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Mes: marzo 2019

Personajes, aptitudes físicas y habilidades

En una novela, cuando la leemos, tarde o temprano nos encontramos al personaje haciendo algo manual, físico, conceptual, no solo vemos sus anhelos e intereses y como lectores, según avanza la historia podemos intuir que es competente en tal o cual cosa, que se le da bien hacer algo en concreto, que tiene habilidad con la espada o conduciendo pero poco más y es suficiente realmente para nosotros, porque con sus capacidades físicas presentadas en el escrito, la historia avanza y es coherente. En mi caso, que estoy aprendiendo este noble arte de juntar palabras de forma coherente y que no aburra, he encontrado muchas guías para ayudarme como autor en la creación de personajes y todas ellas inciden en algo muy importante, que es la psique del personaje, sus motivaciones y su forma de ser y afrontar los problemas. Realmente es algo importante conocerlo, sin la motivación de personaje, no puede generarse conflicto, que es lo que mueve la historia, pero me ha surgido una pregunta y es la siguiente ¿necesita un personaje tener sus habilidades definidas?

Por ejemplo, Juan es un hombre de mediana edad, con dos hijos y una mujer que le adoran, es generoso con los conocidos y atento, servicial con sus superiores en el trabajo. Tiene el deseo profundo de crear una nueva empresa que desbanque en la que trabaja actualmente porque la odia con todas su fuerzas.

Aquí tenemos un personaje principal delineado, presentando su situación social, sus rasgos psicológicos más fuertes y su deseo profundo pero, no sabemos si sabe cocinar, o si tiene un piquito de oro y persuade como el que más, o conduce de pena. No sabemos nada de sus habilidades físicas y las aptitudes físicas también suman. Se puede pensar ¿para qué cuernos necesito saber si es un manitas cocinando si nunca va a estar en la cocina porque es machista y cree que la mujer es la que tiene que hacer la comida? Y es cierto, si se ha planteado la novela de forma que no va a pisar la cocina, no es necesario pero, es cierto que, muchas veces nuestras habilidades físicas nos ayudan a evaluar el trabajo de otros porque tenemos algo con lo que compararlo y si por ejemplo, Juan no sabe ni freír un huevo, no es posible que sea capaz de valorar el plato que tiene delante en un restaurante mientras habla con un posible inversor. En el diálogo no se podrá hacer referencia por su parte a la complejidad del mismo, pero sí se puede utilizar esa falta de conocimiento para que el inversor, por ejemplo un hombre muy gustoso de la cocina, se de cuenta que tiene a un paleto culinario delante, cosa que puede dificultar la relación de Juan con dicho inversor.

Las habilidades del personaje son importantes

Es cierto que cuando se aborda la escritura y se ha definido profundamente tanto la psique como la motivación del personaje, muchas de sus habilidades o falta de habilidades, aparecen de forma indirecta en la mente del autor, pero otras muchas no se tienen presentes hasta que se necesita echar mano de esa misma en una escena y dependiendo de cómo vaya la escena, del final planificado para ella o incluso de lo que esté pidiendo el texto en ese momento, nuestro personaje recibe el conocimiento o la habilidad necesaria para conseguir el resultado esperado, vamos como si de repente se cogiese un chip con esa habilidad creada en sus circuitos integrados, se le metiese en la cabeza y como dice Neo en Matrix, ya se Kun Fu.

Es una solución muy válida y socorrida, que tampoco necesita justificación externa a la situación generada normalmente, pero ¿por qué no tener definido de antemano todas esas habilidades?

A ver, no nos echemos las manos a la cabeza tras leer la pregunta anterior, no me refiero tener definidas claramente todas las habilidades existentes e imaginables, no, más bien me refiero a unas habilidades y conocimientos generales, necesarios tanto para la historia como para el día a día de nuestro personaje, si Juan es un directivo medio con una EGB normalita y una carrera de Administrativo sin terminar, estamos ya dando idea de las cualidades metales y conocimientos que tiene, no nos hace falta decir que no sabe nada de física cuántica computacional.

Personajes principales, secundarios, figurantes

Como todo en esto de la creación, hay que poner niveles. Con esto se quiere decir que si para el relato, escrito o novela tenemos perfilados tres personajes principales, en estos tres sería interesante ahondar en sus habilidades, aspecto físico y capacidades, definir su educación según la ambientación que estemos trabajando, habilidades principales, peculiaridades, aficiones. Una forma rápida de crear un paquete de habilidades y valorarlas es pensar en la profesión del personaje, identificar las habilidades más importantes para desarrollar la profesión y valorarlas según la idea que tenemos de lo profesional que dicho personaje es. Por ejemplo, Juan es un directivo medio, por lo que consideramos que su profesión es ejecutivo y las habilidades que la definirían pueden ser: Idioma Inglés (u otro), Escribir, Ordenadores, Conducir, Oratoria, Persuadir, Charlatanería e Investigar. Ya tenemos una cantidad importante de habilidades y al definirlo como un profesional medio, podemos entender que no destaca mucho pero que no es demasiado malo, con lo que podemos darle un valor a estas habilidades, por ejemplo podemos valorarlas como malo, normal o bueno, decidiendo que en persuadir y ordenador es malo, en conducir e investigar es bueno y en el resto es normal.

A partir de aquí se puede aumentar el catálogo de habilidades que conoce tirando de lo que hace durante el tiempo libre, gustos y deportes pero ya tenemos una cantidad importante de capacidades definidas de Juan con solo plantear la educación y su profesión.

Con personajes secundarios, realmente no es necesario invertir tanto tiempo si se mantienen en ese papel, pero nunca está de mas un par de pinceladas y en este caso si que ya serían más orientadas a lo que hace dicho personaje en la escena o escenas donde aparezca pero siempre es bueno apuntar las decisiones que se tomen en este aspecto por si decide revelarse como un principal y después hay que trabajarlo, para evitar incoherencias y volverse loco o loca buscando por todo el texto estos detalles. Por último, con los figurantes, aquí si que podemos “ponerles los chips que necesitemos” cuando sea necesario.

A veces los personajes son esto

Profesiones

Antes se ha comentado que dando una profesión definida al personaje, ya le asignamos una cantidad determinada de habilidades, todas ellas asociadas al desempeño de dicha profesión y dando un valor al personaje como profesional, estamos valorando sus capacidades. Pero es cierto que no todos tenemos en mente las mismas habilidades o importancia de ellas para ejercer una profesión, por lo que si puede ser de interés es hacer una pequeña lista de las habilidades necesarias y el nivel de las mismas para que en la ambientación trabajada, al personaje se le reconozca como tal o cual profesional. Esto es como el worldbuilding, porque se hayan definido doce habilidades para la profesión de leñador, no es necesario presentarlas todas en el texto, igual en toda la novela solo se necesita decir que es un muy buen leñador o que Juan es un ejecutivo del montón, pero esa definición de las habilidades puede ayudar al desarrollo del personaje con detalle, en algún momento puede venir bien para dar color a una escena o incluso como punto de apoyo para un giro argumental.

Formas de definir habilidades

Pensando en esto, mi experiencia como rolero me da toquecitos para que mire hacia la zona de la biblioteca donde tengo varios juegos de rol. En mi caso, creo que crear una ficha de personaje de rol para el o los personajes principales es un paso interesante y a esta ficha de rol, se le añade la ficha de personaje motivacional o de novela.

Para hacerlo hay muchos sistemas y formas, se me ocurren diferentes sistemas de rol para conseguirlo pero creo que se puede esbozar uno para este momento.

Todo personaje en el rol está definido por características y habilidades, hay juegos que eliminan las características y otros las engloban dentro de la habilidades, pero para este caso creo que puede ser interesante diferenciarlo.

Características

Las características pueden ser desde tres a hasta un montón y tienen en común que siempre hacen referencia al Cuerpo del personajes (fuerza, constitución, agilidad, vigor…), Mente (inteligencia, razón, memoria, sabiduría…) y Psique (voluntad, carisma). Propongo quedarnos con estas tres genéricas y darles un valor. Si tenemos clarísimo como va a ser nuestro personaje, damos el valor que queremos, por ejemplo de 1 a 6, siendo 1 el menor y 6 algo casi sobrehumano. Pero si no lo tenemos tan claro o es un secundario que creamos durante la marcha, podemos dejarlo al azar, es decir, todos tenemos un dado de seis caras del parchís en casa, utilizadlo. Si creemos necesario ahondar en las características, por ejemplo queremos que sea carismático, pues se puede considerar esto como un rasgo de Psique, una característica a tener en cuenta.

De esta forma ya tenemos una cantidad importante del personaje dibujado y estos valores nos pueden ayudar a evaluar las habilidades del mismo.

La Educación y cultura.

Aquí decidimos qué educación ha tenido, por lo que podemos identificar los conocimientos y habilidades. En un mundo medieval creado, un personaje puede tener la educación disponible para un aldemano, por lo que sabrá sobre su región y poco más. También sabrá correr, trepar, saltar, dependiendo del mundo y si hay río, puede saber nadar o no y si sus padres son agricultores, tendrá una formación inicial sobre estaciones del año, clima, identificación de plantas. Todo eso lo habrá mamado de sus padres y lo sabrá si o si, otra cosa es que sea bueno o malo al aplicar esos conocimientos pero las bases las tendrá.

Profesión

Ahora la profesión, decidimos qué profesión va a tener, que no significa que en la novela o relato desarrolle esa profesión, por ejemplo podemos crear un personaje porquero que en todo el relato esté de viaje y aventuras, y creamos una pequeña lista. Cierto es que una vez creada, esa lista la podremos utilizar en otros relatos, de cualquier índole con pequeños retoques según la ambientación. A esas habilidades se les puede dar valor, aconsejo hacerlo. Puede ser como con las características, de 1 a 6 o con un dado, pero yo creo que en este caso puede ayudar mucho más dar un valor de 1 a 100, así se puede ser más concreto y saber con el número si el personaje es un aprendiz (01 – 20) o un maestro (90 – 100) en esa habilidad .

Aficiones

Este es un detalle que puede ser importante porque de los deportes y aficiones que uno tiene también desarrolla habilidades, por ejemplo, en nuestra actualidad, nadie sabe esgrima, a no ser que seas un actor de acción o practiques el deporte de la esgrima. Por eso, de este apartado, se puede completar al personaje con habilidades que podamos creer interesantes o necesarias para la historia y sin sacarlas de la chistera.

Con la valoración de todos estos rasgos, yo me inclino por los números porque me es más fácil, pero se pueden valorar igual de bien con adjetivos, desde pésimo hasta maestro. Particularmente he tomado la decisión de crearlos mediante una mezcla de sistemas, BRP y FATE.

Bueno, espero que sea de interés y utilidad, en este campo y apoyándonos el los juegos de rol se pueden hacer muchas cosas, por lo que si hay interés, puedo desarrollar este artículo presentando más formas de crear personajes.

Un saludo a todas y todos.

Worldbuilding, creación de mundos

Si quieres escribir una historia y localizarla en un mundo que no sea el actual, ni siquiera que sea una ucronía, un pasado remoto o un futuro no vislumbrado, amigo y amiga mía, necesitamos crear ese mundo. Pero me puedo preguntar, «tengo un relato corto en mente que quiero localizar en un lugar inventado, ¿qué necesito crear?». En mi corta experiencia como autor, puedo decir que para ese relato, con crear lo inmediato del mundo y que de solución, consistencia a la ambientación, es suficiente. Es decir, si el relato se concentra en el barrio de una ciudad, con pensar el nombre de la ciudad, su localización, su organización, la cantidad de habitantes que viven, su importancia dentro de la región porque no es lo mismo una capital de región que un pueblo grande apartado de las vías de comunicación principales. Y luego descender al barrio, con pensar las localizaciones del relato, el tipo de barrio, sus habitantes, ubicación dentro de la ciudad y con poco más, ya se puede construir el relato.

Si que es verdad que cuanto más detalles se tengan, más creíble será pero hay que tener claras dos cosas:

  1. Todo lo que inventes y construyas no tiene por qué salir en el escrito. Con esto vengo a decir lo que muchos autores, escritores, dicen y comentan, que consiste en tener presente que lo que se crea es para mejorar la profundidad de campo y la sensación de credibilidad de la ambientación. ¿Y por qué puede ayudar a la credibilidad algo que no sabe el lector? pues porque muchos de esos detalles los conoce tanto los personajes como el narrador, por lo que al escritor le da la tranquilidad de poder presentar situaciones de forma fluida ya que no ha de interrumpir la narración para explicar algo que ya se da por supuesto que sus personajes conocen y que realmente es importante para ellos, no para la historia.
  2. Lo que salga, que sea visto y presentado de forma natural. Muchas cosas que se crean son presentadas al lector de forma orgánica, es decir, mediante descripciones, conversaciones entre personajes y por los ojos del narrador pero dentro del fluir natural de la narración. Por ejemplo, si en el barrio del ejemplo el autor considera que en cada esquina hay una garita de policía porque es la forma de garantizar la seguridad del barrio, puede hacer alusión a ellas mientras el personaje da un paseo o se dirige a una localización y puede dejar caer su agrado o disgusto a esta medida.

Pero si tu interés es crear una novela o incluso un conjunto de relatos enmarcados todos ellos en un mismo mundo o localización, entonces ya comenzamos a hablar de palabras mayores, ya necesitas meterte más en serio en el worldbuilding, necesitas tener presente un espacio o teatro de operaciones mayor, que puede abarcar desde una región o un mundo como la Tierra media creada por el Dr. Tolkien o los Reinos jóvenes de Moorcock hasta llegar a considerar toda la galaxia como en las novelas de Star Wars o la saga de la Herejía de Horus de Warhammer 40K.

Eso ya depende de la capacidad de trabajo de cada uno, de las ganas de profundizar o tener controlado antes de escribir e incluso de la idea de «tiempo perdido» o «tiempo invertido» que cada uno pueda tener.

En mi caso, se que tengo un anhelo por conseguir la profundidad que consiguió Tolkien para sus novelas y mundo pero entiendo que no me será posible ya que implica unos conocimientos de lingüistica que nunca tendré, además de tiempo pero si que considero que cuanto más completo y concreto sea, mejor se dará el acomodo de los personajes y la historia dentro del mismo.

En internet hay muchos blogs que hablan de creación de mundos o woldbuilding y yo me quedo con estas dos entradas porque, aún siendo genéricas, dan una idea global de qué es esto y cómo se puede abordar. Una es esta El fogón y la otra es esta Literup .

Pero si después de esto, uno sigue con dudas de cómo hacerlo, en el blog Inteligencia narrativa dan una guía de cincuenta preguntas para poder desarrollar ese worldbuiding. Estas preguntas están orientadas para la creación de mundos de fantasía, pero creo que con una facilidad pasmosas se puede utilizar en la ciencia ficción.

Yo, que soy director de juego de rol y que me encantan las partidas tipo sandbox, inconscientemente he estado realizando mecánicas de worldbuiding continuamente, ya que en esta forma de juego, la característica que que los personajes se localizan en una región del mundo y la tienen toda para si para explorarla y desentrañar todos sus secretos, por lo que normalmente no sabes por dónde pueden tirar y para poder ser coherente en las descripciones de zonas, regiones, poblados, personajes no jugadores, tramas y subtramas que puedan aparecer, se necesita desarrollar la región, así como unos personajes no jugadores, culturas, rumores, poblados, dungeons, encuentros, etc. y para ello, en la red he encontrado muchas herramientas pero en concreto hay dos, las dos en inglés, que me parecen brutales, una es una web, Donjon , para generar aleatoriamente un montón de cosas, desde mundos enteros hasta tesoros, nombres de posadas, tramas y muchas cosas más. Por cierto, Javier Miró en uno de sus vídeos de worldbuiding también la nombra.

La otra herramienta es un canal de youtube en inglés que habla, bastante claro pero también con profundidad sobre este tema, este lo recomiendo a los obsesos por el detalle, es el siguiente Artifexian.

Espero que esta primera entrada os haya sido interesante y útil.

Terror y Yo: interacción y propuesta

Estoy terminado un taller de escritura, del que es muy posible que hable en otras entradas y que seguro saque por este blog los escritos presentados en el mismo, donde la propuesta consiste en encuadrar un escrito dentro del género del terror.

Cuando lo vi, lo primero que pensé es “nunca he escrito nada de terror y leído muy poco” y eso que tengo tres buenos tomos de la colección gótica de Valdemar del señor Lovecraft y Drácula de Bram Stoker en mi estantería, además de la serie completa del Pistolero de King.

El caso es que he leído muy poco porque me da miedo, obvio, pero eso ha hecho que esta propuesta se me esté antojando complicada como poco. Un primer intento, tras leerlo (y asumiendo que todo primer y segundo borrador en mi caso, son una mierda pinchadita en un palo) no me ha dado ni un repelús ni nada por el estilo, por lo que empiezo a comprender dos cosas:
a) Que el género del terror para mí no es, por el momento.
b) Que lo leído y reposado, pesa al escribir.

Es decir, que veo en mis propias carnes el hecho de que para poder escribir bien y sobre todo escribir del género que te propones, se debe leer bastante del género. Y muchos me diréis que he descubierto la rueda y en un pequeño rincón de mi mente es así, la he descubierto porque me da la sensación que se puede caer en el error de pensar que si uno puede escribir tal o cual género, o subgénero, cualquier género afín, con dos toquecitos, también puede ser dominado y no, caballeros y señoritas, no es así.

El terror siempre se engloba junto con la fantasía y la ciencia ficción, mis campos de escritura elegidos y lo que me gusta leer, claro está. Últimamente el grim dark, ese estilo sucio, barriobajero, sobrecargado, oscuro y muchas veces falto de esperanza se está colando en mi estantería, algo de donde podría salir terror, pero es incorrecto pensar eso.

¿Qué me propongo entonces? Pues realmente, para solucionar la situación que se me ha generado en el curso, voy a reservar el relato escrito por si llega la fecha de entrega y no he podido mejorar nada, para enviarlo. Si consigo escribir algo más acorde a las especificaciones del ejercicio, pues gustosamente lo mandaré y éste primer relato creo que lo pondré en el blog. ¿Y por qué arriesgarme a mandar algo que no está bien? Por dos razones, la primera porque es mi percepción y una de mis cualidades es que soy bastante perfeccionista, por lo que igual lo que pienso que es una cagadita de babuíno puede salvarse y si no es así, el tutor podrá señalar tanto a mi como a mis compañeros lo que no hay que hacer, pues de todo se aprende.

Reto 30 en 12

Estoy comenzando en el mundo de la literatura y algo que me ha llamado la atención ha sido la presencia de retos en los blogs donde el autor se compromete a realizar una serie de lecturas en un tiempo determinado. Un ejemplo es el reto planteado en el blog Libros que hay que leer, donde el autor se plantea leer 100 libros en doce meses.

También en este vídeo de Javier Miró se habla de este reto, dando unos consejos para ayudar a afrontarlo, se presenta dicho reto.

La cuestión que me ha asaltado es ¿por qué hacerlo? y lo primero que me vino a la cabeza fue el reto del NaNoWriMo, que consiste en escribir una novela en un mes. A este reto me he apuntado varios años seguidos, todos ellos concluidos con un estrepitoso fracaso… excepto en el 2017 donde conseguí llegar a una nada desdeñable cantidad de, de, bueno da igual, la cuestión es ¿por qué casi cada año me embarco en esa aventura? pues pensándolo, porque es una forma de incentivarme a escribir. Por tanto, los retos de lectura han de funcionar de igual modo, es decir, han de servirme para incentivarme la lectura, algo que creo imprescindible para cualquier persona y además necesario para mi, que quiero crecer como autor.

Por ello entiendo que me sería muy útil hacer un reto de este tipo, pero considerando mi situación y el bagaje atesorado, así como el tiempo de barbecho de lectura, intentar leer 100 en 10 meses, porque febrero ya ha caído, sería un objetivo irreal. Así que he considerado reducir drásticamente la cantidad de libros y dejarlos en 30.

De este modo me planteo un objetivo que considero más factible, empiezo a recuperar músculo lector y puedo aprovechar para hacer reseñas de los que lea y considere que sea interesante reseñarlos.

Por último, un detalle es que los treinta libros YA los tengo, es decir, son de esos libros que uno ve y se compra pensando «me gusta y me apetece leerlo» y se queda en la estantería hasta vete a saber cuando, así que de esta forma, además, reduzco lista de pendientes.

La lista de los libros que me he propuesto leer la tengo creada en goodreads, a falto de tres o cuatro que no he encontrado. También en esta entrada que voy valorando cómo avanzo. Igual tenía que haber puesto esa lista aquí…