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Primer relato del taller

Llevaba un tiempo con una curiosidad reprimida y era ¿cómo funcionan los talleres de escritura? pero simplemente ahí estaba la idea, de vez en cuando recurrente al escuchar los lunes los Relatos en cadena de Cadena SER.

Pero lo que me animó a hacer uno de esos cursos fue la decisión de formarme para poder mejorar en mi escritura y llegar a mi objetivo por un lado, además de ver que se ofertaban cursos cortitos y enteramente on-line. Ver que no había videochats obligatorios me tranquilizó ya que en estas cuestiones soy muy reservado, vergonzoso y celoso de mi privacidad.

Bueno, el caso es que después de chafardear en varias webs, me incliné por Escuela de Escritores, ya que tienen un conjunto de cursos on-line muy interesantes y que me llamaron la atención. Os pongo aquí el acceso.

El taller que cogí, ya que no sabía si el sistema de impartir o el temario me iban a convencer, fue el de Invitación a la Literatura Fantástica impartido por Alejandro Marcos y de este curso salieron cuatro, bueno cuatro más un relatillos de quinientas palabras que a lo largo del mes iré presentando en el blog.

Este primer relato es el resultado de aplicar una técnica interesante para obtener ideas para escribir, se llama el binomio fantástico de Gianni Rodari. Este autor propone, a modo de espita creativa, buscar dos palabras que semánticamene estén muy separadas, cuanto menos parecidas sea mucho mejor, después te ofrece jugar con ellas hasta encontrar una expresión que te ayude a tener una idea sobre la que escribir y por último, escribir utilizando como pieza central de la construcción ese binomio fantástico.

En mi caso ese binomio lo formé con las palabras Tao y cobalto. Tras presentar el trabajo al taller, Alejandro me hizo un apunte interesante y que creo que puede ayudar a muchas personas que quieran utilizar el binomio fantástico como fuente creativa y es que las dos palabras elegidas sean lo más concretas posibles, utilizar conceptos abstarctos suele ser difícil y a no ser que tengas suerte, como me pasó, los binomios suelen quedar etéreos.

Bueno, os dejo con el relato.

Una luz poderosa

Los trozos de metal de color gris estaban en la mesa, en un montoncito descuidado dejados ahí como si fuesen restos de comida a punto de ser tirada. Los frascos, morteros, botellas de cuello aflautado y retortas atestaban las dos mesas que tenía Estebanius en esa habitación, su laboratorio como le gustaba llamarlo. La casa, pequeña, había sido conseguida en la grandiosa ciudad de Toledo, gracias a una herencia. Montones de libros, cachivaches, marionetas, máquinas y otros objetos se encontraban por los suelos haciendo que moverse por el lugar sin tropezar fuera una hazaña. El alquimista, de mediana edad, ropajes sencillos, barba corta y cuidada, había estado trabajando duro en un preparado para conseguir, siempre según el y sus estudios, el segundo paso hacia la piedra filosofal.

Para ello necesitaba un poco de plata, un puñado de ese rico metal, virgen, sin ser trabajado. La adquisición de esa plata provocó serios problemas al orfebre local pero no podía negarselo, el Rey había dejado claro que se le facilitase todo lo que le fuera necesario, por lo que le vendió todo lo que tenía y añadió la advertencia que el mercader sajón le hizo sobre los kobolds.

Estebanius no le tomó muy en serio y ahora se estaba arrepintiendo. No sabía cómo pero uno de esos duendes malintencionados, kobolds los llamaban los sajones, había conseguido intercambiar su preciada plata por ese montón de metal inservible, ese cobalto. Su humor era de perros, ahora tendría que comprar de nuevo plata y esperar un año entero para realizar ese segundo paso de la fórmula porque, según las instrucciones del rabino que le trajo el papiro desde Acre, la plata debía estar expuesta a los rayos de la luna nueva de junius.

Y ahí estaba, frustrado, mirando el frasco con el preparado, así que descuidadamente y con bastante desprecio, tomó el cobalto y lo vertió dentro. «Ya no me sirve», pensó mientras veía cómo se hundía el metal, descendiendo por el líquido transparente como si fuese una pluma de ganso cayendo al suelo. Antes de que todo el cobalto llegase al fondo del frasco, se dio la vuelta y comenzó a andar hacia la puerta.

De repente un flash de luz golpeó su espalda e inundó de azul brillante todo el laboratorio. Estebanius se volvió a mirar qué pasaba y tuvo que cubrirse los ojos con las manos por unos instantes porque la intensidad le cegaba. Después de un tiempo, la luminosidad disminuyó. Estebanius se acercó con cautela para ver mejor qué era eso. Se percató que no había líquido en el frasco, que las lascas de metal ahora eran un poco más grandes y que palpitaban con una esencia interna, una energía azulada brillante. Una idea le vino a la cabeza y con rapidez se fue a una estantería para coger un tomo muy concreto, datado en la época de Aberroes, lo abrió buscando con ansia entre sus páginas. Encontró el párrafo que buscaba y lo leyó dos veces mientras miraba el metal azulado de reojo.

—El tao del cobalto, acabo de despertar el tao del cobalto. Su voz era queda, llena de
sorpresa.

Temerosamente cogió una esquirla, se acercó a una de sus marionetas de madera, puso la esquirla en un hueco de la ajada madera del tronco y la marioneta comenzó a moverse ella sola.

Publicado elLecturasRelato

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