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Mes: abril 2019

Magia en las bases de creación o entorno realista

El viernes pasado, hablando con un amigo, me dijo sin ningún rubor «si hay magia, no sé por qué te estás preocupando en crear un sistema estelar realista» y me molestó bastante en ese momento.

Intenté explicar mi punto de vista al respecto porque no estaba de acuerdo con él y lo único que conseguía como respuesta era un «es magia, puedes hacer lo que quieras sin tanta complicación». Lo dejé por imposible, al fin y al cabo es un amigo y cada uno puede tener su opinión. Pero eso realmente hizo que pensara, después de quitarme el ofuscamiento de la mente, ¿de verdad puedo hacer lo que quiera? ¿Un mundo fantástico necesita tener bases realistas para ser coherente?

Si para la primera pregunta puede que exista algún resquicio de duda en mi mente, para la segunda no lo hay. Se requiere de una base coherente para poder construir un relato creíble y esa sustentación de la ficción lo da una base en la que el escritor y el lector se puedan apoyar. Voy a intentar explicarlo a continuación.

La magia dentro de la creación o magia como elemento creado

Retomando la primera pregunta y partiendo del ejemplo de escribir un relato corto sobre un campesino que se convierte en héroe (manido, si, pero para el ejemplo me sirve). Como hay magia, puedo considerar que el campesino puede viajar a la ciudad en busca del mago que le hará más fuerte que el resto porque sabe que hay un mago. Bien, el lector al leer el concepto “campesino” piensa directamente en un hombre que labra la tierra, utiliza los aperos de labranza, cuida los pasos y las estaciones y termina recolectando de la tierra los frutos sembrados y trabajados. Si, por ejemplo, el autor ha pensado y escrito que el mundo es cúbico, que no orbita alrededor de nada, que tiene dos soles, que hay día y noche. El detalle de no orbitar alrededor de nada, elimina directamente el concepto de estaciones, por lo que hace bastante difícil que la vida vegetal, como la conocemos, se desarrolle con facilidad por lo que, por mucha magia que haya en el mundo, la lógica nos apunta a que allí al final todo el mundo va a morir de hambre.

Supongamos que tras una revisión, el autor se da cuenta “del detallito” y decide pensar que el arado y el agua tienen propiedades mágicas que hace que las plantas crezcan. Y lo pone en el relato. Después, su héroe consigue el poder del mago pero tiene que viajar a la otra cara del mundo para conseguir algo. Decide que hay un solo continente y que pegado a la región donde vive el héroe tiene que haber un pantano extenso y pegadito un desierto de roca y caluroso.

No voy a seguir porque creo que queda claro que muchos lectores no leerían ese relato porque, como mínimo, pensarían que está mal pensado (aunque muchos puedan sentir que se les consideran tontitos, o se sientan estafados). El desastre de mundo antes comentado es cierto que se puede crear con la premisa que “la magia puede hacerlo todo” pero no es creíble, no hay por dónde cogerlo y si además las características cambian sin explicación, o algo peor, claramente guiadas por las necesidades del escritor, no de la historia, pues nada, como decía aquel prelado «Apaga y vámonos.»

Asideros para los lectores (y autores).

Por mucha magia que haya en el mundo que se esté creando, también tiene que haber coherencia. Además, una parte de la definición de las culturas de los pueblos que viven en las diferentes regiones está en la naturaleza, en ambiente donde se han desarrollado como pueblo. Por ejemplo, las costumbres de supervivencia, alimentación, vestimenta e incluso de creencias religiosas de los Iniut, los esquimales, están muy relacionadas con el clima, orografía, flora y fauna de la región polar ártica y dista mucho, muchísimo de las costumbres, usos y creencias de los tuareg. Y ambas culturas tienen coherencia porque el entorno que las rodea se lo da.

En nuestros escritos necesitamos plasmar eso de algún modo. Si por ejemplo estamos hablando de un pueblo que forma parte de un país localizado en las montañas de una región donde hay también valle y sabana, nuestros montañeros podrán tener una religión monoteísta o politeísta, podrán creer a sus dioses o haber adoptado los dioses del valle, podrán vestir un tipo de abrigo u otro pero nunca irán en taparrabos como los de las sabana, ni utilizarán habitualmente herramientas de hueso o piedra, de hecho es muy fácil que conozcan la metalurgia, el trabajo del hierro y que sean más cazadores que recolectores. También harán sus casas con roca y madera de los bosques, cosa que sería altamente improbable en la sabana, allí las casas deberían ser hechas con las materias primas que tengan a mano y además es más factible pensar que los habitantes de la sabana sean más nómadas que los de las montañas.

Todo esto puede ser mitigado o cambiado en parte con la magia pero esta magia ya es algo que está dentro del mundo, no es la fuerza creadora del mundo. Por ejemplo, los montañeses podrían vestir en invierno con pocas ropas si llevan un amuleto que genere calor pero lo que no harán nunca, por la cultura que tienen, es vestir con estilos o ropajes que no tengan sentido para ellos. Un habitante del valle excéntrico y viajero que haya conocido la sabana puede vestir como ellos pero el resto de compatriotas del valle irán con pantalones, camisa y chaqueta, de lino o algodón en verano y de lana en invierno.

Detalles menores pero interesantes

Otra cuestión, el tema de los soles, longitudes del día y demás. En esto, puede que el autor decida tener un mundo con dos soles a lo Tatooine, porque queda bonito, y describe un mundo frondoso. Si el lector no está muy ducho en astronomía o el escritor no da pistas de cómo están dispuestos estos soles, se puede leer el escrito sin caer en la cuenta que toda esa flora es imposible en ese tipo de planteas. Este tipo de detalles se dan bastante porque también se tiende a hablar de planetas como la Tierra de tamaño pero con varias lunas, y no pasa nada con las mareas y la navegación marítima.

Estos fallos de creación están un tanto asumidos por la complejidad de encuadre y porque se requiere una serie de conocimientos específicos que no se tienen, si no es por interés del propio lector, pero eso no es excusa para intentar evitarlos.

Por tanto, creo que no todo se puede conseguir con la magia, de hecho, si la realidad te da una explicación más sencilla que la que uno tenga que crear con la magia, siempre es mejor la sencillez, por poco llamativa que sea. Y también creo que una base creíble y fácil de manejar, es más agradecida para crear, ya se añadirá la magia después.

Cuarto relato del taller

Esta es la última entrega de relatos nacidos del taller de Escuela de Escritores, que por cierto, hoy comienzo otro curso con ellos, esta vez sobre la psicología del personaje y además tengo pendiente otros dos.

En la cuarta propuesta se buscaba ahondar un poco tanto en el ambiente de la escena, como la ambientación y el miedo. Si los otros tres relatos se dibujaron con bastante rapidez en mi mente, esta cuarta propuesta fue bastante más esquiva. Tuve que revisar cosas en internet y buscar información de cómo escribir algo que de miedito porque ciertamente, no se muy bien qué es lo que se me da bien pero con este ejercicio, si supe lo que NO se me da bien, o por lo menos tengo que trabajármelo más.

El resultado fueron dos relatos, el primero, titulado «El enemigo interior», fue la primera idea que quise desarrollar y después de escribirla y reposarla un poco, se la leí a mi pareja y el resultado fue un «ggñññee…» Así que escribí el segundo, que se ajustaba más a las especificaciones de la tarea y el marco elegido es más cómodo para mí.

Os dejo con los dos y me gustaría saber qué pensáis vosotras y vosotros de ellos.

El enemigo interior

Despertarme todos los días es un acto de fe. Hace ya unas semanas que resulta agobiante levantarme. La radio de diodos escupe las noticias, hablan de robos, desfalcos, accidentes, homicidios. El periódico de ayer habla de las protestas de las minas de Riotinto y cómo la Guardia Civil los reprimió brutalmente.

Percibo todo como si estuviera tras un velo. El pictovisor no se enciende, necesita crédito, las lámparas de gas tienen un extraño color, no hay azules ni amarillos, solo una gama de grises. Desde la ventana se escucha el bullicio de la calle que se filtra sin permiso. Los vehículos, movidos por vapor y electricidad, no dan tregua.

Intranquilo, miro a todos los lados intentando capturar esa presencia. La noto encima de mi hombro izquierdo.

Nervioso busco mis pertenencias. El bombín y abrigo están en el perchero y el traje a los pies de la cama. La presencia me obliga a mirar la camisa, echada en una silla al lado del escritorio estilo neoimperial. Un olor a hierro, leve y delicado noto al acercarme a la camisa, una mancha gris oscura en la pechera y varias más pequeñas perlan las mangas.

El maletín, apoyado contra una de las patas de la mesa, está cerrado. Sobre la mesa hay un estuche rectangular, de cuero curtido y desgastado. No lo identifico como mío pero me es demasiado familiar. Una mano temblorosa, mi mano, lo toma y lo abro soltando las hebillas. Delante de mi se despliega un juego de cuchillos pequeños, filos, navajas y bisturíes. Intento engañarme pensando que el anterior inquilino se lo habrá dejado. Un fuerte “NO” resuena en mi mente ¿o ha salido de mi boca?, seguro que es cosa de esa maldita presencia.

Noto como la ansiedad comienza a anidar en el estómago y con familiar rapidez trepa por el pecho hasta llegar con sus insidiosos tentáculos a abrazar al corazón.

Me dirijo al baño, los ruidos de Madrid parecen mitigarse, pero siguen ahí. Lo que no remite es esa maldita sensación y al mirar al espejo se transforma en miedo, gélido y pesado.

Veo, desde su hombro izquierdo, su cara, un rostro joven, impasible, tenso se mira en el espejo. Un movimiento de ojos mirando hacia la izquierda me alerta de que me ha visto. Pero, con pasmoso terror, me doy cuenta que ese rostro, esos ojos despiadados, son los míos. Ese hombre soy yo ¿cómo puedo estar a la izquierda de él y a la vez ser el?

Una sonrisa sádica se dibuja en mi rostro. Grito a pleno pulmón y no oigo sonido alguno por mis oídos.

— Londres empezaba a ser aburrido ¿verdad Jack?

Traspaso

El crujido de la puerta al abrirse hace que me empiece a despertar. Las celdas de los hermanos en la abadía no tienen cerrojos, por lo que cualquiera que lo necesite, puede venir. El sueño todavía mantiene mis párpados cerrados pero puedo escuchar unos pasos de anciano y una respiración pesada.

El cansancio y la falta de ruido es síntoma de que no han llegado maitines, por lo que me incorporo en mi camastro y el frío de la noche empieza a abrazarme. El jergón de paja y la manta de lana cruda no son suficientes y en invierno duermo con parte de los hábitos puestos.

Somnoliento intento enfocar mi vista. La puerta se encuentra cerrada y la lámpara de aceite está apagada. Por el ventanuco entra la poca luz nocturna que hay en esta noche nublada. El baúl pequeño con mis pobre pertenencias está a los pies del jergón. Mis jóvenes ojos se acostumbran rápidamente a la penumbra y atisbo una forma enjuta, sentada en una esquina. La silueta, de hombros caídos, encorvada, parece ser la del hermano Arnaut. No dice nada y levanta la cabeza. Sigo en ese estado de duermevela que hace pensar que uno todavía está dormido.

Presto un poco más de atención, su hábito negro destaca sobre la oscuridad bailante que le rodea, la capucha se le cae de la cabeza pero sus manos siguen en su regazo. Con una lentitud nada terrenal, ese anciano se comienza a transformar, a crecer y levantarse de la silla. Todos sus ropajes se rasgan para dejar paso a un cuerpo antinatural de piel húmeda, el cinturón se rompe en pedazos, el escapulario se desintegra.

La figura inhumana avanza hacia mí. Está desnuda, de todo su cuerpo penden trozos de hierro ensartado en la piel, hay aros de donde penden cadenas con garfios, hay anzuelos clavados y trozos de piel rasgada presentando una carne rosada y húmeda. Su cabeza, completamente pelada, presenta un rostro descarnado, sin nariz y con ojos completamente negros. Sus dientes, todos ellos afilados, dejaban resbalar una saliva viscosa y rosada, así como deja entrever una lengua sibilina.

Agazapado, intento protegerme con la manta y el Pater noster rezándolo con fervor. Su voz, terriblemente aflautada, como la de un niño puro, me dice que ese cuerpo ya no me pertenece. Luego noto un empujón brutal y todo negro.

Me despierto y con desasosiego me noto sentado en una silla, helado y doliéndome horrores todos los huesos, las articulaciones, los ojos. Me cuesta respirar. Mover el cuello solo para levantar la cabeza es un trabajo extenuante.

El horror inunda mi alma cuando me veo a mí, a mi cuerpo, tumbado en mi cama, descansado con la placidez de un niño y con una sonrisa de autosatisfacción obscena.

Me encuentro encerrado en el cuerpo del hermano Arnaut, un pobre viejo de sesenta años al que nadie cree en la abadía, con mal de huesos y que cualquier noche llamará a su lado nuestro Señor.

La necesidad de explicar

A veces buscamos la forma de explicar todo lo que tenemos pensado para nuestros proyectos, por lo que tenemos una tentación muy fuerte, a veces sibilina en la forma de actuar, que nos induce a volcar ese conocimiento en la propia historia.

Nuestro acompañante

La primera forma y la más constante que tiene ese anillo, ese deseo, de influenciarnos es mediante la insidiosa idea de “el lector no se va a enterar si no le explico que…” o “si no le describo cómo son todas las religiones, no sabrá por qué…” ¿veis por donde va este compañero? Si, lo llamo compañero porque esta necesidad de explicar nos acompañará todo el proceso de escritura, desde el minuto uno del primer borrador hasta el último segundo de la enésima corrección.

Otra forma que tiene de presentarse es más abiertamente, por ejemplo intercambiándose en tu mente por el narrador. Este caso puede ser hasta descubierto por el lector si la novela o escrito no ha pasado por manos de correctores diferentes al escritor ¿por qué?, veamos a ver si me sale un ejemplo:

Estaba viendo la escena, era horripilante. Yo, un simple guardia de la ciudad, ahí en frente, delante del ara profanada, donde estaban los restos de un hombre, de mediana edad, atado y con unas runas grabadas en la piel, runas escritas por sacerdotes rojos de Milanmar que profesaban una religión caníbal politeísta, donde cada dios se hace cargo de cada parte del cuerpo…”

Aquí, tenía tantas ganas de poder explicar qué datos había en la escena del crimen que el narrador, elegido en primera persona y enfocado en el protagonista, pasa (no se si he conseguido que sea poquito a poco) a un narrador omnisciente en tercera que casca datos sobre una religión que normalmente solo conocería un erudito. Esto puede pasar mucho y no es complicado de detectar, como he comentado antes, si hay alguien externo al escritor que lea el manuscrito.

Cuando es necesario

El mayor problema que veo a esto se da cuando aparece o se planea (según sea uno escritor de brújula, de mapa o paisajista) una parte del escrito donde es necesario presentar parte de la documentación creada durante el proceso de generación del mundo o worldbuilding porque forma parte directa de la historia, se cuela en ella. Un ejemplo claro de esto suele ser las explicaciones que da un mentor a un héroe sobre leyes, magia o cualquier otro tipo de conocimiento del mundo donde viven y que es necesario para la formación del mismo. Una forma clara de este caso y bien hecha la podemos encontrar en el primer tomo de “Nacidos de la Bruma” de Sanderson. En él, Kelsier enseña a Vin la alomancia, la magia de los metales. A no ser que el lector esté entrenado en las lides de unir palabras y analice la lectura, muy poco a poco y con un cuidado muy interesante, Sanderson te cuela las bases del sistema de magia que ha creado y también, a modo de bonustrack, un poco de como está estructurada la sociedad del Imperio final… o de todo ese reino, algo que tengo que descubrir cuando termine de leer todos los tomos de la serie.

El caso es que en esas situaciones, si se hace necesario explicar lo creado pero aquí hay que andar con mucho ojo para que nuestro anillo no meta más mano de la que debe y en vez de “enseñar solo la piel justa y que el observador haga el resto del trabajo”, ocurra que dejemos todo al descubierto y se vaya la magia a freír espárragos.

Pero ese deseo de enseñar sigue estando. Otra tentación que creo puede ocurrir, consiste en crear escenas concretas con el objetivo de explicar algo. Realmente, si no son cosas como lo que he comentado anteriormente, esas escenas suelen quedar como añadidos que por si mismas se excluyen del relato, incluso de la trama. Creo que una forma de poder detectar esto antes de que un lector beta, un corrector o editor lo vea es hacer lo siguiente: elimina la escena y pasa de la anterior a la siguiente. Si la historia y la narración es coherente, no se nota que cojea en algo, eso es signo de que se puede suprimir. Ahora bien, dependiendo de la fuerza del anillo ejerza sobre nosotros, podremos hacerlo sin problemas… o quizás no.

Una idea me ronda

Actualmente estoy en proceso formativo, además de estar manoseando una idea. Ese manoseo me está llevando a crear mundo, culturas, paisajes, orografías, magias. Aún sin tener un borrador inicial, ese deseo de contarlo todo ya está rondando, por lo que he pensado que una idea de aplacarlo puede ser crear una serie de entradas en el blog donde pueda dar rienda suelta a ese afán por contar cómo es el mundo donde se desarrolla la historia, o quizás siendo más realista, contar lo que complementaría bastante a las historias escritas, no tiene por qué ser el mundo pero si pueden ser detalles que igual en los relatos aparecen solo de pasada y un lector curioso quiera profundizar.

Entiendo que ese tipo de entradas no sean de las más populares pero tendrán la función triple de aplacar mi ansia exhibicionista, hacer músculo de escritura y presentar aspectos de los proyectos que no aparecen en ellos pero que los pueden complementar.

Tercer relato del taller

Este tercer relato cambia de tercio y toca la ciencia ficción, en la propuesta del taller se buscaba intentar trabajar la creación de una especie alienígena junto con su idioma y conseguir presentar elementos de ciencia ficción donde case una especie e idioma creado, una estructura espacial grande tipo base estelar o así y un conflicto.

La gestación de la propuesta fue bastante rápida, me gustó la idea y me puse manos a la obra con la especie y el idioma, ya que pensé que me sería más fácil la ubicación que el idioma.

Los seres que creé tenían las siguientes características:

  1. Antropomorfos, por lo que debían ser bilaterales (es decir, con lados).
  2. Los ojos frontales, fosas nasales existentes pero hundidas en la cara, con oídos pero sin pabellones auditivos.
  3. Branquias submaxilares para filtrado de gas, protuberancia pequeña en la frente donde se aloja un órgano sensitivo de ecolocalización.
  4. Órgano fonador en el cuello y útil para los seres que tuviesen boca.
  5. Sin cola distal, con dos piernas y cuatro brazos, dos más largos y fuertes que otros dos, todos ellos localizados en el tórax. Manos funcionales con cuatro dedos, uno de ellos oponible.
  6. Dimorfismo social, seres con complexiones diferentes dependiendo de su localización en el estrato social y desempeño.
  7. Asexuados, procreación in vitro y con claras ideas eugenésicas.
  8. Endoesqueleto y un exoesqueleto parcial y solo en formas vivas que lo requiriesen como pudiesen ser trabajadores en ambientes extremos, personal de seguridad y ejército…
  9. Capacidades psíquicas para una élite

Con respecto al idioma, no quería liarme mucho, así que elegí unos fonemas para las vocales, unas consonantes, las palabras se formaban añadiendo sufijos a raíces léxicas, tres tiempos verbales y la estructura de las frases sencillas, primero verbo con sus sufijos para definir tiempo y número, luego unión de complementos por apóstrofe y después sujeto.

Una vez que ya se tiene todo, bauticé a esta especie con el nombre de Virrpinos. Lo siguiente salió bastante rodado, así que os dejo a continuación el relato.

TOQUE MENTAL

Los sensores cobraron vida.

—Por fin veo algo que me da tranquilidad– mustió Berni mientras miraba de reojo al indicador de combustible.

—No esperes que solo porque ese pedazo de trozo de alumicero esté ahí se nos hayan solucionado todos nuestros problemas— comentó con descaro Plumbes. —Espera, hay algo raro. ¿No era una base centauri? Los protocolos de acceso no coinciden, más bien parecen— Dejó la frase colgando mientras miraba las pantallas —¡Scrumpe!

—¿Qué? ¿qué?, ¿vas a decir algo, andorano melodramático de las narices?

—Virrpinos, los protocolos son virrpinos.

—No me jodas Plumbes, ¡no me jodas!

—No sé qué significa “joder” para vosotros— apuntilló el andorano —Pero por lo que percibo, debe ser algo parecido a nuestro “siterca”, noto tus constantes vitales disparadas y cómo empiezas a acariciar mi mente.

Berni respiró profundo e inició un rito zen. Necesitaba controlar su psique.

Tras desembarcar y mirar a su alrededor para ubicarse, en su campo visual se desplegó un minimapa de la dársena y los accesos, marcándole en camino a Aduanas, además de una lista de datos, todos ellos facilitados por la IA de la nave. En cuanto se orientó, dejó de prestarles atención y desaparecieron, quedando solo un pequeño punto de luz en la parte superior izquierda.

Quería terminar cuanto antes, marcharse y dejar el menor rastro posible de su paso por aquí. Naves militares encubiertas no suelen ser bien recibidas. En la dársena de embarque se podían ver grupos de virrpinos militares y a él, nadie más. Al mirar a uno de esos individuos de casi dos metros y medio, cuatro brazos y una armadura de combate que parecía viva, el puntito se desplegó para informar sobre la especie, concretamente sobre la naturaleza quitinosa y exoesquelética de esas armaduras. Desvió la vista hacia la puerta donde parecía que tenía que ir antes de que alguna de esas moles se inquietase. Otro mensaje entró en su campo de visión. «Funcionarios virrpinos pertenecientes a clases altas. Cuidado…» Berni, impaciente, cortó el mensaje mientras entraba en la sala. No quería distracciones. Tras cerrar la puerta, miró al frente y se encontró a dos virrpinos vestidos con ropas civiles. Uno de ellos poco menor que el militar, esbelto, con un rostro sin boca y otro bajo, achaparrado, con ropas funcionales y con boca. Fue él quien se dirigió a Berni.

¿Cinno virrp opidalae’ruk?

La traducción apareció en el campo de visión.

—Necesitamos repostar, solo haremos escala.

Tras unos segundos, el pequeño volvió a hablar.

— ¿Pelor’ruk bieodonnör’ruk suub’virrp?

—La IA me ha informado. Cuando planteé la ruta no tenía conocimiento de esto.

El tono de la pregunta molestó bastante a Berni, tanto que le pilló con las defensas psíquicas bajas e intentó tocar la mente del funcionario pequeño. No pudo casi ni acariciarla porque sintió un fuerte asalto mental que casi lo lanzó contra el suelo.

Sonaron alarmas, la habitación se inundó de una luz roja. Berni comenzó a escuchar pasos pesados acercándose.

«La he cagado otra vez».

Segundo relato del taller

Este es el segundo relato del Taller de Escritores. Tras la propuesta, la imagen y la situación se formó rápidamente en mi cabeza, algo que normalmente no ocurre. Un detalle que me pareció divertido fue el hecho de presentarlo en la España de la Edad Media pero con su magia y su pompa. Así que me puse a mirar un poco la historia de la región en la que vivo y encontré que se podía haber dado sin problemas en uno de los muchos enfrentamientos de frontera entre el Reino de Navarra y sus vecinos, en este caso Castilla.

La muralla

Había comenzado la cuarta oleada contra las murallas de la ciudad de Viana. Los defensores estaban recuperándose todavía del último ataque cuando volvieron a escuchar las trompetas, los gritos, el silbar de flechas y rugir de rocas. Los fatigados geomantes vianeses no podían destruir todas las piedras que se lanzaban, sus fuerzas se habían desgastado a lo largo de los otros tres interminables asaltos. Las escalas volvían a posarse sobre la muralla y eran derribadas por los defensores. Garfios con cuerdas eran lanzados a la parte superior de la muralla buscando un buen asidero. La torre de asalto, esta vez sí se puso en movimiento.

Grupos de infantes castellanos guiados por un caballero, se acercaban corriendo hacia la base de la muralla para poder ascender por escalas y cuerdas. Corrían cubriéndose con escudos para evitar las flechas defensoras aunque los grupos cercanos a la torre de asedio eran cubiertos por rachas de fuertes vientos lanzadas por el cailomante de la torre.

Un disparo de catapulta certero barrió de un golpe al cailomante defensor de esa sección de la muralla.

Una escala consiguió asentarse y los que subían por ella no fueron lanzados al vacío. Eldon era el primero en subir y con un empujón de aire pudo despachar al soldado que había visto la escala. Puso pie en la muralla y lanzó dos golpes descendente a derecha e izquierda para acabar con sendos enemigos y abrir hueco. Sus compañeros empezaron a aparecer detrás de el. Uno se encaró a los enemigos de la izquierda, otro y él se encararon con el grupo que venía por la derecha. Con un golpe con la parte roma del hacha pudo noquear al miliciano y su camarada ensartó a su oponente con la espada.

El casco de metal de su compañero comenzó a arrugarse a una velocidad pasmosa, con la cabeza del pobre soldado dentro. Aún en el caos ruidoso donde Eldon se encontraba, pudo percibir claramente el sonido de los huesos al romperse y carne desgarrarse. Con un pensamiento rápido, despertó todo su metal, así tendría una oportunidad frente al geomante que se acercaba. Se encaró y con un golpe de brazo lanzó una potente bocanada de aire contra aquel semimago, pero vio cómo lo desviaba con otro gesto y notaba una brisa de aire. «Un mago. Mierda».

Por encima de ellos pasaron varias flechas incendiarias. Movió la mano apuntando a una de ellas y capturó el fuego de la punta. Comenzó a moldearlo para crear una bola ígnea. En cuanto adivinó las intenciones se puso en guardia. El fuego voló y a medio camino, Eldon giró su mano y notó como se asentaba una esfera de aire en su interior. Al instante, la bola ígnea se apagó sin hacer ruido notándose una brisa que se movía desde Eldon para llenar el pequeño vacío creado.

«Si quiero librarme de esta guerra, tengo que derrotar al mago. Solo ganando galones podré evitar la primera línea de combate.”

El último deseo de Geralt

 

El artículo original es lo que viene tras este párrafo, pero tras la salida en Netfix de la serie de The Witcher, creo que puede ser útil decir que algunos relatos de este libro forman parte de la primera temporada. Y no creo que sea el último deseo de Geralt que se quede aquí, ni creo de los lectores de la saga.

Resumen de “El último deseo”

«Geralt, el brujo, está recuperándose de las últimas heridas sufridas por una estirge en el santuario de Melitele. La semilla de la verdad parece que ha germinado en su interior y Nenneke no considera que su presencia sea un mal menor para el templo, sino una necesidad de actuar sobre su salud. No es cuestión de precio, sino de futuro y Geralt, aún habiendo viajada hasta el confín del mundo para ver lo increíble junto a unos elfos, tuvo que dar su último deseo a una hechicera.»

Este es uno de los libros de mi reto 30 en 12, creo que el primero que he terminado. La lista de estos 30 libros la tengo en Goodreads.

¿Cómo llegué a este libro?

Buen elemento el de la portada

Las recomendaciones de un amigo muy fan del videojuego fueron lo que me inclinaron a comprar los dos primeros libros de la saga de Geralt de Rivia, pero realmente no fue lo vehemente que fue con las recomendaciones, sino que fuese una persona que lee muy poco y que este libro le hubiese hecho cogerse varios de la serie y explorar otros autores, que me ha recomendado también como Rothfuss. Así que si tiene poder para que un jugador de videojuegos nato lea y deje el mando de lado, ¿qué tendrá el libro en su interior?.

Un misterio

La compra fue un regalo de reyes.
Cuando lo comencé, me resonaba una apreciación sobre el libro que mi amigo me había hecho “Es el primero y no son historias seguidas” me dijo, o algo así. Lo dicho, a la mitad del libro lo dejé. ¿Por qué? No lo sé, no me aburría, me parecía fácil de leer, hasta divertido en ocasiones pero se quedó un buen rato en la mesilla de noche. No recuerdo exactamente qué fue lo que cogí para leer en vez de este Último deseo, miento si, dos pesos pesados, El imperio final y Los Héroes. Los cuales, encima, ahora están parados. Bueno, no, El imperio final es el siguiente para la mesilla.

Mira que soy poco constante. Bueno, el caso es que lo retomé hace poco y en dos plís me lo terminé. Cerca del final del libro me vino el comentario que me hizo mi amigo, es decir, recordé ese detalle porque llevaba un rato pensando que el libro era un conjunto de relatos cortos. Con esa idea me metí en internet y descubrí que realmente este libro está considerado como una antología de relatos cortos donde se presenta al protagonista.

Cierto, se presenta al prota y personaje principal pero presenta más cosas y a mí me surgió una pregunta: ¿Fueron primero los relatos y luego el libro junto con los interludios que los intenta unir o realmente se planificó el libro de esta forma?, es decir, ¿qué fue antes, el huevo o la gallina? (a esta última pregunta siempre respondo lo mismo parafraseando al mejor profesor que he tenido “el huevo, pero no de ave”).

El escaparate

Este libro lo he vivido como un escaparate, una forma interesante de decir “¡Eh!, lector, mira todo lo que te vas a encontrar si te sumerges en estas aguas”. En los relatos, todos enfocados en Geralt, se puede ver quién es este personaje, su oficio, parte de su personalidad, motivaciones, un poquito de su origen, bastante de su pasado.

Pero también se ven pinceladas del mundo, de la región más bien, también queda clarísimo que es un mundo de alta magia, las especies existentes, la organización de la sociedad, la época histórica y también dejan claro que hay un cambio de paradigma. Vamos un escaparate inmejorable para que un lector curioso que se acerque sin saber muy bien qué hay en esa tienda, le quede clarito. Eso no quita que después todo vaya cogiendo más profundidad, espero porque seguiré leyendo libros de esta saga.

Imagen promocional del juego de The Witcher 3 Wild Hunt.

La magia

De lo que recuerdo, no suelo ser de tomar notas (mal, Sergio, mal), en el libro se presentan varios tipos de magia, y con tipos me refiero quizás más a profesiones que utilizan la magia que al tipo de magia en sí porque en el último relato, el que da nombre a la antología, creo que queda claro que es un tipo de magia de canalización de energías.

Tenemos a los brujos que son capaces de realizar hechizos pero también canalizar la magia a través de símbolos de poder gesticulados y mediante pociones que otorgan capacidades impresionantes a éstos, después tenemos los típicos hechiceros y druidas, que canalizan la energía de la Naturaleza a través de conjuros y hechizos. Y por último está la magia clerical, aquella que canaliza la energía a través de la fe y las oraciones.

La magia asociada a los brujos es la novedad, se ve que es una magia alquímica además de hechiceril que puede ser muy interesante.

Términos, términos

Una cosa que en notado durante la lectura ha sido la utilización de términos muy asociados a la ciencia y conocimiento biológico, como por ejemplo hormonas y neurotransmisores, que me sacan completamente de la lectura, del ambiente.

Se me hace muy difícil aceptar que en un mundo mágico-medieval, sean capaces de saber de la existencia de moléculas tan pequeñas, complejas y específicas. Y ya no digo nada que encima sepan qué hacen y cómo actúan.

Desde mi punto de vista, o el traductor no encontró términos mejores para realizar la traducción o el autor decidió utilizar esos términos y conceptos, cosa que a mí, no me gusta.

También se puede leer que el autor ha tomado ideas de cuentos clásicos, cuentos para niños pero que les ha dado un enfoque diferente, más acorde con el ambiente de su mundo, como por ejemplo el de la Bella y la Bestia, que lo aborda en el relato «La semilla de la verdad», pero sinceramente, debo ser muy despistado porque, mientras lo leía, me daba un regusto a algo conocido, pero no fui capaz de encontrar las semejanzas e inspiraciones de uno en el otro.

Unas buenas reseña de este libro se pueden leer aquí, en El Caballero del Árbol sonriente y en El Rincón de Cabal

Mapa: Dibujado para el juego de CD Projekt, The Witcher, todos los derechos reservados

Primer relato del taller

Llevaba un tiempo con una curiosidad reprimida y era ¿cómo funcionan los talleres de escritura? pero simplemente ahí estaba la idea, de vez en cuando recurrente al escuchar los lunes los Relatos en cadena de Cadena SER.

Pero lo que me animó a hacer uno de esos cursos fue la decisión de formarme para poder mejorar en mi escritura y llegar a mi objetivo por un lado, además de ver que se ofertaban cursos cortitos y enteramente on-line. Ver que no había videochats obligatorios me tranquilizó ya que en estas cuestiones soy muy reservado, vergonzoso y celoso de mi privacidad.

Bueno, el caso es que después de chafardear en varias webs, me incliné por Escuela de Escritores, ya que tienen un conjunto de cursos on-line muy interesantes y que me llamaron la atención. Os pongo aquí el acceso.

El taller que cogí, ya que no sabía si el sistema de impartir o el temario me iban a convencer, fue el de Invitación a la Literatura Fantástica impartido por Alejandro Marcos y de este curso salieron cuatro, bueno cuatro más un relatillos de quinientas palabras que a lo largo del mes iré presentando en el blog.

Este primer relato es el resultado de aplicar una técnica interesante para obtener ideas para escribir, se llama el binomio fantástico de Gianni Rodari. Este autor propone, a modo de espita creativa, buscar dos palabras que semánticamene estén muy separadas, cuanto menos parecidas sea mucho mejor, después te ofrece jugar con ellas hasta encontrar una expresión que te ayude a tener una idea sobre la que escribir y por último, escribir utilizando como pieza central de la construcción ese binomio fantástico.

En mi caso ese binomio lo formé con las palabras Tao y cobalto. Tras presentar el trabajo al taller, Alejandro me hizo un apunte interesante y que creo que puede ayudar a muchas personas que quieran utilizar el binomio fantástico como fuente creativa y es que las dos palabras elegidas sean lo más concretas posibles, utilizar conceptos abstarctos suele ser difícil y a no ser que tengas suerte, como me pasó, los binomios suelen quedar etéreos.

Bueno, os dejo con el relato.

Una luz poderosa

Los trozos de metal de color gris estaban en la mesa, en un montoncito descuidado dejados ahí como si fuesen restos de comida a punto de ser tirada. Los frascos, morteros, botellas de cuello aflautado y retortas atestaban las dos mesas que tenía Estebanius en esa habitación, su laboratorio como le gustaba llamarlo. La casa, pequeña, había sido conseguida en la grandiosa ciudad de Toledo, gracias a una herencia. Montones de libros, cachivaches, marionetas, máquinas y otros objetos se encontraban por los suelos haciendo que moverse por el lugar sin tropezar fuera una hazaña. El alquimista, de mediana edad, ropajes sencillos, barba corta y cuidada, había estado trabajando duro en un preparado para conseguir, siempre según el y sus estudios, el segundo paso hacia la piedra filosofal.

Para ello necesitaba un poco de plata, un puñado de ese rico metal, virgen, sin ser trabajado. La adquisición de esa plata provocó serios problemas al orfebre local pero no podía negarselo, el Rey había dejado claro que se le facilitase todo lo que le fuera necesario, por lo que le vendió todo lo que tenía y añadió la advertencia que el mercader sajón le hizo sobre los kobolds.

Estebanius no le tomó muy en serio y ahora se estaba arrepintiendo. No sabía cómo pero uno de esos duendes malintencionados, kobolds los llamaban los sajones, había conseguido intercambiar su preciada plata por ese montón de metal inservible, ese cobalto. Su humor era de perros, ahora tendría que comprar de nuevo plata y esperar un año entero para realizar ese segundo paso de la fórmula porque, según las instrucciones del rabino que le trajo el papiro desde Acre, la plata debía estar expuesta a los rayos de la luna nueva de junius.

Y ahí estaba, frustrado, mirando el frasco con el preparado, así que descuidadamente y con bastante desprecio, tomó el cobalto y lo vertió dentro. «Ya no me sirve», pensó mientras veía cómo se hundía el metal, descendiendo por el líquido transparente como si fuese una pluma de ganso cayendo al suelo. Antes de que todo el cobalto llegase al fondo del frasco, se dio la vuelta y comenzó a andar hacia la puerta.

De repente un flash de luz golpeó su espalda e inundó de azul brillante todo el laboratorio. Estebanius se volvió a mirar qué pasaba y tuvo que cubrirse los ojos con las manos por unos instantes porque la intensidad le cegaba. Después de un tiempo, la luminosidad disminuyó. Estebanius se acercó con cautela para ver mejor qué era eso. Se percató que no había líquido en el frasco, que las lascas de metal ahora eran un poco más grandes y que palpitaban con una esencia interna, una energía azulada brillante. Una idea le vino a la cabeza y con rapidez se fue a una estantería para coger un tomo muy concreto, datado en la época de Aberroes, lo abrió buscando con ansia entre sus páginas. Encontró el párrafo que buscaba y lo leyó dos veces mientras miraba el metal azulado de reojo.

—El tao del cobalto, acabo de despertar el tao del cobalto. Su voz era queda, llena de
sorpresa.

Temerosamente cogió una esquirla, se acercó a una de sus marionetas de madera, puso la esquirla en un hueco de la ajada madera del tronco y la marioneta comenzó a moverse ella sola.

Los exponentes actuales de la fantasía

Para poder ser un buen profesional, de lo que sea, creo que se necesitan cumplir, al menos, dos premisas: formarse en el campo donde se quiere desempeñar un trabajo e informarse del campo como tal.

En el caso de una persona que quiera escribir literatura fantástica, ha de conocer las bases de la escritura, no vale con sentarse, coger el papel y boli o el ordenador y soltar palabras así, a bote pronto y según termina, publicar tal cual. Eso no es ni escribir ni publicar ni ser escritor. Se necesita conocer las bases de la escritura, las reglas, mecánicas, formas, estructuras y pasos a seguir, es decir, invertir un tiempo importante en formarse.

Pero también es muy importante conocer el género, la esfera donde vas a meter la cabeza, qué cosas hay dentro de esa habitación donde el letrero de la puerta pone “Fantasía”, “Histórica”, “Romántica” o lo que uno elija. Y es importante porque de este modo se puede llegar a saber quienes están ahí, qué tipos de novelas son las que más se mueven, qué estilos gustan en general, qué público objetivo hay, cuales son los referentes que te puede servir (o evitar). También entrando de puntillas puedes ver la dinámica del género, qué editoriales o sellos hay, cuales son los que más te gustan, cuales lo que menos, cómo son las portadas, títulos, maquetaciones que se utilizan. Vamos, un sin fin de cosas que pueden abrumar y que dependiendo de lo perfeccionista que sea uno, serán valoradas poco a poco o todas de golpe antes de hacer nada.

Tolkien está aquí

En mi caso, me he dado cuenta, ya desde hacer un tiempo, que estaba desfasado. Si, yo estaba anclado a los escritores de fantasía que conocí en mi adolescencia y juventud, de forma que mi foco estaba bastante cerrado. Y de todos ellos son cuatro de los que tengo libros y he leído, J.R.R. Tolkien, Michael Moorckoc, R.A. Salvatore y la pareja M. Weiss y T. Hickman. Como podéis ver son unos clásicos y además los dos primeros fueron mis primeros autores leídos en mi adolescencia, por lo que me marcaron. Tanto ese pequeño hobbit perdido dentro de una montaña como ese atormentado albino que no hace una a derechas fueron los dos primeros personajes de fantasía que poblaron mi imaginación.

Después, gracias a una ruptura amorosa, conocí a Tad Williams y su serie Añoranzas y Pesares. Es una anécdota que me parece muy adorable ahora pero que en su momento, no me hizo ni pizca de gracia. La chica con la que estaba sabía que me gustaba leer este tipo de lecturas y encontró una forma “curiosa” de decirme que ya no quería seguir conmigo: fue regalándome La Roca del adiós, el segundo volumen de la serie. Me costó más olvidarla que tener todos los volúmenes y leérmelos. En fin, amores de juventud.

El hecho es que esa hornada de autores y libros son un buen exponente de la literatura del siglo pasado (¡qué lejano suena! pero cierto), que ayuda a comprender cómo se fue formando este género porque por ejemplo, las Crónicas de la Espada Negra, la serie de libros del Multiverso de Moorcock protagonizada por Elric, tienen todos una misma estructura y pueden llegar a ser hasta aburridos en esa época… y ahora mismo también. Si un lector joven se acerca a ellos sin informarse antes sobre el multiverso y demás, seguro que al segundo libro los deja por aburridos y repetitivos, porque al pobre Elric en todas sus andanzas le ocurre siempre lo mismo, no voy a destripar nada por a alguien le pica la curiosidad.

Al darme cuenta de la situación y del aburrimiento que tenía sobre estas novelas, allá por el 2008 y pico, un amigo me recomendó Juego de Tronos. Al principio no pasé ni de la mitad del primer libro, todavía no tenía la cabeza para esas jarandajas.

La tétrada que siempre se nombra

El hecho de no conocer autores de fantasía, bueno concretando, de fantasía épica, me hizo preguntar, indagar y he llegado a tener conocimiento de cuatro autores que, tras oír sus nombres de bocas de amigos, ahora los encuentro por todos los lados, en especial en las estanterías de la parte del género de fantasía de las librerías y éstos son los cuatro jinetes de la fantasía o mejor dicho la Tétrada.

Y aquí la batería de libros…

G.R.R. Martin

El primero que conocí y que después ha llegado hasta los rincones más insospechados de este mundo gracias a la caja tonta… digo televisión, es George R. R. Martin con su serie de libros Canción de Hielo y Fuego. De este autor he leído hasta Tormenta de Espadas teniendo pendientes Festín de Cuervos, Danza de Dragones y Fuego y Sangre. Su estilo está clasificado dentro del subgénero o etiqueta GrimDark, cosa que no comparto del todo, pero bueno. Su bibliografía es extensa y toca otros palos además de la fantasía, como por ejemplo la ciencia ficción. Creo que es el máximo exponente por la serie de Juego de tronos en la actualidad, pero en el “mundillo de la fantasía” el resto de la tétrada creo que no tienen nada que envidiarle.

Patrick Rothfuss

Por orden de descubrimiento, el siguiente es Patrick, pero he de decir y con bastante vergüenza que tengo El nombre del Viento en la estantería y que no he empezado a leer. Este autor es nombrado casi de seguido del siguiente y si bien no parece tener muchos libros escritos, tiene una legión de seguidores. Habrá que investigar por qué (vamos, leerme de una puñetera vez sus dos libros).

Joe Abercombie

Lo descubrí a la par que el siguiente. Joe, más prolijo que el anterior en cuanto a escritos pero menos que Martin, es un escritor que comencé a leer con Los Héroes. Este libro trata sobre una contienda y se centra en una batalla. Se encuadra también dentro del subgénero Grimdark y en este caso, solo con lo poco que he leído, estoy totalmente de acuerdo con la etiqueta. Además suele ser recomendado como ejemplo para describir batallas, yo en este aspecto tengo leído a Martin y a Tolkien, así que podré comparar. El caso es que Los Héroes lo voy a dejar de leer por el momento porque investigando (y el regusto que me dejaba el propio libro mientras avanzaba) he llegado a saber que forma parte de un “algo” mayor, y es verdad, es un spin off de la trilogía La Primera Ley, y ya he adquirido el primero de la trilogía para leerlo, La voz de las espadas.

Brandom Sanderson

Llegó de la mano de Abercrombíe y fue porque me propuse salir de mi zona de confort. Estaba en una de las tiendas de esa famosa cadena de librerías, mirando la estantería de fantástica, llevando la vista a los autores de siempre y miré en el móvil autores de fantasía, y estos dos me salieron de los primeros. Busqué dos libros que no formasen parte de una serie o trilogía y los compré. No quería tener ningún libro de un tema inconcluso en casa si no me gustaba el autor. Me salió rana con Joe, pero con Brandom no y lo que encontré me encantó, de hecho, la primera reseña de este blog es de dos relatos suyos, ésta por si queréis echarle un ojo. El estilo me quiere recordar más a fantasía épica que Grimdark. Si es adulta pero yo no veo Grimdark. De este autor estoy a menos de la mitad de El Imperio Fínal, primera novela de la trilogía Nacidos de la bruma. Además es un hombre muy conocido en el ámbito fantástico por trabajarse mucho los sistemas de magia de sus novelas y por tres “polémicas” leyes sobre la magia y los sistemas de magia. Yo las he leído en estas tres entradas (en el blog Fantifica se pueden consultar) y con sinceridad, me parecen de lo más cabal que se puede decir.

Andrzej Sapkowski

Este quinto autor, creo que es necesario ponerlo por ser el autor creador del un personaje interesante, Geralt de Rivia, cazador de brujas y mejor persona. Andrzej llegó por una intensa campaña sobre su trabajo a través de dos frentes, sus escritos y los juegos de consola u ordenador que se bebía un buen amigo. Por su intensidad en la recomendación decidí cogerme los dos primeros libros de la saga y después flipé con la cantidad de libros que ha sacado y el desarrollo del mundo, a parte de los juegos de ordenador. Tanto ha sido ese desarrollo que hasta tiene varios juegos de mesa y uno de rol. Los libros que tengo son El último deseo a la mitad y La espada del destino pendiente.

En España

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Como podréis ver, los deberes de cara a autores internacionales los llevo a medias, conozco a lo que se considera la punta de lanza y referencia aunque no tengo leído todo lo que hay que leer, pero si miro en nuestra piel de toro, bueno, no conozco autores destacados españoles, vergüenza me doy de mi mismo. Tanto en librerías como en una búsqueda en internet he podido conocer a Aránzazu Serrano con Neimhain, también un artículo en Xataka donde presentan a seis escritoras de fantasía y en el Fogón una relación de escritores de fantasía juvenil.

Por lo que solo se puede solucionar esto volviendo al principio de la entrada: haciendo los deberes, formándome más leyendo a autores españoles.

Así que si tenía planeado 30 libros para este año, ese planning, como se puede ver e intuir, hace aguas por todos los lados y además necesita de incorporaciones.

Saludos y besos a todas y todos.