra aquel semimago, pero vio cómo lo desviaba con otro gesto y notaba una brisa de aire. «Un mago. Mierda».

Por encima de ellos pasaron varias flechas incendiarias. Movió la mano apuntando a una de ellas y capturó el fuego de la punta. Comenzó a moldearlo para crear una bola ígnea. En cuanto adivinó las intenciones se puso en guardia. El fuego voló y a medio camino, Eldon giró su mano y notó como se asentaba una esfera de aire en su interior. Al instante, la bola ígnea se apagó sin hacer ruido notándose una brisa que se movía desde Eldon para llenar el pequeño vacío creado.

«Si quiero librarme de esta guerra, tengo que derrotar al mago. Solo ganando galones podré evitar la primera línea de combate.”

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